Las cosas, sin embargo, no resultaron tan sencillas como pudieran
imaginarse y durante casi 20 minutos asistimos a un calco
arquetípico del Brasil que derrotó a la R.P. D. de Corea en su
presentación inaugural: un equipo ramplón, rígido y atrincherado,
que por momentos volvía a tener en Maicon su principal (y casi
único) argumento ofensivo. De ahí que fue Costa de Marfil la que
marcó el ritmo durante los primeros compases, con Drogba en punta
desde el inicio, pese a que de media cancha para arriba pecaba del
mismo individualismo anárquico que los restantes elencos africanos.
A la primera jugada colectiva que hilvanó Brasil, llegó el gol, y
en una maraña de pases, tiqui taca, toma y dame, Kaká dejó solo a
Luis Fabiano para que este casi le arrancara de cuajo la portería al
marfileño Barry. Curiosamente, el tanto, lejos de azuzarlos,
anestesió a los Elefantes, quienes redoblaron precauciones,
reculando hacia su área, como si el choque aún marchara igualado a
cero. Y ello, sin duda, facilitó la faena de demolición del plantel
sudamericano, que con el marcador igualado es especulador y avaro,
pero con un tanto arriba se manifiesta letal.
Así, ni bien comenzó el segundo periodo, cayó el segundo tanto de
Luis Fabiano, con sombrero, mano, sombrero nuevamente y mano una vez
más, antes de culminar de zurda otra obra de arte magistral. Tan
bella resultó la factura que tan solo por eso mereció ser legal.
Su validez, sin embargo, no fue ni por asomo el único error del
árbitro francés Lannoy, quien no solo toleró el juego brusco de
Costa de Marfil tras el tercer tanto brasileño de Elano —no por
gusto terminó lesionado—, sino que aún sacó de quicio a Kaká. El
pobre, tan creyente, quiso requerir a Keita por su duro marcaje con
un simple palmeo, y contempló estupefacto cómo le mostraban la
primera cartulina roja de su vida. Tan fatídica ha estado Francia en
este Mundial de Sudáfrica que hasta el destaque de su árbitro tenía
que ser para mal, por lo cual la diana de cabeza de Drogba quedó
apenas como una anécdota más.
Claro, que si buenos goles hubo en este choque, portentosos
estuvieron también los dos que marcó en el grupo F Paraguay. Dos a
cero frente a Eslovaquia y a festejar, pues Italia insistió en
seguir complicándose la vida aún más, empatando a uno con Nueva
Zelanda, aunque dicho resultado no fuera ni mucho menos obra de la
casualidad.
¿Sorprendente? Para nada. Hace un año los modestos kiwis ya
habían fustigado a la vigente campeona en un amistoso que terminaron
perdiendo 4-3. De hecho, uno de los goleadores de aquel encuentro,
Shane Smeltz, fue quien aprovechó la ocasión para despertar en el
estadio Mbombela de Nelspruit, a una defensa italiana que se vio
nuevamente bastante adormilada.
No hablemos ya del capítulo ofensivo, donde, con Pirlo
convaleciente y sin noticias de Marchisio, Italia es todo lo que se
podía esperar, con más furor que pegada y más empuje que claridad.
De modo que tuvo que ser De Rossi quien tirase del carro una vez más
protagonizando un piscinazo que el árbitro transformó en penal.
Resultados del domingo: Grupo F: Paraguay,
2-Eslovaquia, 0 (Vera, 27; Riveros, 86); Italia, 1-Nueva Zelanda, 1
(Iaquinta, de penal, 29 - Smeltz, 7). Grupo G: Brasil,
3-Costa de Marfil, 1 (Luis Fabiano, 25, 50; Elano, 62-Drogba, 79).