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Retrato del Generalísimo
PEDRO ANTONIO GARCÍA
El
26 de octubre de 1868, por el camino de Santiago venía el general
español Quirós con 700 soldados experimentados y la misión de
someter a Bayamo, convertida en capital de la insurrección. A un
kilómetro del poblado de Baire, en un lugar que llaman Tienda o
Venta del Pino, aguardaban 40 mambises bajo las órdenes de Máximo
Gómez, dispuestos a detener el avance enemigo.
Los cubanos andaban escasos de armas de fuego y municiones. Solo
abundaban los machetes y Máximo Gómez aconsejó adaptarles una guarda
o cazoleta en la empuñadura para transformarlos en armas de guerra.
"Nadie haga fuego hasta que yo de la orden", dijo. La columna
integrista, entretanto, avanzaba por el camino real en correcta
formación sin apercibirse de la emboscada.
De pronto se oyó el grito de Gómez: "Al machete". Los fusileros
dispararon los pocos cartuchos que tenían y junto con los demás, se
lanzaron detrás de su jefe sobre la tropa peninsular que retrocedió
primero y luego huyó a la desbandada. Más de la mitad quedó tendida
en el campo o trasladada herida en angarillas hacia Baire. La
columna española no pudo continuar su avance.
Desde ese día, y por lo que hizo después, el nombre de Máximo
Gómez se volvió imprescindible en la historia de Cuba.
EL mambí dominicano
Nació en Baní, República Dominicana, y aunque la tradición fija
el 18 de noviembre de 1836 como la fecha de su nacimiento, él mismo
confesaba desconocerla, "pues por más que busqué en los libros de mi
parroquia no pude dar con ella".
En 1855, ante la amenaza de una invasión haitiana a su país, se
enroló en el ejército dominicano. Tuvo su bautismo de fuego en el
combate de Santomé el 12 de diciembre de 1856. Tras la anexión de su
patria a España (1861), pasó a ser capitán de las fuerzas ibéricas y
luego, comandante. En 1865 se trasladó a Santiago de Cuba. Un año
después solicitó su licenciamiento.
Al ver la prepotencia y las arbitrariedades del colonialismo
español, se solidarizó con los cubanos y comenzó a conspirar con los
independentistas. El 16 de octubre de 1868 se incorporó a la
insurrección. Tuvo a su cargo la jefatura de las divisiones de
Holguín (1869) y Cuba (1870). Dirigió la Invasión a Guantánamo
(1871). En 1873 asumió la jefatura de Camagüey. Emprendió la
Invasión a Las Villas (1875), frustrada por las indisciplinas y el
regionalismo existentes en el campo mambí.
En la Guerra del 95 insurreccionó a Camagüey (junio de ese año) y
cruzó la Trocha hacia Las Villas (30 de octubre). Junto con Antonio
Maceo, encabezó la Invasión a Occidente y libró victoriosamente los
combates de Mal Tiempo, Coliseo y Calimete.
El cronista y General mambí José Miró Argenter, quien le conoció
entonces, lo describía de buena estatura, flaco, de tez trigueña y
mirada viva, penetrante. Muy sobrio en las comidas, añadía el doctor
Gustavo Pérez Abréu, uno de sus ayudantes. "No fumaba, ni profería
malas palabras ni permitía tampóco que las dijeran en su cuartel".
Vestía muy sencillo. Al cinto, el machete curvo que perteneció a
Martí y un revólver con cabo de nácar. No usaba distintivo militar,
sus únicas insignias eran el escudo nacional y una estrella de cinco
puntas, al lado izquierdo del pecho.
A la muerte de Maceo regresó a tierras espirituanas y emprendió
la Campaña de La Reforma, ejemplo clásico de resistir con pocos
hombres una tropa que le superaba numéricamente y en armas de forma
abrumadora. Concluida la guerra, realizó una marcha triunfal que
culminó en La Habana el 24 de febrero de 1899.
SUS ÚLTIMOS AÑOS
Con sus declaraciones y su actitud intransigentemente
independentista, enfrentó el proyecto de Estados Unidos de anexarse
a Cuba. Definió como su objetivo fundamental "la constitución
definitiva de la República para que Cuba sea realmente libre e
independiente" en una famosa carta al presidente yanki. En contra de
ciertas pretensiones anexionistas, olvidó agravios y se unió a sus
denostadores de la ya disuelta Asamblea del Cerro para demostrar
cuánto "se engañaban los que creen que entre nosotros existen
enemistades¼ marcharemos unidos a la consecución de nuestra amada
independencia".
Cuando Washington apeló al neocolonialismo, mediante la Enmienda
Platt, impugnó fuertemente ese apéndice a nuestra soberanía, y junto
con Juan Gualberto Gómez y otros patriotas, proclamó solemne y
públicamente luchar contra esa imposición de los Estados Unidos.
Enfrentado al reeleccionismo de Estrada Palma y a la amenaza de
la llegada al poder de elementos autonomistas y anexionistas,
falleció en la Habana el 17 de junio de 1905.
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Los
americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación
militar
Los americanos están cobrando demasiado caro con la
ocupación militar del País, su espontánea intervención en la
guerra que con España hemos sostenido por la Libertad y la
Independencia. Nadie se explica la ocupación.
La actitud del
gobierno Americano con el heroico Pueblo Cubano, en estos
momentos históricos, no revela a mi juicio más que un gran
negocio, aparte de los peligros que para el país envuelve la
situación que mortifica el espíritu público y hace más
difícil la organización en todos sus ramos; que debe dar,
desde un principio, consistencia al establecimiento de la
futura República; cuando todo fuera obra completamente suya,
de todos los habitantes de la Isla, sin distinción de
nacionalidades.
Nada más racional y
justo, que el dueño de una casa, sea el mismo que la va a
vivir con su familia, el que la amueble y la adorne a su
satisfacción y gusto; y no que se vea obligado a seguir,
contra su voluntad y gusto, las imposiciones de su vecino.
De todas estas
consideraciones se me antoja creer que, no puede haber en
Cuba verdadera paz moral, que es la que necesitan los
pueblos para su dicha y ventura; mientras dure el gobierno
transitorio, impuesto por la fuerza dimanante de un Poder
extranjero y por tanto ilegítimo, e incompatible con los
principios que el País entero ha venido sustentando tanto
tiempo y en defensa de los cuales se ha sacrificado la mitad
de sus hijos y desaparecido todas sus riquezas.
Diario de Campaña
de Máximo Gómez, 8 de enero de 1899. |
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