Unos 22 muertos, 12 desaparecidos y enormes daños se reportaron
en el último balance de las lluvias que azotaron el sureste de
Francia.
¿Catástrofe predecible? El plan de prevención de riesgos en
algunas zonas afectadas y la excesiva urbanización están en el
centro de las interrogantes, reporta Prensa Latina.
La mayoría de las víctimas de este drama, sorprendidas por las
inundaciones, murieron ahogadas en sus casas o en sus automóviles y
otras fallecieron al ser golpeados por objetos que flotaban, según
las autoridades.
Hugues Parant, prefecto del departamento francés de Var
(sudeste), donde ocurrió la tragedia, no descartó que aparezcan
nuevas víctimas cuando desciendan las aguas.
Según Meteo France, estas crecidas revisten un carácter
excepcional y para percibir una de tal amplitud es necesario
remontarse a 1827.
Más de 300 milímetros de agua se reportaron entre el martes por
la tarde y el miércoles por la mañana.
La intensidad de los aguaceros provocó severas inundaciones y el
agua subió primero a 50 centímetros, luego a 60 y llegó a tener una
altura de dos metros en la localidad de Draguignan, la más afectada.
Más de mil 400 personas fueron rescatadas en helicópteros y cerca
de 100 con ayuda de embarcaciones.
Unas 22 mil casas están aún privadas de electricidad, de 200 mil
afectadas durante la caída de las abundantes precipitaciones.
Según la prefectura del lugar, las operaciones de salvamento
finalizaron esta mañana y toda la asistencia se concentra ahora en
el restablecimiento de las redes de energía, comunicaciones, agua y
la recuperación de las personas y los sitios siniestrados.
El presidente de la República Nicolás Sarkozy se presentará en el
lugar a inicios de la semana próxima.
Por su parte, el portavoz del gobierno, Luc Chatel, informó hoy
que en los próximos días debe ser publicado el decreto de catástrofe
natural.
Mientras, se extiende la polémica sobre la posible previsión de
estas crecidas y el consiguiente cúmulo de desastres.