No imagino cuándo fue la primera vez que maltrataron a un usuario
en una unidad gastronómica; tampoco quién fue el primer "pipero" que
le echó agua a la cerveza, o aquel que alteró el precio de un
producto.
En medio de esfuerzos y sobreesfuerzos por rescatar los buenos
modales, el maltrato y el deterioro de la imagen y calidad de muchos
servicios parecen estar a la orden del día.
Unas veces por culpa de quienes los brindan y otras por parte de
quienes los recibimos. Es un problema de mentalidad y exigencia.
Es difícil imaginar cómo en el país de la amabilidad, gentileza y
trato exquisitos, al decir de quienes vienen de "afuera", algunos de
los de adentro se empeñan en dar un reflejo equivocado de la
realidad cubana.
No pocos le echan la culpa a las bondades de un sistema social
que da posibilidades y tiene al hombre y su bienestar como lo
primero.
Quizás esta benevolencia influya, pero lo más importante
—reitero— es la mentalidad de las personas, aliñada, claro está, con
dosis de buen hacer.
Los ejemplos cotidianos aparecen por doquier. Prefiero detenerme
solo en algunos que pueden haber sucedido a más de una persona y en
cualquier lugar del territorio nacional.
Hace solo unos días, en el Conejito del kilómetro 179, de la
Autopista Nacional, perteneciente al municipio de Aguada de
Pasajeros, provincia de Cienfuegos, le sirvieron de muy mala gana a
un comensal un cuarto de pollito "frito" y frío, y una cerveza
caliente. Muy cercano al lugar, en el "servi" que brinda servicios
en CUC, otro exigía la existencia de agua natural fría en pomos, a
lo cual la empleada de turno respondió con la más sencilla de las
frases: "la demanda es mucha y no tenemos agua fría".
No es un secreto, por ejemplo, que parte de las tiendas
recaudadoras de divisas no son las mismas de antaño cuando, con una
reverencia de buen trato, atendían al cliente. A ello se agregan
productos vencidos en el área de expendio, o sin tener los precios a
la vista. Son solo algunos de los deslices que carcomen el buen
trato.
¿Y qué decir de la archiconocida frase de "estamos cuadrando la
caja"?
En medio de la plausible ofensiva por rescatar el buen servicio y
modales de quienes nos sirven, llama la atención cómo nosotros
mismos, los afectados, no acabamos de poner en el colimador a los
máximos culpables.
No hace mucho, en una unidad avileña de expendio de bebidas
alcohólicas, ante la presencia de los inspectores, varios usuarios
embriagados por la desazón, comenzaron a protestar porque se detuvo
el servicio, sin tener en cuenta que la investigación era en su
beneficio.
Que las personas soliciten lo que les corresponde es lógico, pero
no existe costumbre de hacerlo, más bien impera la complacencia y el
conformismo de no reclamar los deberes a quienes violan las normas,
los precios y maltratan de las formas más insospechadas.
Con ese pensamiento entronizado, cada día escasearán más los
buenos gastronómicos, dependientes y otros muchos prestadores de
servicios, aunque duela reconocerlo.
Además de la mentalidad creadora, se necesitan personas
capacitadas, administradores exigentes y clientes que dejen de ser
ese ente pasivo sobre los que se ensañan los timadores.
De los administradores o el gerente, nadie lo dude, depende gran
parte del buen o mal servicio. Donde existen los exigentes y
responsables que ponen el beneficio social sobre el suyo propio, es
poco probable la alteración de precios, de las normas o que timen al
cliente.
El trato amable, cordial y agradable debe ser el mejor aliciente
para que la frase Mi trabajo es usted, sea candor vivo y no
letra muerta.