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Jóvenes perdidos… en un campo de malanga
FREDDY PÉREZ CABRERA
CORRALILLO, Villa Clara.— Las manos callosas, los gruesos
goterones de sudor corriéndoles por la frente y una piel curtida por
el radiante sol de este verano, identifican a los más de 20
muchachos de la CPA Victoria de Girón, perteneciente a este
municipio, quienes cada día se empeñan en desmentir a esos
pesimistas que no creen en los jóvenes.
De
la atención y estimulación que reciban los jóvenes, dependerá, en
gran medida, su incorporación al campo.
"¡Perdidos nosotros! Sí, únicamente en un campo de malanga",
asegura Dany Rivero González, mientras se aferra a la guataca que lo
acompaña desde las 7:00 a.m. Sin despegar la mirada del surco y,
tras quitarse por un momento el sombrero, explica:
"Eso de que nosotros no trabajamos, puede ser cierto en algunos
lugares, pero aquí le aseguro que ‘pinchamos’ muy duro las ocho
horas. Los jefes nos exigen, pero tienen moral para hacerlo porque
son los primeros que están pegados al surco junto al resto de los
trabajadores; además, pagan un buen salario y nos estimulan
materialmente", expresa Dany.
El
ingreso promedio de estos cooperativistas el pasado año fue de 1 400
pesos mensuales, es decir 60 pesos diarios, algo que ha estimulado
la incorporación de los jóvenes.
Maikel Hernández, compañero de guataqueo de Dany, se incorpora al
diálogo para reafirmar el criterio de su amigo. "Mire, yo soy del
poblado de Corralillo, distante casi 15 kilómetros de aquí, y
pudiera estar en otra tarea más fácil, sin embargo, cuando terminé
el Servicio Militar preferí venir a esta cooperativa por lo bien que
nos sentimos aquí. Ganamos buen dinero y la familia recibe los
beneficios de nuestra labor todos los días cuando se sienta en la
mesa".
Mientras Dany, Maikel, Duany y varios mozalbetes desandan el
campo de maíz, un poco más al norte, otro grupo numeroso de
muchachones, entre los que se encuentran Odelmis, Miguel Ángel,
Enedino y Maikel, se empeña en recoger la semilla de malanga que
garantizará la próxima cosecha.
Se destacan los hermanos Enedino y Maikel, de 18 y 21 años,
quienes a pesar del corto tiempo en la CPA ya comienzan a hacer
historia por la disciplina y responsabilidad mostrada en el trabajo.
El
fomento del cultivo de la malanga es algo estratégico. Ella es un
almacén de comida, pasa un ciclón y está ahí, y aunque llueva mucho
o poco podemos contar con ella, asegura Gilberto Rivero, el
presidente de la CPA, un hombre nacido y criado en el campo.
"Esto no mata a nadie, y cuando uno le coge el golpe puede
sobrecumplir la norma sin problemas. Lo que más me gusta es que si
hay resultados productivos la dirección de la cooperativa siempre
paga", asegura Maikel, el más expresivo de los chicos.
"¿Quiere que le diga una cosa? Si se resolviera el problema de la
vivienda fueran muchos más los que vendrían a trabajar al campo.
Conozco a varios amigos deseosos de estar aquí, pero no pueden
hacerlo debido al agobio de los problemas familiares", argumenta
Odelmis Vázquez, de 22 años.
Enfundado en su gorra verde olivo, como queriendo esconder el
pelo largo que cubre su cabeza y la felpa que lo recoge, está Miguel
Ángel Tejeda, uno de los jóvenes trabajadores de la CPA. Ante la
pena del jovencito, una frase del director de la entidad, Gilberto
Rivero, lo salva de la situación. "Ojalá hubiera muchos como este
del pelo largo cultivando la tierra, que iba a sobrar la comida".
ENCANTADOS CON LA TROPA
Para Roger Cano, el jefe de área, la llegada de estos muchachos
ha sido una bendición para el colectivo. Al principio había un poco
de escepticismo y dudas acerca de los resultados finales de la
cooperativa con gente tan inexperta. "Sin embargo, en poco tiempo el
refuerzo ha demostrado que podemos contar con él", asegura el
campesino, quien se muestra convencido de que la fórmula es creer en
ellos y darle responsabilidades.
Gilberto Rivero Bermúdez está al frente de la Victoria de Girón,
una CPA cuya fuerza laboral se sustenta en el trabajo juvenil,
incluyendo al presidente, que tiene 38 años. De los 66 socios, cerca
del 30% son cooperativistas que no rebasan los 25 años.
"Ellos están en la avanzada de las principales tareas acometidas.
Así por ejemplo, en la atención de las casi 27 hectáreas de malanga
que tenemos sembradas, constituyen una fuerza vital, no solo en su
atención cultural pues también está el cuidado del sistema de riego
por gravedad, a partir de un ojo de agua que brota de nuestras áreas
capaz de irrigar la mayor parte de las tierras sin consumir un solo
litro de petróleo", asegura el presidente.
Esta es una cooperativa diversificada, que genera un volumen muy
alto de trabajo pues tiene ganadería vacuna, ceba intensiva de
toros, cultivos varios, áreas forrajeras, producción porcina y de
granos. "Entregamos más de 75 000 litros de leche al año, lo cual
nos obliga a un uso óptimo de la fuerza laboral y, en ese sentido,
estos jóvenes refuerzan el colectivo", explica Gilberto, un jefe
que, lejos de menospreciar a los jóvenes, se muestra orgulloso de
poder contar con ellos. |
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