El espíritu enciclopédico de Fermín Valdés Domínguez fue
subrayado hoy durante el taller que sesiona en homenaje al
centenario de la muerte de quien José Martí nombró en 1893 Delegado
del Partido Revolucionario Cubano, en Baracoa, provincia de
Guantánamo.
Alejandro Hartmann, Historiador de la Ciudad Primada, explicó que
entre 1888 y 1893, período en que residió en Baracoa, Valdés
Domínguez ejerció la medicina general, la forense y la
epidemiología, e incursionó en la espeleología, arqueología y
sanidad vegetal, informa la AIN.
Hartmann subrayó que una enfermedad notada por Valdés Domínguez
en los cocoteros de Duaba, motivó la visita del Doctor Carlos de la
Torre y Huerta en septiembre de 1890 a esta urbe nororiental.
Refirió que aquel eminente naturalista y malacólogo se auxilió en
su quehacer de la cooperación de Valdés Domínguez, un estudioso de
la flora y la fauna de Baracoa, hoy catalogada como emporio de la
biodiversidad cubana, y bastión nacional del cocotero, también
llamado Árbol de Vida o de los 100 usos.
Sin menoscabo de sus labores conspirativas y de proselitismo
revolucionario, durante esa estancia finisecular Fermín se dedicaba
con frecuencia a explorar las cavernas de Maisí, cerca de cuyo Faro
descubrió cuatro cráneos deformados y varios huesos de aborígenes.
Precisar con exactitud la localidad de ese hallazgo arqueológico
fue la causa de otra relevante expedición científica al extremo más
oriental de la Isla: la del doctor Luis Montané, fundador de la
Sociedad Antropológica de Cuba, el cual fue acompañado en su
travesía por el amigo entrañable de José Martí.
Como muestra de su versatilidad, el tenaz defensor de la
inocencia de los ocho estudiantes de medicina fusilados por las
autoridades españolas el 27 de noviembre de 1871, inmortalizó en
sendas crónicas esas andanzas.
Tanto la que efectuó con De la Torre, como la llevada a cabo
junto a Montané, aparecieron en el habanero diario El País, a fines
de octubre de 1890, y en El Triunfo, de Santiago de Cuba, el nueve
de septiembre del año siguiente.