Hay
que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta
fuerza como en el brazo. No hallaría el entusiasmo pueril asidero de
su sagaz experiencia. Firme es su pensamiento y armonioso, como las
líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía
constante, y de una elegancia artística que le viene de su esmerado
ajuste con la idea cauta y sobria.
No se vende por darte su palabra, que es notable de veras y rodea
cuidadoso el asunto, mientras no esté en razón, o insinúa, como
quien vuelve de largo viaje, todos los escollos o entradas de él.
No deja frase rota, ni usa voz impura, ni vacila cuando lo
parece, sino que tantea su tema o su hombre. Ni hincha la palabra
nunca, ni la deja de la rienda. Pero se pone un día el sol y amanece
el otro, y el primer fulgor da por la ventana que mira al campo de
Marte, sobre el guerrero que no durmió en toda la noche buscándole
caminos a la Patria. Su columna será él, jamás puñal suyo. Con el
pensamiento le servirá más aún que con el valor.
—José Martí—
San
José (Costa Rica), 20 de octubre de 1894
Sr. Juan Gualberto Gómez-Habana
Mi amigo querido: Cumplo a mi deber de cubano y amigo, de
correligionario político y revolucionario independiente, anunciar a
usted las cosas que han de suceder, para que prepare a nuestro
pueblo a la lucha armada en esas provincias. No más dejación e
indignidad cubanas. La guerra depurará nuestros vicios y defectos
coloniales; que se trueque en rifles la sublime y grandiosa labor de
usted en la educación política y social que usted da a nuestro
pueblo infeliz, sea por un tiempo y no más, cambiada por las
ordenanzas de los cuarteles militares.
Los Generales Gómez, Crombet, José Maceo, Rodríguez, Sánchez,
Borrero, Mayía Rodríguez, Mestre, Rius y yo, vamos a invadir con
nuestros Jefes y Oficiales que están listos y prestos a la señal que
reciban.
No deje, pues, que nuestros enemigos hagan víctimas a los que por
ignorancia en sus deberes se retraigan de la cosa pública.
Avísele a todos: no quisiera que sirvan de instrumento español
contra la causa de la libertad y el derecho de todos. Cuídese y
mande a su amigo y servidor que le quiere de corazón.
A. Maceo
No he hecho otra cosa que cumplir con el deber
República de Cuba
Ejército Invasor
2ª Jefatura
No. 306
Ciudadano
Presidente:
No acierto a explicar con palabras el sentimiento de gratitud que
ha despertado en las fuerzas del Contingente Oriental, ni la que yo
os debo, por haberme hecho depositario de la bandera de nuestra
naciente República, que arreglada por exquisito arte por las
virtuosas hijas del Tínima, tan dulces y tiernas en el hogar
doméstico como heroicas en defensa de su honra, fue regalada al
Gobierno Provisional, más que como símbolo de nuestra independencia,
como una promesa de ayudarnos en esta grandiosa obra con los
recursos inapreciables que la Naturaleza ha puesto en la mujer para
dirigir al hombre en las arduas empresas de la vida.
Acepto con altísima honra la distinción que me ha discernido el
Gobierno que tan dignamente representáis y declino por inmerecidos
los elogios que me tributa vuestra extremada benevolencia; pues si
he tomado parte tan activa en los asuntos políticos de Cuba, que a
juicio de Ud. merece distinguida recompensa, entiendo que no he
hecho otra cosa que cumplir con el deber que tiene todo ciudadano de
ofrendar su vida al holocausto de la Patria, o de luchar sin tregua
para redimirla de perpetua servidumbre.
Y al aceptar tan honorífica preferencia, tenga Ud. la seguridad y
hágalo así saber a los meritísimos miembros del Consejo, que todos
mis conatos se dirigirán a ver tremolar esa bandera allí donde el
muro esté más artillado, por ser el último baluarte de la dominación
española en América.
Patria y Libertad.
Ciego Potrero, diciembre 5 de 1896
Antonio Maceo
Todo debemos fiarlo a nuestro esfuerzo
El
Roble, Pinar del Río, julio 14 ’96
Señor Coronel Federico Pérez
Nueva York
Mi querido Coronel y amigo:
He leído con mucha satisfacción su carta del 29 del pasado.
Estoy medio contento con el alijo. La falta de elementos no me
lleva a la desesperación, porque la suplí con otros no menos
importantes para el caso. Por eso gestiono ahora el envío de cuanto
tengo pedido.
El enemigo está acobardado allí donde hay gente veterana y muchos
elementos; aquí cuesta pegarle duro. Cierto que el número de
combatientes es diferente, pues yo he llegado a tener en Las Villas
y aquí una persecución de 75 000 soldados con los mejores jefes del
Ejército enemigo. Aquí no hay un palmo de tierra que no esté
cubierto de sangre cubana y española. Ni la campaña del 71 fue para
mí más cruda. Sin embargo, he gozado mucho viendo realizarse un día
y otro mi sueño dorado, y así he podido pegarle a los españoles y
romperles la crisma a sus mejores Generales.
De España no espere nada; siempre nos ha despreciado y sería
indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el
filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de
cobardes incapaces de ejercitarlos.
Tampoco espero nada de los americanos; todos debemos fiarlo a
nuestro esfuerzo: mejor es subir o caer sin su ayuda, que contraer
deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.
Miró está enfermo porque aún no tiene ninguna herida; esto lo
hace sufrir.
Están al llegar los elementos de guerra que trajo Leyte Vidal.
Todo se salvó y ya debían estar en mi poder a estas horas; pero no
tiene Ud. idea del estado de los caminos, a consecuencia de las
torrenciales y continuas lluvias que han caído de un mes acá.
Al Doctor Castillo dígale que lo felicito de lo bien que salió de
su arresto.
Le deseo que pronto esté completamente restablecido. Y ahora,
luego y siempre trabajando, como hasta aquí, por Cuba Libre.
A mí también me pellizcaron, pero fue cosa insignificante y ya
estoy curado, y otra vez de pelea.
Le abraza su affmo.
A. Maceo
Algunos fragmentos de la carta dirigida a Enrique Trujillo y
fechada en San José de Costa Rica, el 22 de agosto de 1894:
"Placer
y tristeza me produjo el contenido de su carta, de 12 de junio del
corriente año. De un lado me hace Ud. el cariñoso recuerdo de mi
santa madre, que le agradezco infinito, y del otro, me trae a la
memoria nuestros sagrados principios, profanados por los mercaderes
y por tanta gente inútil que sirve sólo a los que esclavizan la
patria, que hacen papel en la política cubana para vergüenza y
mengua de patriotas honrados que no los entienden.
"Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que
no debe abrigar un corazón honrado, que dañan, sin Ud. pensarlo, la
elevación de espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa
de la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y
antipatriótica. No parece suyo el contenido de esa carta. ¿Qué
diablo le atormentaba cuando la escribió?
"En ninguna época de mi vida he servido bandería política de
convenciones personales; sólo me ha guiado el amor puro y sincero
que profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro
pueblo infeliz. Cualquiera que sea el personal que dirija la obra
común hacia nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la
sublimidad del sacrificio honrado que se imponga. Estoy y estaré con
la revolución por principio, por deber. ¿Para qué queremos la vida
sin el honor de saber morir por la patria? La guerra que Ud. hace al
Sr. Martí es un crimen de lesa patria."
Carta dirigida al director del periódico norteamericano The
Star, de Washington, fechada en su Cuartel General, de Pinar del
Río, el 27 de enero de 1896:
"En primer lugar me dice usted que en los Estados Unidos creen
que había una división en el ejército cubano; que entre el General
en Jefe y yo existía mala inteligencia; y que mi ejército, para usar
los términos empleados por los españoles, fue abandonado por el
general Gómez y lanzado a la provincia de Pinar del Río para que
cayese en una trampa. Semejantes afirmaciones son tan ridículas, que
ninguna persona seria puede tomarlas en consideración, pero hay
otras muchas entre nuestros amigos más sinceros y correligionarios,
que son bastante cándidos para creer que el rumor tenía algún
fundamento.
"En primer lugar, no puede existir semejante desavenencia,
división o como quiera usted llamarla, entre el general Gómez y yo.
Él es el General en Jefe y sus leyes son como leyes acatadas por mí.
Yo sólo soy Teniente General del Ejército y en todos los tiempos y
en cualquier lugar y por todas las razones, estoy sujeto a sus
órdenes. Nuestro ejército no está compuesto de gentuza en que el
hombre que más grita es el Jefe, sino que está organizado bajo el
plan de una fuerza militar moderna, en que el orden y la disciplina
se sostienen y los superiores son respetados. Pero, aparte de las
reglas de la disciplina militar, no hay un soldado del ejército
cubano que por un instante desobedezca las órdenes del general
Máximo Gómez. Todo el ejército confía implícitamente en su
patriotismo y en su habilidad militar. Nosotros los que le hemos
conocido y seguido en otras guerras, estamos convencidos de nuestra
comparativa pequeñez para dudar de su sabiduría y rectitud."