Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo

Este 14 de junio se conmemora el aniversario 165 del nacimiento de Antonio Maceo y Grajales, uno de los más destacados próceres de nuestras luchas por la independencia contra el colonialismo español. Su pensamiento radicalmente revolucionario se revela como uno de los fundamentos más entrañables de nuestra tradición política. Granma publica cartas seleccionadas entre los tantísimos documentos que forman parte del legado maceísta. Son páginas de patriotismo y en una de ellas aflora su orientación antiimperialista.

Hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. No hallaría el entusiasmo pueril asidero de su sagaz experiencia. Firme es su pensamiento y armonioso, como las líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía constante, y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste con la idea cauta y sobria.

No se vende por darte su palabra, que es notable de veras y rodea cuidadoso el asunto, mientras no esté en razón, o insinúa, como quien vuelve de largo viaje, todos los escollos o entradas de él.

No deja frase rota, ni usa voz impura, ni vacila cuando lo parece, sino que tantea su tema o su hombre. Ni hincha la palabra nunca, ni la deja de la rienda. Pero se pone un día el sol y amanece el otro, y el primer fulgor da por la ventana que mira al campo de Marte, sobre el guerrero que no durmió en toda la noche buscándole caminos a la Patria. Su columna será él, jamás puñal suyo. Con el pensamiento le servirá más aún que con el valor.

—José Martí—

Prepare a nuestro pueblo a la lucha armada

San José (Costa Rica), 20 de octubre de 1894

Sr. Juan Gualberto Gómez-Habana

Mi amigo querido: Cumplo a mi deber de cubano y amigo, de correligionario político y revolucionario independiente, anunciar a usted las cosas que han de suceder, para que prepare a nuestro pueblo a la lucha armada en esas provincias. No más dejación e indignidad cubanas. La guerra depurará nuestros vicios y defectos coloniales; que se trueque en rifles la sublime y grandiosa labor de usted en la educación política y social que usted da a nuestro pueblo infeliz, sea por un tiempo y no más, cambiada por las ordenanzas de los cuarteles militares.

Los Generales Gómez, Crombet, José Maceo, Rodríguez, Sánchez, Borrero, Mayía Rodríguez, Mestre, Rius y yo, vamos a invadir con nuestros Jefes y Oficiales que están listos y prestos a la señal que reciban.

No deje, pues, que nuestros enemigos hagan víctimas a los que por ignorancia en sus deberes se retraigan de la cosa pública.

Avísele a todos: no quisiera que sirvan de instrumento español contra la causa de la libertad y el derecho de todos. Cuídese y mande a su amigo y servidor que le quiere de corazón.

A. Maceo

No he hecho otra cosa que cumplir con el deber

República de Cuba
Ejército Invasor
2ª Jefatura
No. 306

Ciudadano Presidente:

No acierto a explicar con palabras el sentimiento de gratitud que ha despertado en las fuerzas del Contingente Oriental, ni la que yo os debo, por haberme hecho depositario de la bandera de nuestra naciente República, que arreglada por exquisito arte por las virtuosas hijas del Tínima, tan dulces y tiernas en el hogar doméstico como heroicas en defensa de su honra, fue regalada al Gobierno Provisional, más que como símbolo de nuestra independencia, como una promesa de ayudarnos en esta grandiosa obra con los recursos inapreciables que la Naturaleza ha puesto en la mujer para dirigir al hombre en las arduas empresas de la vida.

Acepto con altísima honra la distinción que me ha discernido el Gobierno que tan dignamente representáis y declino por inmerecidos los elogios que me tributa vuestra extremada benevolencia; pues si he tomado parte tan activa en los asuntos políticos de Cuba, que a juicio de Ud. merece distinguida recompensa, entiendo que no he hecho otra cosa que cumplir con el deber que tiene todo ciudadano de ofrendar su vida al holocausto de la Patria, o de luchar sin tregua para redimirla de perpetua servidumbre.

Y al aceptar tan honorífica preferencia, tenga Ud. la seguridad y hágalo así saber a los meritísimos miembros del Consejo, que todos mis conatos se dirigirán a ver tremolar esa bandera allí donde el muro esté más artillado, por ser el último baluarte de la dominación española en América.

Patria y Libertad.

Ciego Potrero, diciembre 5 de 1896

Antonio Maceo

Todo debemos fiarlo a nuestro esfuerzo

El Roble, Pinar del Río, julio 14 ’96
Señor Coronel Federico Pérez
Nueva York

Mi querido Coronel y amigo:

He leído con mucha satisfacción su carta del 29 del pasado.

Estoy medio contento con el alijo. La falta de elementos no me lleva a la desesperación, porque la suplí con otros no menos importantes para el caso. Por eso gestiono ahora el envío de cuanto tengo pedido.

El enemigo está acobardado allí donde hay gente veterana y muchos elementos; aquí cuesta pegarle duro. Cierto que el número de combatientes es diferente, pues yo he llegado a tener en Las Villas y aquí una persecución de 75 000 soldados con los mejores jefes del Ejército enemigo. Aquí no hay un palmo de tierra que no esté cubierto de sangre cubana y española. Ni la campaña del 71 fue para mí más cruda. Sin embargo, he gozado mucho viendo realizarse un día y otro mi sueño dorado, y así he podido pegarle a los españoles y romperles la crisma a sus mejores Generales.

De España no espere nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos.

Tampoco espero nada de los americanos; todos debemos fiarlo a nuestro esfuerzo: mejor es subir o caer sin su ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso.

Miró está enfermo porque aún no tiene ninguna herida; esto lo hace sufrir.

Están al llegar los elementos de guerra que trajo Leyte Vidal. Todo se salvó y ya debían estar en mi poder a estas horas; pero no tiene Ud. idea del estado de los caminos, a consecuencia de las torrenciales y continuas lluvias que han caído de un mes acá.

Al Doctor Castillo dígale que lo felicito de lo bien que salió de su arresto.

Le deseo que pronto esté completamente restablecido. Y ahora, luego y siempre trabajando, como hasta aquí, por Cuba Libre.

A mí también me pellizcaron, pero fue cosa insignificante y ya estoy curado, y otra vez de pelea.

Le abraza su affmo.

A. Maceo

Algunos fragmentos de la carta dirigida a Enrique Trujillo y fechada en San José de Costa Rica, el 22 de agosto de 1894:

"Placer y tristeza me produjo el contenido de su carta, de 12 de junio del corriente año. De un lado me hace Ud. el cariñoso recuerdo de mi santa madre, que le agradezco infinito, y del otro, me trae a la memoria nuestros sagrados principios, profanados por los mercaderes y por tanta gente inútil que sirve sólo a los que esclavizan la patria, que hacen papel en la política cubana para vergüenza y mengua de patriotas honrados que no los entienden.

"Su salpicada carta, de tendencias disolventes y de impurezas que no debe abrigar un corazón honrado, que dañan, sin Ud. pensarlo, la elevación de espíritu y la sincera devoción que debemos a la causa de la libertad, peca de fatídica y aviesa, de poco política y antipatriótica. No parece suyo el contenido de esa carta. ¿Qué diablo le atormentaba cuando la escribió?

"En ninguna época de mi vida he servido bandería política de convenciones personales; sólo me ha guiado el amor puro y sincero que profesé, en todo tiempo, a la soberanía nacional de nuestro pueblo infeliz. Cualquiera que sea el personal que dirija la obra común hacia nuestros fines, tiene, para mí, la grandeza y la sublimidad del sacrificio honrado que se imponga. Estoy y estaré con la revolución por principio, por deber. ¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la patria? La guerra que Ud. hace al Sr. Martí es un crimen de lesa patria."

Carta dirigida al director del periódico norteamericano The Star, de Washington, fechada en su Cuartel General, de Pinar del Río, el 27 de enero de 1896:

"En primer lugar me dice usted que en los Estados Unidos creen que había una división en el ejército cubano; que entre el General en Jefe y yo existía mala inteligencia; y que mi ejército, para usar los términos empleados por los españoles, fue abandonado por el general Gómez y lanzado a la provincia de Pinar del Río para que cayese en una trampa. Semejantes afirmaciones son tan ridículas, que ninguna persona seria puede tomarlas en consideración, pero hay otras muchas entre nuestros amigos más sinceros y correligionarios, que son bastante cándidos para creer que el rumor tenía algún fundamento.

"En primer lugar, no puede existir semejante desavenencia, división o como quiera usted llamarla, entre el general Gómez y yo. Él es el General en Jefe y sus leyes son como leyes acatadas por mí. Yo sólo soy Teniente General del Ejército y en todos los tiempos y en cualquier lugar y por todas las razones, estoy sujeto a sus órdenes. Nuestro ejército no está compuesto de gentuza en que el hombre que más grita es el Jefe, sino que está organizado bajo el plan de una fuerza militar moderna, en que el orden y la disciplina se sostienen y los superiores son respetados. Pero, aparte de las reglas de la disciplina militar, no hay un soldado del ejército cubano que por un instante desobedezca las órdenes del general Máximo Gómez. Todo el ejército confía implícitamente en su patriotismo y en su habilidad militar. Nosotros los que le hemos conocido y seguido en otras guerras, estamos convencidos de nuestra comparativa pequeñez para dudar de su sabiduría y rectitud."

 

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