Mesurados y radicales encontré el fin de semana. Unos decían que
los voleibolistas debieron ganar los dos partidos en tres sets;
otros, condescendientes, reconocieron los resultados contra
Argentina con cierta lógica mundana.
Es
conocida la afición de los cubanos por el voli, y no pocas veces nos
atrapan esos deseos de terminar las cosas tan pronto las empezamos,
pero ante cualquier añoranza prevalece la realidad: los gauchos
tienen clase, y al mismo tiempo a los antillanos les favorece, para
acoplarse, jugar con intensidad este principio.
Vinieron a la Isla sudamericanos que ocupan plazas en elencos de
Italia, Rusia, Puerto Rico, aunque la mayoría sobresale en su país.
De octubre a abril cumplen esos compromisos y durante el periodo de
competencias el entrenamiento diario ocupa un tiempo limitado, cede
terreno a los dos o tres desafíos semanales, que conducen a la
maestría deportiva.
Los nuestros —no solo ahora que la situación económica impone
adiestrarse más en casa— siempre han partido de una preparación
fuerte, esmerada, hasta situarse al tope de sus potencialidades, que
les permite participar en los eventos con una excelente base física.
Así lo apreciamos viernes y sábado en el Coliseo.
¿Dónde afloraron las dificultades de los cubanos? En la
fluctuante concentración de la atención para enfrentar a un rival
con variados recursos en pos del triunfo, lo mismo en tres que en
cinco sets. Ello, unido a la falta de ritmo, provocó que el equipo
local por momentos pareciera detenido en el tiempo, terminaba un
parcial arriba tras una vigorosa reacción, e iniciaba el siguiente
permitiéndole una racha de puntos al adversario.
Lo mejor que le ocurrió a los de casa fue jugar nueve parciales,
amén de que todos quisiéramos victorias rápidas. La formación
regular necesita de ese rigor para ajustarse, máxime cuando respecto
al opuesto —llamado a marcar más de 20 puntos por encuentro— no hay
definición, alternan Rolando Cepeda y Fernando Hernández, el segundo
de alto rendimiento en este inicio. Sería provechoso que se
mantuviera, por sus destructivos servicios y ataques.
Tampoco abundan las opciones para cambiar entre los auxiliares.
Detrás de Wilfredo León y Joandri Leal tuvo su oportunidad Henry
Bell, con las habilidades propias de quien posee experiencia, pero
sus 1,88m de altura le obligan a sacar un extra para escabullirse
entre bloqueadores por encima de los dos metros de talla.
Igualmente alternaron los pasadores, y es lógico cuando se
precisa variar las acciones en busca de una reacción. El tema es ir
hallando los voleibolistas esenciales de la formación, sin pausa¼
sin prisa.
Este primer fin de semana, además de dejar un par de victorias,
sirvió para ver el comportamiento de cada hombre e irse haciendo una
idea de cuáles serán los regulares para los compromisos ante
Alemania y Polonia.