|
Coto al desenfreno A
pesar de las medidas tomadas para contrarrestar el robo de angulares
en las torres de líneas de alta tensión, estos hechos continúan
provocando graves daños económicos y sociales
YAIMA PUIG MENESES y LÁZARO BARREDO MEDINA
Fidel dijo en una ocasión que los que no quieren buscarse
problemas, los tolerantes, los que congenian con lo mal hecho, son
los que más daño hacen a la Revolución. Por ello, la impunidad ante
estos sucesos es lo más desmoralizante que puede ocurrir en una
sociedad.
La
falta de angulares en las estructuras pone en riesgo su estabilidad,
incluso en condiciones meteorológicas normales.
Pretender actuar por encima o al margen de la ley, fomenta un
ambiente dañino de tolerancia, en lo que ha incidido también la
falta de actuación enérgica de las autoridades.
Así ha sucedido con el robo y desvío de materiales en los cuales
incurren ciudadanos que —para satisfacer egoístamente sus intereses
personales—, han dañado y sustraído recursos del patrimonio estatal,
acciones que ponen en riesgo la vida de otros ciudadanos y sabotean
servicios esenciales para la población y la economía nacional.
Tales conductas vandálicas se reiteran sistemáticamente en los
últimos tiempos, en sucesos como la depredación de los angulares de
las torres de alta tensión; de cables eléctricos o telefónicos así
como de los rieles y traviesas de líneas férreas, por solo mencionar
algunos hechos.
La
armazón de este garaje fue construida con angulares, los cuales son
señalados por las flechas que aparecen en la imagen.
Los medios sustraídos se utilizan para la instalación ilegal del
servicio eléctrico; la fabricación —con destino al mercado negro—,
de camas, colchones, ventanas, rejas y corrales. Se destacan también
la construcción de casetas para guardar implementos agrícolas,
garajes para vehículos, construir partes de carretones o hacer
cercas, entre otros. Son todas acciones de personas inescrupulosas
que para nada tienen en cuenta los daños materiales que ocasionan a
la sociedad.
Difícilmente puedan contabilizarse con exactitud las pérdidas
económicas ocasionadas por esta depredación sobre las instalaciones
y redes del servicio eléctrico a lo largo y ancho del territorio
nacional. La realidad constata que urge elevar la prevención, el
control y la severidad de las medidas penales y administrativas, en
aras de reducir estos delitos que en muchas ocasiones afectan la
seguridad nacional. Es preciso incrementar la exigencia de las
administraciones de la organización eléctrica, para lograr un
control y vigilancia más eficientes sobre los recursos confiados.
Gran
parte de las torres que sucumben ante fenómenos climatológicos han
sido víctimas de saqueos con anterioridad.
PELIGROS Y DAÑOS
Desde enero del 2005 hasta diciembre del 2009 se iniciaron 461
procesos penales contra 780 ciudadanos que incurrieron en estas
fechorías —lo mismo como autores directos del daño a las torres que
como receptadores—. Las provincias de Holguín, Villa Clara y
Santiago de Cuba son las de mayor afectación, con el 46% del total.
Sin embargo, las sanciones y medidas aplicadas, entre las cuales
se incluye el decomiso, no han sido lo suficientemente disuasivas; a
nada parecen temer los infractores, ni siquiera a los peligros de
alta tensión a que se exponen —más de uno ha perdido la vida—, al
manipular los cables eléctricos de las torres o escalarlas para
robar sus angulares.
Este bandidaje provoca cuantiosos daños económicos y materiales
al país, lo cual obliga, entre otras cosas, a incurrir en gastos no
previstos para reponer lo sustraído. A los daños materiales
ocasionados directamente en las empresas de la Unión Nacional
Eléctrica (UNE) de los diferentes territorios, se adicionan los
perjuicios provocados en otras tantas tareas productivas y de
servicios. Solo en el 2009, se reportaron daños económicos por más
de 5 millones de pesos y algo más de 254 000 en divisas
convertibles.
Aun
cuando la Ley contempla el decomiso de los medios construidos con
los materiales sustraídos, no siempre se cumple con esta medida. En
la fotografía se muestra un corral hecho con angulares.
La gravedad de las averías no pasa inadvertida, y aunque la Unión
Eléctrica no dispone de cifras exactas de la cantidad de torres que
han sucumbido durante fenómenos climatológicos y que presentaban
desperfectos técnicos provocados por el robo de algunos de sus
elementos, a juicio de operarios y jefes de experiencia, gran parte
de ellas casi siempre han sido víctimas de saqueos con anterioridad.
El 24 de agosto del 2006, por ejemplo, durante tres horas toda la
capital, Pinar del Río y parte de la provincia de La Habana,
permanecieron a oscuras.
La investigación en torno a esos hechos corroboró que la avería
tuvo su origen en la ruptura de un conductor, dañado meses atrás
como consecuencia de la caída de dos torres que no pudieron resistir
vientos moderados, ambas tenían sus estructuras incompletas a causa
del robo de varios angulares.
Pruebas presentadas en el año 2007 durante un juicio realizado en
la provincia de Matanzas, demostraron que los daños provocados por
un temporal en cuatro estructuras de esa localidad, tuvieron su
origen en la falta de angulares. Producto de la caída de las torres,
unas 250 000 viviendas de la región occidental permanecieron sin
energía eléctrica durante cuatro días.
Los gastos por las reparaciones ascendieron a más de 600 000
dólares y 150 000 pesos, aparte de la consiguiente movilización de
operarios de otras provincias para solucionar el percance en el
menor tiempo posible.
Según reseña un material publicado por nuestro diario en el 2007,
los implicados en esta fechoría recibieron sanciones de privación de
libertad de entre seis y ocho años. También fueron sancionados los
receptadores de los elementos sustraídos, decomisándose los
artículos elaborados a partir de ellos.
DEPREDADORES EN LAS ALTURAS
La enorme estructura metálica se eleva unos 30 metros. A pesar de
la imponente composición de las torres y la certeza por parte de los
especialistas de su capacidad para resistir vientos sostenidos de
hasta 40 y 45 metros por segundo, su estabilidad mecánica "pende de
un hilo" cuando le sustraen algunos de sus componentes.
"La existencia de los angulares en las torres les proporciona
estabilidad al ser afectadas por la acción de los vientos. Si
faltan, disminuye en gran medida su capacidad de resistencia,
volviéndose mucho más vulnerables, incluso en condiciones
meteorológicas normales", explica Yoan Martín Álvarez, director de
Seguridad e Inspección de la UNE.
Según precisiones de la Unión Eléctrica, los primeros casos
apenas se circunscribían a un reducido número y con moderados
efectos económicos, pero a partir de 1999 comenzaron a
incrementarse.
Datos publicados por nuestro diario en el 2007, señalan que en el
año 2004 un total de 2 193 angulares fueron sustraídos de la red
eléctrica nacional, cifra que pese a la vigilancia y las medidas
tomadas al respecto decreció muy poco en los años siguientes, hasta
el 2006.
"No obstante, los efectos continúan ocasionando graves deterioros
a la economía nacional, extendiendo los costos mucho más allá de los
números", precisa Martín Álvarez.
"El problema no solo radica en el precio del angular perdido,
sino que para reponerlo es necesario, además, vincular una brigada
de linieros, con lo cual se incurre en el gasto de equipos, salario,
recursos. Lo peor de todo es que al faltarle angulares a una sola
estructura esta se debilita, y puede caerse con mayor facilidad y
arrastrar consigo otras armazones, dañando el sistema
electroenergético", señala.
Cuando una torre se cae es muy poco lo que puede reutilizarse de
ella, pues se deforma y casi siempre es necesario reconstruirla.
Tengamos en cuenta que, según precisa el directivo de la UNE, el
costo de una torre oscila entre los 10 000 y 110 000 dólares, en
dependencia de sus características.
"Para incrementar el control en las torres, la Unión Eléctrica
lleva a cabo un grupo de medidas entre las que sobresale la
instauración —desde el 2006—, de más de 200 ‘celadores’ encargados
de inspeccionar las estructuras para identificar si le falta algún
angular y reportarlo —esto no sustituye el celaje técnico que
realizan las brigadas de linieros—", explica el director de
Seguridad e Inspección de la UNE.
"Otra de las medidas ha sido soldar todos los tornillos y tuercas
que unen los angulares a las torres hasta la altura de seis metros,
sin embargo tampoco esto pone coto a las acciones delictivas, pues
se han efectuado robos por debajo de esta altura picando los
tornillos, incluso, en ocasiones, roban por encima de los seis
metros, arriesgando sus vidas", asegura Martín Álvarez.
Todas estas acciones son convenientes y necesarias, pero el gasto
en el que incurre el país para cubrir los salarios de los celadores
y capacitarlos, así como para soldar los angulares de las más de 7
000 estructuras existentes, se vuelve una pesada carga.
Sin embargo, la UNE no debe ignorar que tiene responsabilidad en
estas vandálicas acciones por la falta de supervisión, en particular
por los materiales en desuso que dejan desprotegidos por largos
periodos y sirven de pretexto al bandidaje.
El pasado año, por ejemplo, en el municipio de Güines, provincia
de La Habana, concluyó un proceso de investigación realizado por la
sustracción de una gran cantidad de angulares a tres torres de alta
tensión que estuvieron abandonadas, luego del paso de un ciclón por
la zona unos años atrás.
Quienes se apropiaron de los angulares, así como testigos del
lugar, aseguraron que las torres permanecieron completamente
abandonadas después de que los trabajadores de la UNE armaran las
nuevas estructuras. ¿Cómo es posible que los propios afectados por
el robo de estos elementos permanezcan impasibles ante semejantes
sucesos?
La insuficiencia en la supervisión y el control por parte de la
Unión Eléctrica sobre muchos de sus recursos, es una de las causas
que facilita el saqueo a las diferentes estructuras, sobre todo
cuando permanecen desprotegidos materiales en desuso. Incide,
además, el incumplimiento de los celadores al realizar sus
funciones, ya que las visitas no siempre se ejecutan con la
periodicidad o la calidad necesarias.
Por otra parte, subsiste el incumplimiento de los convenios y
contratos de vigilancia suscritos por diferentes empresas y
entidades; deficiencia en el sistema de vigilancia de muchos
territorios al igual que demoras para comunicar evidencias de robo.
Solo estos ejemplos bastan para ilustrar la realidad de que
también la indolencia de ejecutivos administrativos lacera las
buenas prácticas y puede dar al traste no solo con las medidas
adoptadas para contrarrestar estos daños, sino que mella la
credibilidad y el respeto que debe sentir la población por estas
labores.
MAYOR SEVERIDAD Y PREVENCIÓN
Si bien es cierto que las medidas de vigilancia al poner en
funcionamiento el trabajo de los "celadores" y las sanciones penales
benevolentes que fueron aplicadas han servido como factores
disuasivos, no han detenido la ocurrencia de estos hechos.
Como nos explicó Osiris Martínez López, fiscal jefe de la
Dirección de Procesos Penales de la Fiscalía General de la República
de Cuba, "estos ilícitos pueden ser sancionados por delitos como
Estragos, Robo con Fuerza, Hurto o Sabotaje, previstos en el Código
Penal, para imponer sanciones acordes con la magnitud de los daños
ocasionados.
"Las sanciones previstas en la Ley pueden llegar a ser hasta de
20 años en caso de considerarse como una acción de sabotaje. Se
contempla, igualmente, el decomiso de los bienes sustraídos y la
confiscación, incluyéndose el pago de los daños o perjuicios
ocasionados por estos hechos", expresa.
Pero lo cierto es que las sanciones de los procesos penales no
han estado en consonancia con la gravedad de los hechos y los daños
causados. Resulta más desconcertante todavía que cuando concluyen
las investigaciones, y el tribunal decide que las instituciones
correspondientes procedan a decomisar los artículos fabricados a
partir de estos elementos, no siempre se materializa el cumplimiento
de esta medida.
De modo que debe ser perfeccionado el enfrentamiento a los
efectos de evitar la impunidad e incrementar la exigencia.
Corresponde al MININT y a la Fiscalía investigar exhaustivamente no
solo las responsabilidades de los autores directos, sino agotar
todas las acciones investigativas para determinar los
incumplimientos legales en los cuales pudieran haber incurrido los
encargados de asegurar la debida protección a las instalaciones.
Apremia, además, incrementar el control de las solicitudes de
sanciones a los acusados para que estas contemplen la severidad que
requieren tales delitos, valorando los daños materiales ocasionados
no solo por el grado de afectación que producen a la economía del
país, sino por la totalidad de los perjuicios, aplicando el decomiso
y la confiscación de los bienes, ya sea por la vía penal o
administrativa.
Si no hay una mayor severidad por parte de las instituciones
encargadas de imponer el orden para eliminar estos actos delictivos,
no habrá prevención ni compromiso de participación popular en su
enfrentamiento.
Es este un problema no resuelto ante el cual urge adoptar
acciones mucho más enérgicas. |