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Pervive legado del Guayabero en el pentagrama de Cuba

DANIEL ALEJANDRO BENITEZ QUIÑONES

Cuba recuerda este viernes el legado musical de Faustino Oramas, emblemático trovador del archipiélago quien recorrió el mundo con sus canciones y la inseparable compañía de Marieta.

Conocido internacionalmente como "El Guayabero", este juglar de Holguín cumpliría este cuatro de junio 99 años de edad, si la muerte -esa amiga de la que tanto se burló en su tema "El tren de la vida"- no lo hubiese sorprendido en marzo de 2007.

Perteneciente a la estirpe de esos trovadores trasnochadores que abundaban en el interior de la Isla, cantando en caseríos o bares por un plato de comida o un trago, Faustino se fue tejiendo una leyenda en vida, la cual recogía amores y odios en cada pueblo visitado.

Su propio sobrenombre nació de un encuentro, en una localidad oriental llamada Guayabero, con un marido celoso que -molesto por las atenciones de su esposa con el artista- lo persiguió para ajustar cuentas, de ahí el famoso estribillo/ ¡En Guayabero, mamá, me quieren dar!

El tema alcanzó su mayor popularidad cuando el sonero Pacho Alonso lo incorporó a su repertorio en la década del 60 del pasado siglo.

Y es que en las canciones de Faustino Oramas se conjugan con maestría el doble sentido y la picaresca nacional con una melodía pegajosa, que incitan al baile, por eso sus guarachas y sones se han cantado por importantes figuras como Libertad Lamarque, Neno González y David Álvarez.

Pero si hay un tema que identifica a este Rey del tumbaíto y cubano de pura cepa es \"Cómo baila Marieta", un clásico del pentagrama que ha puesto a bailar a miles de personas en escenarios tan disímiles como España, México, Holanda y Francia.

Premio Nacional del Humor 2002, Oramas en cada entrevista que le preguntaban sobre sus letras aclaraba: "todo lo mío es serio, no digo lo que la gente piensa, soy muy respetuoso, canto una cosa y el público entiende otra distinta y con eso se divierte".

En Holguín pervive su legado, en la Casa de la Trova de la localidad se recuerda su impronta, mientras se trabaja en la reparación de un inmueble destinado a museo donde se archivarán sus pertenencias.

El espíritu del Guayabero se encuentra en cada sitio donde un enamorado entona sus canciones, mientras cualquier mujer, aunque no lleve por nombre Marieta, baila un son o escucha un singular piropo. ¡Santa Palabra!

 

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