Cuba recuerda este viernes el legado musical de Faustino Oramas,
emblemático trovador del archipiélago quien recorrió el mundo con
sus canciones y la inseparable compañía de Marieta.
Conocido internacionalmente como "El Guayabero", este juglar de
Holguín cumpliría este cuatro de junio 99 años de edad, si la muerte
-esa amiga de la que tanto se burló en su tema "El tren de la vida"-
no lo hubiese sorprendido en marzo de 2007.
Perteneciente a la estirpe de esos trovadores trasnochadores que
abundaban en el interior de la Isla, cantando en caseríos o bares
por un plato de comida o un trago, Faustino se fue tejiendo una
leyenda en vida, la cual recogía amores y odios en cada pueblo
visitado.
Su propio sobrenombre nació de un encuentro, en una localidad
oriental llamada Guayabero, con un marido celoso que -molesto por
las atenciones de su esposa con el artista- lo persiguió para
ajustar cuentas, de ahí el famoso estribillo/ ¡En Guayabero, mamá,
me quieren dar!
El tema alcanzó su mayor popularidad cuando el sonero Pacho
Alonso lo incorporó a su repertorio en la década del 60 del pasado
siglo.
Y es que en las canciones de Faustino Oramas se conjugan con
maestría el doble sentido y la picaresca nacional con una melodía
pegajosa, que incitan al baile, por eso sus guarachas y sones se han
cantado por importantes figuras como Libertad Lamarque, Neno
González y David Álvarez.
Pero si hay un tema que identifica a este Rey del tumbaíto y
cubano de pura cepa es \"Cómo baila Marieta", un clásico del
pentagrama que ha puesto a bailar a miles de personas en escenarios
tan disímiles como España, México, Holanda y Francia.
Premio Nacional del Humor 2002, Oramas en cada entrevista que le
preguntaban sobre sus letras aclaraba: "todo lo mío es serio, no
digo lo que la gente piensa, soy muy respetuoso, canto una cosa y el
público entiende otra distinta y con eso se divierte".
En Holguín pervive su legado, en la Casa de la Trova de la
localidad se recuerda su impronta, mientras se trabaja en la
reparación de un inmueble destinado a museo donde se archivarán sus
pertenencias.
El espíritu del Guayabero se encuentra en cada sitio donde un
enamorado entona sus canciones, mientras cualquier mujer, aunque no
lleve por nombre Marieta, baila un son o escucha un singular piropo.
¡Santa Palabra!