Dulce nos dio la llave para entrar al mundo de los relatos de
héroes, o hacernos hábiles con las Matemáticas. Ella adoraba
enseñar; y nosotros, sus clases. Tal vez ahora sepa que, tanto como
su amor, a muchos nos contagió esa dedicación al trabajo.
Lo comprendí cuando escuché la conferencia del Doctor Julio
Cerezal, subdirector del Instituto Central de Ciencias Pedagógicas.
La formación laboral no nace del contenido de una asignatura; se
forma como convicción, sobre todo mediante el ejemplo.
La economía ha impuesto un nuevo desafío a la Cuba de hoy. Sin
una elevada cultura laboral será engorroso vencerlo. Por supuesto,
de conjunto con la familia y la sociedad, corresponde a la escuela
el papel de moldear y formar una conciencia de productores, de
reforzar la formación laboral con ese propósito.
"En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que
en la vida se ha de luchar", insiste Martí más de un siglo después.
Además del ejemplo, de hacer comprender el valor de las cosas e
influir sobre los sentimientos y emociones de los alumnos,
aprovechar el contenido de las diferentes asignaturas (no solo las
supuestamente más afines) constituye un medio nada desdeñable en el
afán de desarrollar una adecuada formación laboral.
Las propias actividades laborales originan posibilidades de
emplear lo aprendido en el aula para solucionar problemas agrícolas.
Así la clase trasciende el mero hecho de transmitir un contenido
teórico que luego es preciso buscar dónde y cómo aplicarlo, para
tornarse herramienta con la cual encarar la vida.
El Ministerio de Educación (MINED) ha orientado una serie de
acciones que contribuyan a la formación de esa conciencia de
productores a la cual se aspira; destaca entre estas elevar la
cultura económica, laboral y de ahorro de los muchachos, al
revelarles la significación concreta de su aporte cada vez que
participen en trabajo alguno.
También incluyen la extensión de la asignatura Educación Laboral
a los tres grados en la secundaria básica, las visitas a centros de
la producción y los servicios en la comunidad, promover
conversatorios con obreros destacados y héroes del trabajo, así como
vincular a los estudiantes con tareas productivas, principalmente en
la escuela. Ya en esta crucial determinación comienza a desbrozarse
el camino.
Atrás han quedado los tiempos cuando en planteles docentes, los
estudiantes ensamblaban radios o realizaban actividades realmente
productivas en las cuales los futuros científicos comenzaban a
sentirse en cierta medida obreros y trabajadores.
Los esfuerzos que actualmente se realizan en diversas
instituciones escolares del país para retomar estas positivas y
enriquecedoras experiencias pretenden desarrollar en los estudiantes
una mayor y mejor formación laboral, pues quien trabaja no solo da
forma a cuanto imaginó, sino que descubre cuánto tiene dentro.
Por eso la maestra Dulce aún no decide descansar. Ha de saberse
una mujer muy dichosa, con una encomienda muy noble: formar en el
amor al trabajo en nombre del presente y el futuro de Cuba.