BRUSELAS, 28 de mayo (PL).— Cuando la mayoría de los economistas y
analistas del mundo occidental se empeñan en afirmar que la
recuperación avanza, Europa parece vivir una recurva dentro de la
crisis económica global.
No son pocas las noticias que dan cuenta de la aplicación de
planes de austeridad para reducir déficit fiscales y deudas públicas
en Grecia, España, Italia, Portugal y hasta en el Reino Unido.
Reconocidos comentaristas económicos comienzan a hacerse eco de
alertas multiplicadas en Internet sobre un serio problema de deuda,
que podría provocar otra gran depresión con grandes efectos también
en Estados Unidos.
Si los planes de rescate, entre ellos los 750 mil millones de
euros aprobados por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario
Internacional, no logran calmar a los mercados bursátiles, la
economía europea se desplomará nuevamente, avizoran los analistas.
El desplome de las bolsas en las últimas semanas junto a la
devaluación del euro frente al dólar, son muestras de que esas
previsiones no están lejos de la realidad, por lo que las
preocupaciones se transforman en pánico.
La verdad es que Europa, uno de los pilares de la economía
mundial, después de Estados Unidos, se tambalea.
Grecia, España, Portugal e Irlanda, por sus muy abultados
déficit, fueron identificados como los epicentros de un cataclismo
que, en caso de dispararse, podría arrastrar al abismo a todo el
continente europeo y, por efecto dominó, a la economía mundial.
Los días pasan y el millonario monto para salvar a Europa, en
particular a la zona euro, no logra disipar la incertidumbre; al
contrario, se multiplica.
Pero más allá de las frías cifras y las líneas rojas con que se
grafica la caída de las principales bolsas de valores del mundo, lo
que más alarma son las consecuencias sociales y políticas de la
crisis económica global, que parece recurvó en Europa.
El desempleo ha incorporado a sus filas a casi 10 millones de
personas durante los últimos meses, hasta afectar a más de 23
millones, y sigue en aumento como la más visible de las caras de la
crisis.
A pesar de ello, las medidas de austeridad puestas en marcha a
nivel de país afectan aún más a los sectores más vulnerables de la
población europea.
Se calcula que las personas al borde de la exclusión social
tendrán más dificultades para acceder a servicios básicos y
satisfacer sus necesidades elementales, las cuales ya superan los 80
millones.
Tanto en Grecia, España e Italia los ajustes fiscales aplicados
conllevan a la reducción de los ingresos de gran parte de la
población, la prolongación de la vida laboral antes de la jubilación
y recortes en la prestación de servicios públicos, entre otras
medidas.
De ahí que la propia Comisión Europea confesó sus temores de que
la crisis económica pase a la social y de esta a la política, lo que
podría llevar a escenarios que hasta hace poco parecían
imprevisibles en la región.