Ante un escenario de desastre, los sistemas de vigilancia
epidemiológica deben mantener el control sanitario y monitoreo
continuo de la situación de salud de la población y el medio
ambiente.
Cualquiera de estos eventos altera la ecología y propicia que los
gérmenes se hagan más agresivos al encontrar condiciones propicias
para su propagación, lo cual se traduce en enfermedades que atacan
al hombre en su hábitat.
Carilda Peña, Directora de Higiene y Epidemiología en Santiago de
Cuba, explicó a la AIN la importancia de practicar las medidas
higiénicas para disminuir los riesgos de propagación de enfermedades
infecto contagiosas ante la posibilidad de desastres.
Aseguró la directiva que la recogida organizada y disposición
adecuada de los desechos sólidos y la eliminación de basureros que
puedan convertirse en criaderos de vectores, son acciones que
garantizarán mejorar la salud de la población.
Es fundamental el saneamiento e higienización de los lugares
donde permanecen familias, además del control y práctica de medidas
para evitar y eliminar hospederos que pueden causar epidemias,
enfatizó Peña.
Se debe velar por el adecuado nivel de cloro en el agua de
consumo humano, la calidad de elaboración de los alimentos y el buen
estado de todo lo que se ingiera.
Una guía publicada por la Organización Panamericana de la Salud
para la vigilancia epidemiológica sanitaria en situaciones de
desastre, enfatiza en la planificación de acciones preventivas
comunitaria y la proyección para mitigar las consecuencias.
Las catástrofes se presentan frecuentemente en el mundo, causando
un gran número de víctimas, heridos y daños en general a la
sociedad. Pero se ha demostrado que la preparación disminuye las
consecuencias y el riesgo de los efectos adversos.