"Esa etapa fue muy útil para mí —explica— porque de repente me vi
sola, con un enfermero y una asistente, pero sin otro médico por
todo aquello a quien consultar determinada duda. Entonces comprendí
mejor cuánta razón tenían nuestros profesores al recomendarnos:
presten mucha atención, no pierdan el tiempo, pregunten todo, porque
un día van a estar solos, sin nadie a quien acudir.
"También me acordé bastante de quienes cumplen misión fuera de
Cuba. Es algo muy curioso: algunas personas piensan que donde más
imprevistos, adversidades o emociones vive un médico es ofreciendo
ayuda en otros países. Pero coincido con quienes opinan que tan
valioso, intenso y sacrificado como aquel aporte es el que
realizamos miles y miles de profesionales aquí, en consultorios,
policlínicos, hospitales y otras instituciones".
Bárbara medita y mientras lo hace una sonrisa aflora en su
rostro, tal vez porque paralelamente acuden a su memoria aquellos
días de abrasador sol, montada sobre un carretón, a lomo de caballo
o caminando kilómetros a pie para llegar hasta esas mismas familias
que, a fuerza de puro cariño y gratitud, hoy le siguen pidiendo que
vuelva junto a ellos.
"Cuento estas cosas y sé que no solo me sucedieron a mí. Lo mismo
pudiera decir Adrián Acosta en la zona de Las Flores, o quienes
están en La Jibarera, La Irma, Dumoy y otros lugares lejanos e
intrincados, donde se trabaja duro, con mucha población dispersa, a
la cual hay que visitar y atender sin dejar de hacer guardia en el
policlínico: 24 horas si es domingo y una parte de la tarde con la
noche entera durante los demás días, hasta las 8:00 a.m., para de
ahí volver otra vez al consultorio rural.
"A pesar de todo ello, adoro a esa población del campo,
tremendamente sana, que se acerca y le cuenta sus problemas al
médico como si fuera su propia familia. A veces las embarazadas se
resisten un poco al ingreso, pero terminan cooperando. Todo depende
mucho de tu capacidad para explicar, orientar, persuadir y también
exigir".
Tal vez por ser soltera aún, esta joven no haya tenido que
enfrentar igual las disyuntivas de miles de médicos, enfermeras,
especialistas, técnicos y otros trabajadores de la Salud quienes,
sin renunciar al oficio ni a la pasión, deben realizar verdaderos
malabares para atender y solventar las innumerables necesidades del
hogar, "dividir para multiplicar" su tiempo, destinar cada centavo
del bolsillo a lo más urgente y necesario, hacer "maravillas" para
llegar a tiempo al hospital, realizar muchas más guardias que antes.
Sin embargo, Bárbara ya sabe que el trabajo del médico en la
coyuntura actual no es el mismo de hace tres décadas, mucho menos el
que se sueña a los cinco años de edad auscultando a una muñeca o al
hermanito menor. Ser especialista de primer grado en Medicina
General Integral, Máster en Urgencias, metodóloga de Medicina en el
policlínico Aquiles Espinosa, además de secretaria general del
comité de la Unión de Jóvenes Comunistas allí y miembro no
profesional del Buró Provincial de esa organización, exige también
sacrificios extraordinarios.
"Y aunque no todas las personas valoran igual nuestra labor —lo
mismo de los médicos que están fuera del país como de los que
aseguramos el trabajo aquí—, puedes estar seguro de que quienes de
verdad amamos esta profesión no vamos a fallarles nunca ni a Cuba ni
al pueblo que tanto nos necesita".