Mala manipulación de alimentos

YENIA MATOS HENRÍQUEZ

Si usted camina por cualquier calle buscando cafeterías o centros gastronómicos donde pueda desayunar, merendar o almorzar, es posible que se encuentre con desagradables imágenes como la de trabajadores de dichos establecimientos, incumpliendo con las normas establecidas en lo que se refiere a la manipulación de alimentos.

Fotos: Raúl LópezEl dependiente aceita el pan con las manos.

Desafortunadamente es un problema muy frecuente en nuestra cotidianidad. Un recorrido por las principales arterias de la capital permitió confirmar que no pocos trabajadores del sector gastronómico en el país preparan los alimentos de otras personas con sus manos. Sin embargo lo preocupante es que mayoritariamente lo hacen sin tener en cuenta las medidas higiénicas necesarias, pues no utilizan ningún instrumento para rellenar los panes, para ponerles por encima el poquito de aceite que tanto gusta a los cubanos y después despacharlos.

Estas son solo algunas acciones de las tantas observadas que, lejos de ennoblecer la labor, ponen en dudas sus métodos. ¿A propósito? No, más que eso es falta de educación, responsabilidad y cuidado.

Así, encontramos a encargados de la venta que tomaban con las manos al desnudo los panes que otras personas comerían y los guardaban en el mostrador, no tan limpio como debiera.

Fotos: Raúl LópezDe mano a mano se despachan los productos en muchos establecimientos.

Dos o tres cuadras más adelante el aceite llegaba al pan mediante las manos de otro dependiente que tampoco reparaba en tomar el dinero y vender su mercancía sin tener en cuenta que los billetes, siempre sucios, y la comida no juegan.

Mientras otros no más responsables que los anteriores, permitían al cliente tomar con sus manos el alimento a consumir del mismo lugar donde se guardaban los otros que los demás clientes comprarían.

De la misma forma, quienes preparan y sirven los sabrosos arroces salteados no utilizan los conocidos nasobucos, conversan en medio de su tarea y prestan nula atención a las consecuencias que tales acciones pueden provocar.

¿No notan que pueden dañar la salud de todos, incluyendo la propia? ¿No están al tanto de las precauciones a tomar para impedir que nos golpeen enfermedades?

Todo esto se hace con la absoluta negligencia de las administraciones que no exigen el cumplimiento de las normas establecidas.

Por si fuera poco, también encontramos muchos vendedores ambulantes por las calles. Llevan alimentos sin poseer permiso para su venta y de los cuales no se conoce la procedencia, lo que acentúa el riesgo para la salud y la propagación de enfermedades.

Ante tal situación es ineludible tener en cuenta las medidas higiénico-sanitarias que establecen una óptima elaboración y manipulación de los alimentos, con el fin de proteger la salud de todo un pueblo, incluyendo la de ellos mismos. Es vital cumplir estrictamente con normas como la de elegir los alimentos procedentes de fuentes seguras; manipularlos con instrumentos adecuados en lugar de utilizar las manos; lavar con frecuencia y limpiar los utensilios; tapar los alimentos y mantener una adecuada higiene personal.

De igual forma debemos destacar a quienes respetan la salud del pueblo y cumplen con su labor correctamente. Un reconocimiento para ellos y un urgente llamado a realizar responsablemente su trabajo, a los otros.

 

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