Desafortunadamente es un problema muy frecuente en nuestra
cotidianidad. Un recorrido por las principales arterias de la
capital permitió confirmar que no pocos trabajadores del sector
gastronómico en el país preparan los alimentos de otras personas con
sus manos. Sin embargo lo preocupante es que mayoritariamente lo
hacen sin tener en cuenta las medidas higiénicas necesarias, pues no
utilizan ningún instrumento para rellenar los panes, para ponerles
por encima el poquito de aceite que tanto gusta a los cubanos y
después despacharlos.
Estas son solo algunas acciones de las tantas observadas que,
lejos de ennoblecer la labor, ponen en dudas sus métodos. ¿A
propósito? No, más que eso es falta de educación, responsabilidad y
cuidado.
Así, encontramos a encargados de la venta que tomaban con las
manos al desnudo los panes que otras personas comerían y los
guardaban en el mostrador, no tan limpio como debiera.
Dos o tres cuadras más adelante el aceite llegaba al pan mediante
las manos de otro dependiente que tampoco reparaba en tomar el
dinero y vender su mercancía sin tener en cuenta que los billetes,
siempre sucios, y la comida no juegan.
Mientras otros no más responsables que los anteriores, permitían
al cliente tomar con sus manos el alimento a consumir del mismo
lugar donde se guardaban los otros que los demás clientes
comprarían.
De la misma forma, quienes preparan y sirven los sabrosos arroces
salteados no utilizan los conocidos nasobucos, conversan en medio de
su tarea y prestan nula atención a las consecuencias que tales
acciones pueden provocar.
¿No notan que pueden dañar la salud de todos, incluyendo la
propia? ¿No están al tanto de las precauciones a tomar para impedir
que nos golpeen enfermedades?
Todo esto se hace con la absoluta negligencia de las
administraciones que no exigen el cumplimiento de las normas
establecidas.
Por si fuera poco, también encontramos muchos vendedores
ambulantes por las calles. Llevan alimentos sin poseer permiso para
su venta y de los cuales no se conoce la procedencia, lo que acentúa
el riesgo para la salud y la propagación de enfermedades.
Ante tal situación es ineludible tener en cuenta las medidas
higiénico-sanitarias que establecen una óptima elaboración y
manipulación de los alimentos, con el fin de proteger la salud de
todo un pueblo, incluyendo la de ellos mismos. Es vital cumplir
estrictamente con normas como la de elegir los alimentos procedentes
de fuentes seguras; manipularlos con instrumentos adecuados en lugar
de utilizar las manos; lavar con frecuencia y limpiar los
utensilios; tapar los alimentos y mantener una adecuada higiene
personal.
De igual forma debemos destacar a quienes respetan la salud del
pueblo y cumplen con su labor correctamente. Un reconocimiento para
ellos y un urgente llamado a realizar responsablemente su trabajo, a
los otros.