En el marco del 65 aniversario de la victoria sobre el fascismo y
el 50 del restablecimiento de nexos diplomáticos, el museo Ostrovski
rindió este miércoles homenaje a tres cubanos caídos en la II Guerra
Mundial, reporta Prensa Latina.
En el acto, la directora del museo del sacrificio, Galina
Ivanovna Shevshenko, recordó como en la Gran Guerra Patria el libro
de Nikolai Ostrovski Así se templó el acero fue texto de cabecera y
de trinchera de muchos de los que lucharon en el frente.
La figura de Pavel Korchaguin, el héroe de la referida obra, fue
inspiración al sacrificio e imagen a seguir por muchos de quienes
marcharon a la guerra, incluidos los cubanos Enrique Vilar y los
hermanos Aldo y Jorge Vivó, explicó.
Por su lado, el segundo de la misión cubana en este país, Carlos
Valdés, destacó la visita a Cuba de una delegación rusa, encabezada
por el vicepresidente de la Duma (cámara baja), Ivan Melnikov, quien
se reunió con el presidente cubano, Raúl Castro.
Además, Valdés recordó que con motivo del Día de la Victoria, se
realizó un desfile militar en la mayor de las Antillas.
El diplomático cubano entregó documentos de reconocimiento a
Nikolai Maniulov, de la Sociedad rusa de Amistad con Cuba, por sus
aportes al refuerzo de los nexos bilaterales y sus investigaciones
sobre cubanos participantes en la II Guerra Mundial.
Asimismo, fueron distinguidas Tatiana Vladimirska, directora del
proyecto socio-cultural Grenada, y María Titova, participante por
Rusia en el reciente evento europeo de solidaridad con Cuba,
celebrado en Sofía, así como a la televisión social Krasnoe TV.
Manuilov explicó que Vilar estudió en el internado Stasova, en la
ciudad de Ivanova, construido con el dinero popular para acoger a
los hijos de los internacionalistas e inaugurado en 1931.
La directora del céntrico museo Ostrovski, donde se presenta una
exposición de carteles utilizados durante la II Guerra Mundial,
indicó que Aldo Vivó intentó, sin cumplir los 17 años, alistarse
para la guerra en varias ocasiones hasta que logró ingresar a la
guerrilla.
Según una versión, Vivó pereció en 1941 en Neveski Petachok, un
área de dos kilómetros de profundidad y 600 metros de ancho, donde
el régimen hitleriano lanzó toda su maquinaria y la tierra quedó
sembrada de metal de bombas y sangre de más de 200 mil soldados.
A la actividad asistieron funcionarios de la embajada cubana,
estudiantes de escuelas militares, especialistas de español,
veteranos de la II Guerra Mundial y estudiosos de Cuba, entre otros.