Queridos compatriotas de
toda América, queridos coprovincianos, los que hoy festejamos una de
nuestras fechas patrias:
Este momento, repetido muchas veces en el curso de nuestras
vidas, tiene hoy una significación especial, un tono y un colorido
especial. Es aquí, en otro país de América, en nuevas condiciones de
América, donde festejamos una vez más el 25 de Mayo. Esta vez no se
escuchan los discursos consabidos y no existe la fanfarria
consabida, las palabras huecas con que los gobernantes de turno
tratan siempre de hacerse copartícipes en la gloria de los viejos
próceres. El 25 de Mayo, aquí en Cuba, tiene para nosotros pues,
características especiales, tan especiales como que un argentino de
voz extranjera a nombre del gobierno cubano, salude y agasaje a
todos ustedes y les trasmita la felicitación de nuestro gobierno.
Son las nuevas condiciones de América, condiciones que han ido
madurando a través del tiempo, que han ido consolidando esta nueva
Era en que vivimos, este nuevo momento histórico del cual Cuba tiene
la gloria especial de ser el iniciador en América. Por eso al hablar
de movimientos emancipadores, al recordar las viejas gestas de
nuestras guerras de independencia tenemos forzosamente que recordar
la Cuba de hoy, porque esta Cuba de hoy es parte de un viejo
esfuerzo de las masas por obtener su liberación definitiva, esfuerzo
que ni siquiera en Cuba ha alcanzado un éxito total, todavía tenemos
que luchar para liquidar viejas formas económicas que nos oprimen,
para librarnos de todos los problemas que nos ha traído en nuestro
desarrollo la dependencia de los capitales extranjeros, la
dependencia fundamentalmente de los monopolios norteamericanos y
para defender la parte de libertad y de bienestar de nuestro pueblo
que hemos logrado en estos años de lucha.
El 25 de Mayo de 1810 significó en América un grito más dentro de
los muchos gritos que se dieron por aquella época en diversos
países. El monopolio español estaba ya llegando a sus finales y por
todos lados los pueblos trataban de ganar su libertad. En Bolivia,
un año antes se había dado un grito parecido. Por el otro lado de
América había empezado ya también la lucha por la libertad. No fue
ese grito del 25 de Mayo de 1810, ni el primero ni el único, sin
embargo tuvo la virtud especial de afianzarse y consolidarse, tuvo
la virtud del triunfador en aquellos momentos.
Y la Revolución Cubana hoy ha sido igualmente, no el único grito,
ni siquiera el primero, ha habido en esta época gloriosas
revoluciones que han tratado de dar el paso que hoy dio la
Revolución cubana, pero todavía no estaban todas las condiciones
dadas y los gobiernos surgidos de movimientos populares fueron
siendo derrocados. El caso más avanzado, más patético es el de la
Guatemala de Arbenz que fue destrozada por los monopolios
norteamericanos. Cuba también, como los héroes del 25 de Mayo de
1810, no tiene otra virtud especial, no es nada más ni nada menos,
que la exposición de cómo un pueblo puede lograr su victoria, no
original, no en base a planteamientos que se hayan imaginado por
primera vez, no usando una estrategia por primera vez descubierta en
la historia, simplemente, aprovechando el momento histórico en que
se de-sarrolló, utilizando acertadamente la estrategia
revolucionaria, unificando a todas las masas anhelantes de un cambio
mediante el liderazgo de un movimiento que supo en un momento dado
interpretar las aspiraciones del pueblo cubano bajo la dirección de
un líder de características extraordinarias que, como todos los
grandes líderes, supo aglutinar a todo el pueblo de Cuba.
En las condiciones especiales en que nosotros estábamos, luchando
desde la Sierra en las difíciles condiciones de la guerrilla, en los
campos, unificar un ejército campesino que avanzó sobre las
ciudades, que unió así a la clase obrera, que derrotó al ejército en
una y en muchas batallas campales y que llegando desde el campo
entró en la ciudad y después se dedicó sistemáticamente a destruir
el viejo orden establecido, empezando naturalmente por el arma más
poderosa de la reacción que es el ejército, porque no hay revolución
triunfante que no tenga como imposición primera la de cambiar
totalmente el ejército vencido, reemplazarlo por un nuevo ejército y
establecer el dominio de clase.
Eso hicimos nosotros y esa es nuestra virtud, esa es la
experiencia que podemos mostrar a los pueblos del mundo y sobre todo
a los pueblos de América, con más fuerza, con más patetismo porque
hablamos el mismo idioma, hemos vivido la misma experiencia y nos
entendemos muy fácilmente cuando estamos en uno u otro país. Por eso
mostramos aquí una experiencia, naturalmente no la única, no
pretendemos de ninguna manera que esta experiencia cubana marque el
único camino para la liberación de América, pero sí uno importante,
la demostración efectiva de que los ejércitos represivos se pueden
destruir, que el pueblo puede ir armando a su vanguardia combatiente
enseñándole a combatir, a destruir al ejército adversario, a
acosarlo y al final a pulverizarlo.
Podemos nosotros también mostrar aquí como crece, como se
desarrollan las masas, uno de los fenómenos más interesantes que es
el fenómeno del desarrollo de la conciencia revolucionaria.
Todos sabemos que se necesitan, para que haya una revolución,
condiciones objetivas y subjetivas y se necesita que el gobierno
objeto de la revolución esté sufriendo embates fuertes y haya
perdido su capacidad de reacción. Las condiciones objetivas están
dadas en toda América. No hay país de América donde no estén en este
momento dadas al máximo las condiciones subjetivas, sin embargo, no
han madurado en todos los países con igual intensidad.
Nosotros demostramos que las condiciones especiales de Cuba, las
condiciones subjetivas iban madurando al calor de la lucha armada,
que la lucha armada era un catalizador que agudizaba las luchas, que
llevaba hasta el paroxismo estas luchas y que iba haciendo nacer una
conciencia. Condiciones subjetivas nosotros las llamamos a la
conciencia de la necesidad de un cambio en una situación social dada
y a la certeza de la posibilidad de ese cambio.
La necesidad de un cambio la conocen muy bien las masas de toda
América, la posibilidad de un cambio, la posibilidad de tomar el
poder es algo que no siempre se conoce, los pueblos no siempre
conocen su fuerza y la lucha armada en Cuba fue desarrollando esa fe
del pueblo en su poder, hasta convertirlo en una certeza de la
victoria y hasta hacer que esta fe nos hiciera lanzarnos contra las
armas del enemigo, derrotar su superioridad numérica en cuanto a
soldados armados, su superioridad de fuego, la superioridad de sus
armas modernas, atacarlo a veces en condiciones de uno a diez y
destruirlo en todos sus focos hasta obtener el triunfo.
Después llega la otra etapa, la que estamos viviendo, más
difícil, más ardua quizás que la misma etapa de la guerra. Una vez
más repito que eso es lo que nosotros tenemos que mostrar ante
ustedes, tenemos la obligación y el deber moral de mostrar tal cual
es, no para copiarlo, sí para estudiarlo, sí para analizarlo.
Cuando el tiempo siga su curso y también la Revolución Cubana se
convierta en objeto de estudios históricos y algunos de los que
participaron en esta Revolución sean catalogados por las
generaciones venideras como héroes de este momento, entonces la
Revolución tendrá estas virtudes las que ahora he enumerado, las
virtudes de haber demostrado ante América lo que puede hacer un
pueblo en armas cuando está bien elegida su estrategia
revolucionaria y cuando está bien dirigido su Ejército
Revolucionario.
Naturalmente, en América hay condiciones diferentes, hay países
con grandes condiciones para la lucha de guerrillas y países con
campesinados muy fuertemente desarrollados donde se hace mejor la
guerra, hay países donde la clase obrera, las poblaciones urbanas
son mucho mayores y donde las condiciones para una guerra son más
difíciles. Nosotros no somos técnicos especialistas en subversión
como hay técnicos especialistas contra la subversión, sin embargo
sabemos una cosa y es que un hombre armado vale tanto o más que otro
hombre armado de acuerdo con la ideología con que lleve su arma y
que para que un hombre esté armado tiene que conseguir un arma y que
las armas no nacen por generación espontánea ni están tiradas a la
vuelta de la esquina, las armas están en poder del ejército enemigo,
del ejército opresor. Para lograr la liberación revolucionaria hay
que tomar las armas, las pocas que haya y con esas quitar nuevas
armas y convertir el pequeño ejército en un gran ejército popular
(aplausos).
Perdónenme compañeros mi insistencia castrense en las armas.
Sucede que estamos evocando un día en el cual el pueblo argentino
manifestó su decisión de tomar la independencia contra el poder
español y después de hacer el cabildo abierto y después de aquellas
discusiones de las cuales año tras año recordábamos en actos como
éstos, después de escuchar las manifestaciones de los obispos
españoles que se negaban a la independencia y manifestaban la
superioridad racial de España, después de todo eso, hubo que
instrumentar aquel triunfo político de un momento y entonces el
pueblo argentino tuvo que tomar las armas. Pero aún más compañeros,
después de tomar las armas y expulsar de todas las fronteras al
invasor español, había que asegurar la independencia de la
Argentina, asegurando también la independencia de las hermanas
naciones de América. Y los ejércitos argentinos cruzaron los Andes
para ayudar a la liberación de otros pueblos y cuando se recuerda
las gestas libertadoras siempre nuestro orgullo, más que el de haber
obtenido la libertad de nuestro territorio y haber sabido defenderlo
de la intrusión de la fuerza realista, es el haber cooperado a la
liberación de Chile y a la liberación del Perú con nuestras fuerzas,
con nuestros ejércitos.
Aquello era más que un altruismo de las fuerzas revolucionarias,
era una necesidad imperiosa, era el dictado de la estrategia militar
para obtener una victoria de alcances continentales donde no podía
haber victorias parciales, donde no podía haber otro resultado que
el triunfo total o la derrota total de las ideas revolucionarias y
ese momento de América se repite hoy. Aquí en esta pequeña isla del
Caribe rodeada de mar, rodeada de enemigos también, se vuelve a
repetir la historia que la Argentina una vez vivió.
Nuestra Revolución es una Revolución que necesita expandir sus
ideas, que necesita que otros pueblos la abracen, que necesita que
otros pueblos de América se llenen de bríos, tomen las armas o tomen
el poder, lo mismo da, porque en definitiva al tomar el poder hay
que tomar las armas después y nos ayuden, nos ayuden en esta tarea
que es la tarea de toda América y que es la tarea de la humanidad,
la tarea global de luchar por la destrucción del enemigo
monopolista, imperialista, que no va a ser derrotado sino cuando el
último de sus magnates vaya por lo menos a la cárcel sino al
patíbulo, que no puede terminar antes, que no puede terminar sino
con la derrota total del imperialismo.
La derrota total del imperialismo se está creando cada día que
las fuerzas populares dan una batalla y la ganan en cualquier lugar
de América o del mundo, tan hermanos nuestros, tan hermanos en
nuestro destino son los pueblos de América en este momento como son
los pueblos del Asia o del África, tan hermano nos sentimos nosotros
en este momento del pueblo de Venezuela, de Paraguay o del Perú, o
del pueblo de Argentina, como de los pueblos de Argelia que obtienen
su independencia, de los pueblos de Vietnam o de Laos que todos los
días perecen por obtener la independencia.
Todo es parte de una sola lucha y es verdad cuando el
imperialismo lo llama con un denominador común, porque aún cuando
las ideologías cambien, aún cuando uno se reconozca comunista o
socialista, peronista o cualquier otra ideología política en
determinado país, solamente caben dos posiciones en la historia: o
se está a favor de los monopolios o se está en contra de los
monopolios (aplausos). Y todos los que están en contra de los
monopolios, a todos ellos se les puede aplicar un denominador común,
en eso los norteamericanos tienen razón, todos los que luchamos por
la liberación de nuestros pueblos luchamos al mismo tiempo, a veces
aunque no lo sepamos, por el aniquilamiento del imperialismo y todos
somos aliados aunque a veces tampoco lo sepamos, aunque a veces
nuestras propias fuerzas las dividamos en querellas internas, a
veces en discusiones estériles, dejamos de hacer el frente necesario
para luchar contra el imperialismo.
Pero todos, todos los que luchamos honestamente por la liberación
de nuestras respectivas patrias, somos enemigos directos del
imperialismo. En este momento no cabe otra posición que la de lucha
directa o la de colaboración, y yo se que ninguno de ustedes es
colaborador del enemigo, que ninguno de ustedes está ni remotamente
a favor del imperialismo y que todos están decididamente por la
liberación de Argentina (aplausos) liberación, porque la Argentina
está de nuevo encadenada, cadenas a veces difíciles de ver, cadenas
que no siempre son visibles para todo el pueblo, pero que la están
amarrando día a día. El petróleo se va por un lado, compañías
norteamericanas entran por todos los lados del país, viejas
conquistas van cayendo y todo eso se produce lentamente, como un
veneno sutil que va penetrando así en la Argentina como en muchos
otros países de América.
Sin embargo el pueblo reacciona, reacciona con vehemencia frente
a esta penetración que es sutil en términos generales, pero que
siempre se asienta sobre las espaldas del pueblo y cuando los
gobiernos tratan de lavarse las manos con una elección, suceden para
ellos fracasos como el de la última, entonces viene la intervención
descarada del imperialismo, de sus títeres, de todos sus edecanes.
Entonces vuelve una situación ya conocida y vuelven las luchas de
las masas populares.
Si los caudillos de la reacción son hábiles, tal vez las encaucen
hacia nuevas formas en que pueda permitirse otra burla más. Si los
caudillos de la reacción no son lo suficientemente hábiles o si el
pueblo es más avizor que ellos, puede ser que el impulso de las
masas llegue más allá de donde se ha llegado hasta ahora, puede ser
que se dé el paso necesario para que la clase obrera tome el poder,
puede ser que las masas de obreros y campesinos de nuestro país
aprendan algún nuevo camino o sigan por caminos ya conocidos y
destruyan un poder que está vacilante ya, que se basa en este
momento en el miedo a la bayoneta, en la desunión de nuestras
fuerzas, en la falta de conciencia de la posibilidad del cambio, de
la posibilidad de la lucha, de la fuerza inmensa del pueblo, de la
debilidad comparativamente enorme de la fuerza represiva.
Si nuestro pueblo aprende bien las lecciones, si no se deja
engañar de nuevo, si no suceden nuevas y pequeñas escaramuzas que lo
alejen del objetivo central que debe ser tomar el poder, nada más ni
nada menos que tomar el poder, podrán darse en la Argentina
condiciones nuevas, las condiciones que en su época representa el 25
de mayo, las condiciones de un cambio total, solamente que en este
momento de colonialismo y de imperialismo el cambio total significa
el paso que nosotros hemos dado, el paso hacia la Declaración de la
Revolución Socialista y el establecimiento de un poder que se
dedique a la construcción del Socialismo.
En fin de cuentas el Socialismo es una etapa económica de la
humanidad, no podemos escapar, querámoslo o no, el pasar por esta
etapa, podemos sí retardarlo y podemos también adelantarlo, esa es
la parte que corresponde de la lucha a los dirigentes de las dos
grandes fuerzas en pugna.
Si la reacción sabe manejar sus cañones, sus armas de división,
su arma de amedrentamiento, quizás durante muchos años podrá impedir
que llegue el Socialismo a un país determinado, pero también si el
pueblo sabe manejar su ideología correctamente, sabe tomar su
estrategia revolucionaria adecuada, sabe elegir el momento para dar
el golpe y lo da sin miedo y hasta el fondo, el advenimiento del
poder revolucionario puede ser a muy corto plazo en cualquier país
de América, y concretamente en la Argentina.
Eso, compañeros, el que se repita la experiencia histórica del 25
de Mayo en estas nuevas condiciones, depende nada más que del pueblo
argentino y de sus dirigentes, es decir, depende de ustedes en
cuanto a pueblo y en cuanto a dirigentes; de tal manera que también
una gran responsabilidad cae sobre ustedes, la responsabilidad de
saber luchar y de saber dirigir a un pueblo que hace tiempo está
expresando en todas las maneras concebibles, su decisión de destruir
las viejas cadenas y de liberarse de las nuevas cadenas con que
amenaza amarrarlo el imperialismo. Tomemos pues el ejemplo manido de
Mayo, el ejemplo tantas veces distorsionado de Mayo, tomemos el
ejemplo de la Revolución libertadora que salió de sus fronteras,
inundó con una ideología nueva, que no era propia, pero que había
encarnado en sí para trasladarla a América.
Y pensemos en estos momentos de América, en estos mismos momentos
en que una especie de 25 de Mayo se ha dado en la zona del Caribe,
en que desde aquí se lanzan proclamas revolucionarias que llegan a
todos los pueblos de América y en que la Segunda Declaración de la
Habana luce algo así como una declaración de los derechos del hombre
para los pueblos de aquella época.
Pensemos en la unidad indestructible de todo nuestro Continente,
pensemos en todo lo que nos ata y nos une y no en lo que nos divide,
pensemos en todas nuestras cualidades iguales, pensemos en nuestra
economía igualmente distorsionada, igualmente aherrojado cada pueblo
por el mismo imperialismo, pensemos en que somos parte de un
ejército que lucha por su liberación en cada pedazo del mundo donde
todavía no se ha logrado. Y aprestémonos a celebrar otro 25 de Mayo,
ya no en esta tierra generosa sino en la tierra propia y bajo
símbolos nuevos, bajo el símbolo de la victoria, bajo el símbolo de
la construcción del Socialismo, bajo el símbolo del futuro.
(Aplausos).