Fruto de una síntesis perfecta y una madurez conceptual
admirable, el artista Kamyl Bullaudy, abrió hoy la exposición La
isla insurrecta, en recordación del 115 aniversario de la caída en
combate de José Martí.
El Memorial que lleva el nombre del prócer fue la sede adecuada
para este homenaje, en el cual Kamyl, más allá de la iconografía al
uso, propone un viaje interior al paradigma esencial de la cubanía,
un acercamiento íntimo a partir del propio Héroe, pero por la ruta
individual que cada quien se trace, informa la AIN.
Adelaida Ramos, vicepresidenta ejecutiva de la Sociedad Cultural
José Martí, en reconocimiento a la larga trayectoria de Bullaudy en
la senda martiana, obsequió al creador una rosa blanca, símbolo de
paz, amor y amistad, propugnadas por el más universal de los
cubanos.
También el artista Manuel Millán (Maike) regaló al expositor una
miniatura en hueso sobre base de bambú de una pluma alada, en
referencia al reciente proyecto colectivo martiano Alas con puntas,
curado por el creador audiovisual Roberto Chile y que recién
recorrió prácticamente toda Cuba.
La isla insurrecta está integrada por dos grandes instalaciones
de 10 y 11 metros de longitud, formadas por machetes de chapa de
acero oxidada y que conforman una isla de Cuba y una enseña
nacional, además de una gran tela con un retrato de un Martí
mestizo.
Completa la muestra, a manera de espejo de agua en el suelo, una
silueta del Apóstol conformada por flores en una acertada metáfora
entre la etérea espiritualidad y la férrea trascendencia, de un
hombre sin tiempo que acompañará por siempre, como un contemporáneo
actuante, a su pueblo.
A múltiples lecturas incita la obra más reciente de este
ferviente martiano, al tomar el machete mambí, tan escasamente
empleado en las artes nacionales y tan formidable arma en las
guerras anticolonialistas del siglo XIX.