Hurto de ganado

Una ofensa muy grande al cooperativista

Lianet Arias Sosa

En Jaruco, municipio de la provincia de La Habana, el delito más recurrente es el hurto de ganado. Así lo afirma el mayor Armando González, jefe de la estación de policía del territorio, para señalar después que los consejos populares Tumba 4 y Bainoa, padecen con mayor frecuencia sus estragos.

Para contrarrestar el impulso delictivo, fueron creadas 17 brigadas campesinas con 253 integrantes. Entre los centros laborales donde la vigilancia ha dejado buenos frutos, se destaca, dice González, la Cooperativa de Producción Agropecuaria Crucero Aurora.

De acuerdo con su presidente, Cosme Gutiérrez, la CPA posee una extensión de 2 198 hectáreas de tierra. Al desarrollo ganadero dedica unas 1 900 hectáreas, ya sea para pastoreo o para áreas de forraje. La cantidad de animales, entre los especímenes equinos, vacunos, porcinos, ovinos¼ supera los 2 300.

También cuentan con unas 70 hectáreas para cultivos varios, cinco dedicadas a vegetales y hortalizas, y 24,2 para forestales ya plantados.

Ochenta y dos cooperativistas, a los que se suman 38 contratados jubilados y otros que optan por la plaza de cooperativista, resultan la mano de obra dedicada que requiere el campo. Además, algunas personas sancionadas por los tribunales a medidas no privativas de libertad trabajan aquí en cumplimiento de la Instrucción 163 del Tribunal Supremo Popular, indica Cosme, y se tiene muy buena opinión sobre ellos. "Es una cooperativa con un tremendo sentido de pertenencia".

UN SISTEMA PARA VIGILAR

El sistema de vigilancia siempre lo hemos tenido, señala Cosme. Las palabras "delito", "hurto", "robo"¼ para nosotros son ofensas muy grandes. Nos dimos cuenta de que por el clima, la limitación de recursos, entre otros aspectos, estabular animales —es decir, "recogerlos" de noche— significaba perder litros de leche por vaca y peso en los toros. "El animal tiene que estar pastando las 24 horas y nos toca a nosotros evitar que nos roben".

Noche tras noche muchos de los campesinos hicieron guardia en los campos. Ocho o nueve veces se introdujeron los delincuentes en los límites de la cooperativa para hurtar o sacrificar, pero siempre se les atajó a tiempo. Por aquel entonces, en los primeros años de esta década, el sistema para vigilar los rebaños resultaba agotador.

—¿Qué alternativas buscaron?

"Montamos un sistema de comunicación en la cooperativa a través de las plantas rusas que había dejado el MINAZ y de señales acústicas con cilindros de oxígeno, por ejemplo, que permiten avisar a lugares o campesinos aledaños que no tienen la posibilidad de tener el equipo."

Ahora poseen unas cuatro plantas. De este modo, 13 volantas —con tres campesinos cada una— recorren el perímetro, así como lugares específicos, y tributan a las plantas u otros medios de comunicación. Si alguien se introduce en la cooperativa o los trabajadores sorprenden un robo u otro acto delictivo, entonces la voz de alarma llega hasta el puesto de mando, ubicado en la casa del presidente de la CPA Crucero Aurora, donde existe también un enlace permanente con la PNR.

"Cuando el presidente conoce que hay personas foráneas merodeando la cooperativa o dentro de su área, lo comunica a la PNR, ahí activamos el sistema y nos personamos para apoyarlos", confirma González.

Con pocos recursos, pero sobradas ganas, las cosas —casi siempre— salen mejor. Lo indica la experiencia de la CPA Crucero Aurora, donde sus trabajadores producen y custodian, hasta los límites posibles, su alimento y el nuestro.

 

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