Parece un verdadero sueño —afirma— que en un momento tan difícil
para la economía del país se haya podido sustituir aquel viejo
tendido, cuyos cables se partían frente al viento, e instalarnos hoy
todo esto nuevo, lo cual nos permite disfrutar de un mejor servicio
y no despilfarrar tanta energía como en los tiempos en que la
familia firmaba un contrato con el MINAZ, pagaba una tarifa fija y
derrochaba sin límite.
Así también piensan Orlando García Morales (nativo del lugar e
"historiador" por vocación propia), los hermanos Addel y Axel
Bermúdez, Lucía Rivero y Ernesto Suárez Domínguez, quienes ven un
cambio "como de la noche al día" para aquellas lámparas y equipos
hogareños que hasta ayer funcionaban a duras penas en no pocas
viviendas del caserío.
Esta es una de las ventajas directas asociadas al arduo trabajo
que se lleva adelante en puntos neurálgicos de la provincia para
seguir eliminando tendederas eléctricas: fenómeno que la población e
incluso algunos especialistas y fuentes documentales (como la
información publicada este 4 de mayo en Granma) llaman con
frecuencia "electrificación", pero que en términos técnicos precisos
significa normalizar esas redes eléctricas, añejas e insuficientes,
en correspondencia con las exigencias del Sistema Electroenergético
Nacional (SEN) al cual quedan de hecho correctamente conectadas.
Pero no solo en San Manuel empieza a respirarse ese ambiente de
gratitud.
De acuerdo con declaraciones del ingeniero Mario Patiño Franco,
director general de la Empresa Eléctrica aquí, desde el año 2007 ha
sido eliminado el sistema de tendederas eléctricas en 99 barrios,
sobre la base de una voluntad estatal que ha insertado a fuerzas y
medios de los sectores eléctrico y azucarero, con la cooperación
popular, el apoyo de la Unión Eléctrica e incluso, la ayuda de otras
provincias.
Eso, junto a acciones emprendidas en el 2001 para revertir la
compleja situación en bateyes donde están enclavados centrales
azucareros, ha permitido reducir a 13,2% la presencia o nivel de
esas peligrosas tendederas que en los años 80 llegaron a representar
más del doble en términos porcentuales.
Lamentablemente, y esto sí es de amplio conocimiento social, el
adverso periodo que enfrenta Cuba desde 1990 impidió seguir
impulsando aquel proceso masivo de electrificación encaminado a
llevar el servicio a barrios, asentamientos, comunidades y caseríos
donde no existe ninguna vía o alternativa para acceder a las
bondades de la electricidad.
Aun así, ni Las Tunas, ni otros territorios con bajo nivel de
electrificación se han cruzado de brazos. A la par de las acciones
para normalizar redes, la provincia cuenta con 888 paneles solares y
991 molinos a viento (entre otras alternativas); mientras con los
pocos recursos disponibles ha logrado electrificar más de 300
objetivos económicos, sobre todo en sectores vitales para la
producción de alimentos, el abastecimiento de agua y otras
actividades vinculadas a la satisfacción de necesidades básicas en
la población.
Por eso San Manuel y numerosos barrios más empiezan a mostrar
otro semblante¼ o como diría un buen
técnico: allí baten, gracias a la normalización de redes, los mismos
aires que el país no renuncia a llevar, mediante la electrificación,
hasta donde aún no ha llegado ese servicio por ninguna vía.