Aún así, después de escuchar al Comandante en Jefe decidió que a
aquella idea le dedicaría la vida.
"De esa manera, no le daríamos chance al enemigo", dice.
Y en efecto, medio siglo después, ya jubilado y con 73 años a
cuestas, sigue haciendo historia dentro de los CDR. "Llegar hasta
aquí no ha sido cosa sencilla. Al principio, la gente no sabía qué
era la Revolución. Teníamos que explicarles, convencer. Eso sí,
había mucho entusiasmo", advierte.
Aunque nació en La Palma, un territorio montañoso al norte de
Pinar del Río, la muerte temprana del padre obligó a la familia a
salir del campo y a emigrar a la capital provincial en busca de una
mejor fortuna.
"No teníamos cómo pagar la renta de la tierra, así que nos fuimos
a la ciudad. Mi mamá lavaba para la calle y mis hermanas se
emplearon como criadas, hasta que llegó la Revolución y nos
incorporamos al proceso", recuerda Felipe.
"Nunca había ido a la escuela, pero a partir de entonces pude
aprender a leer y escribir. Trabajaba por el día y estudiaba en las
noches. De esa manera logré terminar el doce grado."
En su largo historial como parte de la mayor organización de
masas del país, resalta un detalle curioso: A pesar de haber
residido en siete lugares distintos de Pinar del Río, en ninguno ha
pasado inadvertido. "Me he mudado muchas veces y, dondequiera que
llego, al poco tiempo, me eligen presidente del CDR. Imagino que sea
porque siempre he mantenido la misma voluntad para salirles al
frente a las tareas.
"Es importante que los comités funcionen, no descuidar la labor
ideológica, combatir el delito y las ilegalidades, velar porque se
cumpla la guardia, para garantizar que las calles donde crezcan
nuestros niños continúen siendo tranquilas y seguras.
"Además, organizar los trabajos voluntarios, la limpieza de las
vías, la recogida de materias primas y las donaciones de sangre.
"Esta última es una actividad muy sensible. Se debe conversar con
las personas, explicarles la enorme importancia que ello tiene,
porque nadie nace donante. Todos empezamos por una primera vez."
Y como la mejor manera de persuadir es dar el ejemplo, aclara que
en su caso logró llegar a las 100 donaciones. "Una de ellas fue en
Etiopía, en condiciones de campaña, para asistir a un compañero
herido en combate. Se hizo la transfusión directa, de mi brazo al
suyo. Era la única manera de salvarle la vida".
Tras cinco décadas de haber sido protagonista de la creación de
los CDR, Felipe Hernández dice seguir fascinado con la energía que
emana de la organización.
"Siempre ha sido así, a lo largo de todos estos años. Creo que es
la respuesta del pueblo a una Revolución que nos hizo personas y nos
trajo la dignidad a quienes habíamos vivido con los ojos cerrados."