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Recalo de drogas
Alerta en el litoral
Lianet Arias Sosa
Puerto Esperanza es un pueblo del litoral pinareño. Durante los
días de frío, cuando el tiempo no acompaña, botes grandes y pequeños
se acunan solitarios sobre la superficie del mar. Sus nombres
recuerdan palabras esenciales: Familia, Madre, Revolución...
Ahora El Velero de Orelvis Iglesias ha quedado, como los otros,
amarrado a la orilla; pero semanas atrás "no había mucho que hacer",
así que el pescador salió en busca de objetos traídos por las olas.
Entonces encontró, en uno de los cayos vecinos, un paquete de
drogas.
Dicen que los narcotraficantes, cuando son perseguidos, lanzan su
carga terrible al mar, y que a veces las corrientes la acercan a la
costa. Orelvis nunca había visto una paca de marihuana, pero supuso
lo que era porque allí, en el Puesto de Guardafronteras de Puerto
Esperanza, los preparan en lo concerniente a las drogas y les
enseñan qué hacer en caso de hallar paquetes sospechosos.
Llamó a uno de sus compañeros, que se quedó en el lugar. Con
alguien cuidando de la paca, partió hacia el puesto de
guardafronteras, donde urgentemente tomaron medidas para
trasladarla.
MIRANDO AL MAR
Niurka Casanova es una de las pocas mujeres con el cargo de
segunda jefa de un puesto de Tropas Guardafronteras. Tiene 27 años
de servicio en la provincia y desde 1995 trabaja en Puerto
Esperanza.
Unos 50 kilómetros abarca el tramo de costa bajo su
responsabilidad. Aquí, señala, llegan pocos recalos de droga y
arriban generalmente en el invierno, debido a la presencia de los
nortes. Han sido detectados por colaboradores y por nuestras
fuerzas, y siempre se han entregado, añade.
Existen los destacamentos Mirando al mar. En ellos confluyen
personas que viven cerca de la costa y revisan el tramo todas las
mañanas para proteger nuestras fronteras de flagelos como las drogas
y las salidas ilegales, entre otros. Nada se les paga. Lo hacen
porque están conscientes de los perjuicios sociales que generan
estos hechos.
Los pescadores que colaboran tienen otras misiones. En el mar
abierto pueden ser testigos del paso de una lancha rápida destinada
al tráfico humano. Entonces, su información alertaría a ese y otros
puestos.
Muchos kilómetros después, justo en el extremo más occidental de
Cuba, jóvenes del servicio militar cumplen funciones semejantes. En
la previa se les imparten temas generales sobre tropas
guardafronteras y, ya en los puestos, continúan su preparación.
De acuerdo con el mayor Reynaldo Peralta, jefe del puesto
fronterizo del Cabo de San Antonio, la misión fundamental allí
resulta el enfrentamiento al narcotráfico y la detección de paquetes
de droga que puedan penetrar en aguas territoriales cubanas o llegar
hasta la tierra misma.
Soldados y oficiales también permanecen alertas frente a la
posible rotura de alguna embarcación o el paso de medios rápidos
involucrados en el tráfico de personas.
POSIBLE AUMENTO
El mayor Tomás Rodríguez, jefe de Operaciones del destacamento de
guardafronteras de Pinar del Río, indica que durante los primeros
meses del 2010 los recalos de drogas han ocurrido por el frente
norte de la provincia.
En lo que va de año se han detectado siete hechos de este tipo,
número alto si se precisa que, durante todo el anterior, ascendieron
a nueve. Arroyo de Mantua, Santa Lucía, Pajarito, San Pedro y Puerto
Esperanza constan entre los lugares de arribo.
Mientras, guardafronteras y ciudadanos en todo el litoral velan
por que los narcóticos no penetren al país. De encontrarse, los
paquetes de droga tendrían un solo final: el crematorio y la
incineración, conclusión justa para sustancias tan contrarias a la
vida. |