De su conservación —coinciden los investigadores— depende, en
gran parte, la vida en el planeta, pues representa la principal
reserva de carbono de la biosfera y se define como la gran fuente de
carbono y nitrógeno en los ecosistemas terrestres.
Los agricultores habaneros —la Cooperativa de Producción
Agropecuaria (CPA) 26 de Julio, de Nueva Paz, es un ejemplo— ganan
conciencia acerca de que en las lombrices de tierra existe una
alternativa viable y sustentable, capaz de suministrarle al suelo
fertilizante natural, sin contaminación.
Este colectivo recién iniciado lleva a tres hectáreas la "receta"
mediante la cual se desarrollan los procesos biológicos que
transforman los residuos orgánicos. Al principio, apunta Juan
Sánchez Martell, presidente de la CPA, no pocos miraban con recelo
la lombricultura, pero bastaron los resultados de un año de
experiencia para probar su efectividad en la germinación de las
semillas y el desarrollo de las plantas.

Ya los expertos habían adelantado que el uso de esta técnica
previene las enfermedades que pudieran ocurrir durante el trasplante
y evita el shock por heridas o cambios bruscos de temperatura y
humedad.
Los logros son alentadores, demuestran cuánto tiempo hemos
perdido por no seguir las indicaciones de los que más sabían,
subraya Sánchez Martell.
Gracias a esta medida, se obtienen viandas y hortalizas con
propiedades agrobiológicas superiores a las de sustratos originales
y de fácil integración al ambiente del suelo.
La CPA de Nueva Paz tiene grandes posibilidades de incremento, al
disponer del estiércol que dejan más de 700 cabezas de ganado vacuno
estabulado. Este se considera muy bueno para utilizarlo como
sustrato inicial y alimento durante la producción; en cambio, el de
terneros se recomienda más, el de los equinos lo consideran óptimo
por su alto contenido de celulosa, y el porcino es rico en
proteínas.
Nuestros rendimientos agrícolas son bajos, indica el directivo.
Por eso estamos obligados a utilizar los recursos que poseemos,
prescindir de importaciones, "hacer más saludable y económica la
producción, aprovechar mejor los conocimientos de la ciencia —lo
cual hasta ahora no hacíamos— y mantener el entorno libre de
contaminación".
Entre las 127 cooperativas que en La Habana emplean esta
alternativa, la 26 de Julio tiene su espacio en el pelotón inicial,
y crea condiciones para sumarse pronto a la vanguardia.
Organizaciones e institutos prestigiosos, como el de
Investigaciones Fundamentales en la Agricultura Tropical (INIFAT),
unen esfuerzos y experiencias hace muchos años para contribuir con
el subprograma de abonos orgánicos para la agricultura urbana.
La doctora Elizabeth Peña Turruellas, directora del Instituto de
Investigaciones Hortícolas Liliana Dimitrova, confirma en su libro
dedicado a profundizar en la lombricultura como alternativa de
descontaminación ambiental y de nutrición, la existencia de grandes
extensiones de suelos no aptos para la agricultura, de bajos
rendimientos ocasionados por el desgaste, abuso de prácticas
agrícolas o el alto grado de mineralización.
Sin embargo, precisa, cuando se aplican métodos de explotación
que no dañen la estabilidad del ambiente, entre estos el uso de
determinadas biotecnologías, aumentan la disponibilidad y
durabilidad de los recursos naturales.
Una de estas biotecnologías lo es, sin duda, la lombricultura o
vermicultura, término que proviene del latín vermes (gusano)
y cultura (conocimiento). Tales términos definen la utilización de
las lombrices de tierra como agentes biológicos en el proceso de
transformación.
La conocida lombricultura es indispensable en cualquier propiedad
agraria para fines comerciales y de subsistencia. En su proceso
aprovecha los residuos sólidos orgánicos derivados de las
actividades agrícolas, pecuarias, agroindustriales y urbanas,
obteniéndose dos productos de alta calidad, demanda y bajo costo:
humus y proteína.
A diferencia de lo que muchos creen, no es una alternativa propia
de los tiempos actuales. Desde la antigüedad las lombrices formaron
el humus en el suelo, lo cual Aristóteles definió como
el "intestino de la tierra". La historia recoge que fueron los
egipcios los pioneros en calificarlas como animales eficientes para
preservar el suelo.
Hay una definición de la doctora Elizabeth Peña que sugerimos a
los productores agrícolas que emplean la lombricultura: generalmente
el humus recién excretado por las lombrices tiene apariencia
de borra de café y, al observar detenidamente el material, se ve la
formación de "pequeños tabaquitos".
Cuando la superficie presenta esta apariencia, en la mayoría de
las ocasiones es señal inequívoca de que las lombrices han
succionado todo el alimento.
Mediante esta observación podrán determinarse la frecuencia y
espesor de la capa de alimento que debe aplicarse, garantía en la
calidad del proceso.