Además, le infundía cierta molicie descolgar el teléfono para
importunar a alguien con sus averiguaciones el segundo domingo de
mayo. Eso, y la presunción de que habiendo de por medio tantos
colombianos, venezolanos y mexicanos en el pelotón seguramente sería
improbable que algún cubano ganase una medalla en las pruebas de
ruta, por lo cual decidió retirarse a pasar él también el resto del
día con su madre.
Esa determinación la acompañó con el criterio de escribir al día
siguiente —o sea, ayer— un breve trabajo en el que reseñaría la
"tímida" actuación de sus coterráneos con los otros resultados, tras
anunciar el comienzo de los eventos en pista en el velódromo Tres
Centurias, de México, donde a su juicio residirían las mayores
opciones de la Isla rumbo al podio. Sin embargo, no sabía bien cuán
lejos está de ser como Nostradamus, porque sí que hubo medallas. Y
no una, sino tres. Que ya sería el colmo.
Si a primera hora, Dalila Rodríguez inauguraba el medallero con
un bronce, al cubrir el recorrido de 83,6 kilómetros, con el mismo
crono que la estadounidense Chelley Evans y la canadiense Joelle
Numanville (2:41:09 horas), oro y plata en ese orden, poco después
Arnold Alcolea y Raúl Granjel la secundaban haciendo el dos-tres
entre los hombres.
Inaudito, pero cierto. Ambos pedalistas flanquearon la llegada
del chileno Carlos Oyarzun, subtitular un día antes de la
contrarreloj individual, y dejaron sin presea al colombiano Gregorio
Ladino, monarca del 2009, con lo cual solo restaría saber si
hallaron la motivación en el carácter especial de la fecha (Día de
las Madres), o bien para disipar aquello de que en el ciclismo
cubano "las mujeres mandan".
Con ese resultado, Cuba ancló en la cuarta posición del medallero
que ya integran ocho países. Ah, y por cierto, casi lo olvido, hoy
comienza la pista.