El rey de Tailandia celebró en apenas una hora sus 60 años en el
trono, aunque su regalo sea un país dividido y caótico con remotas
esperanzas de calma, reporta Prensa Latina.
La imagen de Bhumibol Adulyadej saliendo en silla de ruedas del
hospital Siriraj, vestido en uniforme blanco de gala, contrasta con
el halo divino conque muchos lo veneran en Tailandia.
El monarca de 82 años de edad estuvo apenas una hora en el Gran
Palacio real, pero su afección respiratoria lo obligó a recogerse
rápidamente, una vez más sin mencionar los conflictos que sufre
Tailandia.
Sin protagonismo político, el viejo monarca es más reconocido
como mediador que como rector del destino tailandés, aunque en 1992
apeló a su influencia moral para acabar con una ola de disturbios.
La semana pasada se pronunció públicamente durante la investidura
de varios jueces, a los que llamó a ejercer su profesión con ética y
rigor, mientras en las calles morían manifestantes y soldados.
Una esperanza de paz surgió ayer cuando el movimiento opositor
Camisas Rojas aceptó el plan de reconciliación nacional propuesto
por el acosado primer ministro Abhsiti Vejjajiva.
Sin embargo, los manifestantes aceptaron sumarse a la llamada
Hoja de Ruta, pero pretenden quedarse en las calles hasta que
Abhisit fije un plazo para disolver el Parlamento.
El gobierno propuso la realización de elecciones anticipadas el
14 de noviembre, así que, según la Constitución, el Parlamento debe
ser disuelto a finales de agosto o inicios de septiembre.
Los Camisas Rojas, en su mayoría campesinos y gente humilde que
apoyan al depuesto premier Thaksin Shinawatra, reclaman desde el 12
de mayo la renuncia de Abhisit y la convocatoria de nuevos comicios.
Tras dos meses de protestas, los enfrentamientos entre fuerzas de
seguridad y manifestantes han dejado 27 muertos, mil heridos y
pérdidas económicas millonarias, la mayoría en el turismo.