William
Vivanco aprendió bien pronto que no es bueno aferrarse a una sola
línea creativa, sin dejar de imponerse entre la eclosión de
intérpretes cubanos con un estilo auténtico e inequívoco matizado
siempre de una desbordante espiritualidad.
En
el teatro Karl Marx, junto a su grupo, se presentó en concierto el
pasado domingo, para seguir promocionando su más reciente producción
discográfica El mundo está cambia’o
y recordar algunos de sus conocidos temas que le dieron a conocer
hace ya algunos años.
Fusión, experimentación y originalidad son las aristas que
sustentan su creación musical, que abarca géneros tan diversos como
el joropo, el montuno, el tango, la conga, la zamba, el pilón, la
milonga y el flamenco. Imbrica lo tradicional con lo experimental,
lo autóctono con lo foráneo, logrando un producto de innegable
calidad, depurada técnica y respeto a nuestras tradiciones sonoras,
cuyo acervo conjuga a lo contemporáneo mediante las letras de las
canciones, que discursan del ser humano de hoy día y sus conflictos
cotidianos.
Temas como Mejorana, Cuando vuelvo y Tango gris,
de sus anteriores fonogramas, fueron interpretados a golpe de cuica
y de yembé, entre otros exóticos instrumentos, junto a Olokun,
Anaconda y Del oriente, pertenecientes al disco que
acabó de promocionar por Europa y toda Cuba en una exitosa gira
nacional.
Debido a la seducción melódica que emana de sus ejecuciones, a la
atmósfera que logra en el escenario, esta vez cuidadosamente
decorado y con un notable diseño de luces, concluyo en que
apreciarlo en vivo es mucho mejor que escuchar sus discos. Poseedor
de una exuberante imaginación, impredecible virtuosismo y proyección
escénica, este cantautor hace ya algunos años que dejó de ser una
promesa de nuestra música para convertirse en una realidad. Tres
producciones discográficas ya es una cifra significativa para
valorar su trayectoria avalada por su formación coral y varios
reconocimientos.