Esta afirmación se argumenta en la creatividad y la combatividad
mostradas por ambos contendientes, el indio Viswanathan Anand,
actual campeón, y su retador el búlgaro Veselin Topalov, con apenas
un luchado empate entre ambos, por tres decisiones dignas de ser
exhibidas en cualquier bibliografía de la materia.
Deporte, ciencia y arte, así ha sido calificado por su carisma el
ajedrez, y en este sentido lo ocurrido en la capital búlgara, entre
estos dos colosos de tablero, se corresponde muy bien con la
definición planteada.
La primera partida, una victoria de Topalov, y la cuarta,
favorable a Anand, exaltaron la pugna deportiva definiéndose ambas
apenas rebasadas la jugada 30, sin que esto disminuyera el rigor
científico de su proceso, significándose a la vez como obras de arte
capaces de producir genuinos goces estéticos al ser reproducidas en
el tablero.
Las citadas partidas, además, mostraron muy bien las
posibilidades de la mente, generando inseguridad y retardo en los
programas computarizados de análisis, dada la profundidad y
originalidad de las ideas planteadas por sus creadores.
En posesión de la salida de apertura, ambos Grandes Maestros han
conseguido marcar el ritmo de las acciones, planteando siempre
problemas difíciles al bando de la defensa y solo el campeón ha
conseguido un empate —siempre algo inferior— con las negras. El
sistema Catalán, dentro del llamado Peón Dama simétrico, —1.d4 d5—
ha sido un arma letal en manos de Anand y no dudo por experiencia,
que ya Topalov haya tenido pesadillas con él.
Quedan ocho partidas por jugar, suponiendo que ninguno de los dos
consiga antes los 6,5 puntos que le darían la definitiva victoria.
Anand gana 2,5 a 1,5 pero pronosticar el resultado final es aún muy
arriesgado. Hoy Topalov, con blancas, saldrá a pelear por darle
alcance.