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Dispara derecha húngara alarmas en Europa

El apoyo popular al sector conservador húngaro para gobernar en solitario y el avance de la ultraderecha, dispararon las alarmas en una Europa que teme el retorno del fascismo al estilo del Tercer Reich alemán, reporta Prensa Latina.

La escalada derechista en el viejo continente se asocia al populismo de quienes propugnan el nacionalismo, la xenofobia y culpan a los inmigrantes de las consecuencias de la actual crisis económica y su manejo por los gobiernos, según comentarios de medios periodísticos europeos.

El reciente voto de castigo contra los socialdemócratas en Hungría, por su aplicación de medidas de choque frente a un desempleo de 11 por ciento, sentó las bases para que dos tercios del parlamento pasen a manos del futuro gobierno conservador.

Desde hace años los políticos europeos, la prensa y analistas explican este auge de la derecha a partir del miedo de las clases trabajadoras -socialistas durante décadas-, a perder el empleo por la crisis y la competencia con la inmigración por los puestos de trabajo.

Pero en Europa del Este, donde los porcentajes de inmigrantes son ínfimos, parece haber otra explicación. La derecha se autodenomina defensora de la democracia y con ese discurso se inserta un sector extremista, que fomenta el odio hacia las minorías.

En el caso húngaro se aplica a los gitanos, que representan apenas ocho por ciento de la población, y a otras nacionalidades vecinas.

Los sondeos aseguran que 55 por ciento de la población no desea tener un vecino gitano, el 50 por ciento lo rechaza si es homosexual, mientras que 25 por ciento desprecia a eslovacos, rumanos y judíos.

Sólo con promesas de solucionar esos y otros problemas, en un discurso calificado de populismo, podría explicarse el voto abrumadoramente mayoritario que recibió el partido Fidesz en la segunda vuelta de las elecciones de este domingo.

Su líder y próximo primer ministro, Viktor Orbán, es comparado por la prensa con el ultraderechista francés Jean-Marie Le Pen.

El argumento que esgrimen algunos observadores es válido igualmente para comprender cómo la falange fascista Jobbik (significa más hacia la derecha y el mejor) se convirtió este domingo en la tercera fuerza política de Hungría, pese a que su plataforma propugna antisemitismo y el rechazo a los gitanos, al punto de plantear su expulsión del país.

Hungría se inserta así en una corriente continental impulsada por la crisis económica, el desempleo masivo, la inmigración, el temor al Islam, la inseguridad, el miedo al cosmopolitismo y la sensación de incertidumbre que viven los sectores sociales desprotegidos.

A juicio del experto cubano Ernesto Domínguez López, del Centro de Estudios Europeos, la situación actual entrará en un período más turbulento, pues la crisis estructural y sistémica que enfrenta hoy el mundo inexorablemente llevará a cambios en los factores de acumulación, los centros de poder y las relaciones internacionales.

Liga Norte, de Humberto Bossi, en Italia; Frente Nacional, de Le Pen, en Francia; Partido de la Libertad, de Geert Wilders, en Holanda; Partido Nacional Eslovaco, radicalmente nacionalista; Unión Democrática de Centro, de Christoph Blocher, en Suiza, son algunas de las fuerzas conservadoras y de ultraderecha que han ascendido en la palestra política con respaldo electoral.

La xenofobia, defensa de la identidad nacional, antisemitismo, rechazo a los inmigrantes, al ultraliberalismo, a la globalización y a las organizaciones supranacionales, son elementos comunes en sus discursos.

En algunos países las campañas de tales grupos ganan adeptos a pesar de tonos agresivos en sus campañas, como el Partido Nacional Británico, cuyo eslogan más común es " íCastigar a los cerdos y recuperar nuestro país!".

Mientras en Francia, Holanda y Bélgica el enfrentamiento al Islam llega a extremos tales de proponerse leyes para prohibir los atributos religiosos, como el caso de la burka (velo de las mujeres musulmanas), atrincherados en un debate sobre identidad y seguridad nacional.

Hungría "está sumergida en deudas", admitió este lunes en rueda de prensa el futuro primer ministro, Viktor Orbán. Tal situación condicionó sin duda su propuesta de política económica durante la campaña, en la que prometió reducir impuestos y crear empleos.

Orbán dijo que está dispuesto a renegociar las condiciones sobre el pago del elevado endeudamiento del país con la UE y el Fondo Monetario Internacional, por lo que necesariamente enfrentará imposiciones externas, las cuales pudieran entrar en contradicción con los ofrecimientos a sus seguidores.

 

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