Bosques nuevos y enriquecidos

JORGE LUIS MERENCIO CAUTÍN

GUANTÁNAMO.— Cuenta la ingeniera forestal Madelaine Oyarzábal Almaguer que cuando, a principios de los noventa del pasado siglo, llegó a la Empresa Agroforestal Militar Arturo Lince, en las serranías guantanameras del municipio de El Salvador, la deforestación rebasaba el 30% de las áreas, muchas de las cuales semejaban un peladero.

La intensa sequía pone a prueba el esfuerzo de los trabajadores de los viveros en Guantánamo.

Ese índice, rememora, llegaba al 50% en la cuenca hidrográfica del río Calabaza, oquedad por donde el país inició, mediante el Instituto de Investigaciones Forestales, las acciones de reforestación de esos accidentes geográficos, labor extendida posteriormente a otras de interés nacional como las del Cauto, Toa y Guantánamo-Guaso, por mencionar algunos ejemplos.

"De ahí que no fuera casual que en mi función como directora agroforestal de la Arturo Lince me diera a la tarea de emprender una vasta campaña para el fomento de los bosques, la cual contó con el apoyo total de la empresa y de las comunidades y familias serranas, cada vez más concientizadas de la necesidad de plantar árboles y conservarlos".

Lo cierto es que a menos de dos décadas de iniciada tan importante tarea, se ha reducido la deforestación a solo el 3% del patrimonio boscoso de la empresa, que exhibe como otra buena carta la recuperación de la floresta en las cuencas de los ríos Calabaza y Sagua, en especial en sus franjas hidrorreguladoras.

Esta empresa del sistema de la Unión Agropecuaria Militar (UAM) tiene como cultivos fundamentales el café y el cacao —rubros tradicionales en la región que gracias a la gestión del colectivo exhiben un repunte promisorio—, y ha venido desarrollando de manera sostenida y también bajo el más estricto régimen de explotación económico-productiva otros renglones agrícolas —viandas, frutas, granos y hortalizas.

Unido a esto han dedicado buena parte de sus empeños al fomento infraestructural, la construcción de viviendas y facilidades sociales y productivas que persiguen la estabilidad y consolidación de las comunidades montañesas, así como a la preparación de la defensa en el territorio.

Pero dado el peso de la silvicultura —actividad que para nadie es un secreto se relaciona íntimamente con la preservación y desarrollo de recursos naturales de suma importancia en la lucha contra los efectos de la devastación ambiental— quisimos enfocar cuánto hace y puede hacer la empresa en cumplimiento de una misión tan sensible. Es importante destacar cómo la tarea es asumida bajo rigurosos criterios de eficiencia.

La prioridad actual se dirige al enriquecimiento o reconstrucción del bosque. Es decir, a la incorporación a este de especies de alto valor económico en sustitución de las de poco interés mercantil. Ese objetivo se va logrando con la suplantación de la yagruma, jobo, ayúa y guásima (sobre todo ellas) por especies de gran valía, rápido crecimiento y fácil adaptación a este entorno serrano como el cedro, majagua y caoba hondureña, coinciden en afirmar Jorge Sollet Verdecia y Manuel Iván Perdomo Pérez, directores respectivos de las Granjas Militares Integrales Calabaza y Los Lirios.

Como para afianzar el antiguo proverbio de que vista hace fe, tanto Jorge como Manuel Iván (graduado como ingeniero forestal en la Facultad de Montaña de Sabaneta, en el propio municipio de El Salvador) mostraron a Granma áreas reforestadas con las mencionadas especies preciosas que afianzan el crédito a sus palabras.

Concordaron, incluso, en enseñarnos espacios reforestados que ya aportan madera para su aprovechamiento en el aserradero de La Punta, modernizado con la incorporación de una sierra móvil y un horno de secado.

Para sostener los planes de siembra, la empresa dispone de viveros en cada una de sus seis granjas. En ellos se desarrollan las especies forestales mencionadas y otras como pino y casuarina; también simientes de frutales: guayaba, naranja, toronja, zapote (mamey colorado) y aguacate, algunas sembradas en áreas compactas y otras intercaladas en los cafetales.

Lo logrado ha exigido una cuota alta de sacrificio de los trabajadores de los viveros para que las plantaciones no perezcan como consecuencia de la intensa sequía que ahora enfrentan. Así lo demuestran Vilma, Dennis y Liomer en el semillero de Calabaza, donde se auxilian de bueyes para buscar agua y de cántaros y regaderas para hacerlas llegar a los bolsos.

Los directivos de la actividad forestal en la Arturo Lince no ocultan que su principal reto en este campo lo constituye la disponibilidad inmediata del Proyecto de Ordenación Forestal de la empresa. "Hasta el momento hemos trabajado con planes de manejo forestal, pero lo que rige la actividad es el Proyecto de Ordenación", corrobora Madelaine para agregar, finalmente, que ya gestionan su ejecución con la Empresa santiaguera de Geocuba.

 

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