Realmente para nosotros, que tuvimos la posibilidad de participar
en Copenhague, ha resultado impresionante el profundo, serio y
reflexivo trabajo que los 17 grupos han desarrollado durante estos
días, y, sobre todo, el resumen profundo, serio y responsable que
han hecho aquí los cuatro compañeros que han hablado, por lo cual
nos unimos a ellos (Aplausos). Por ello felicitamos a todos los
participantes y estén seguros de que trabajaremos unidos para hacer
realidad lo que ustedes han dicho: salvar la vida, salvar la Madre
Tierra. Y yo sugiero, si es posible, poder hacer un resumen de estas
cuatro intervenciones que se hicieron en la mañana de hoy como parte
del trabajo que todos debemos desarrollar.
Ustedes conocen, desde hace mucho tiempo, los planteamientos que
sobre este tema ha hecho el compañero Fidel Castro. Al salir para
participar con ustedes en esta conferencia, se me pidió que les
trasladara un fraternal saludo del presidente Raúl Castro y de
nuestro líder de la Revolución Cubana, el compañero Fidel, quienes
han seguido muy de cerca el desarrollo de esta histórica cita
(Aplausos).
El 18 de diciembre de 2009 fuimos testigos, en Copenhague, del
fracaso en los intentos de hallar una solución eficaz a la más grave
amenaza que se cierne hoy sobre la humanidad: el calentamiento
global provocado por el aumento de la concentración de gases de
efecto invernadero en la atmósfera.
El mundo y ustedes habían puesto sus esperanzas en la Cumbre de
Copenhague. Largos e intensos años de preparación y negociaciones
precedieron aquella cita. Decenas de líderes y miles de
representantes de los movimientos sociales e instituciones
científicas acudieron a Copenhague, animados por la magnitud del
cambio climático provocado por la irracionalidad de las sociedades
de consumo del mundo capitalista y por la necesidad de hallarle
alguna solución. Sin embargo, la manipulación, el egoísmo y la falta
de voluntad política de los países desarrollados, particularmente
del mayor contaminador y responsable del cambio climático global,
tornaron esa conferencia en un imperdonable fracaso.
En Copenhague se desconocieron los reclamos de la ciencia y las
justas y necesarias demandas de la humanidad. Allí se reprimió
brutalmente a los miles de representantes de la sociedad civil que
viajaron a esa capital europea en defensa de la Madre Tierra.
Una vez más quedó en evidencia la esencia del sistema
capitalista, esa esencia que permite que se dediquen 12·millones de
millones de dólares a salvar bancos y a recompensar a especuladores
en una gravísima crisis que ellos mismos provocaron y no en invertir
ese dinero en algo tan importante como es salvar la vida, salvar la
Madre Tierra.
Estamos frente a un peligro realmente inminente y sus efectos son
ya visibles y a su vez devastadores.
No podemos permanecer impasibles —como han expresado ustedes—
ante estos hechos, ni tampoco al ver cómo el ingreso total de los
500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416
millones de personas más pobres, ni contemplar pasivamente cómo
cerca de 1·000 millones de ciudadanos del primer mundo derrochan
alrededor de la mitad de la energía del planeta cuando más de 2·000
millones de pobres carecen siquiera de electricidad.
No podemos ser indolentes ante la realidad de que un tercio de la
población mundial carece de atención médica y de medicamentos
esenciales para garantizar la salud.
Esta situación se agravará en la medida en que el cambio
climático, la escasez de agua y de alimentos sean mayores en este
mundo globalizado, donde la población crece, los bosques
desaparecen, la tierra agrícola disminuye, el aire se hace
irrespirable y la especie humana corre el riesgo real de
desaparecer.
Exijamos un orden internacional más justo y racional para toda la
humanidad, como han expresado aquí ustedes. No permitamos que los
países desarrollados tomen como rehén de su política consumista las
negociaciones internacionales sobre el cambio climático. Los pueblos
del mundo han de ponerse en fila para que —como dijera José Martí—
"no pase el gigante de las siete leguas".
Impulsemos un verdadero proceso de participación ciudadana y
consulta con la sociedad, y de un diálogo abierto con y entre los
pueblos, con el fin de lIevar adelante acciones urgentes para evitar
mayores daños y sufrimientos a la humanidad y la Madre Tierra.
Esta Conferencia, convocada por el compañero Evo, es una
contribución decisiva en la defensa de la Madre Tierra, en la que
debemos ser inclaudicables.
Exijamos en Cancún que se analicen las verdaderas causas del
cambio climático y no sólo sus consecuencias. Comprometamos a los
gobiernos del mundo para que las negociaciones futuras ayuden a
transitar hacia un modelo económico verdaderamente sostenible.
Los países desarrollados deben respetar el principio de las
responsabilidades comunes pero diferenciadas y el derecho de
nuestros pueblos al desarrollo y a un espacio atmosférico justo.
Exijámosle al mundo industrializado, que es el mayor responsable
del cambio climático, que se comprometa a aportar los recursos
nuevos y adicionales necesarios y pague la multimillonaria deuda
ecológica mencionada por Fidel en su histórico discurso en la Cumbre
de Río de 1992, en la cual expresó —y cito:
"Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay
que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el
planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para
que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la tierra."
La Madre Tierra nos está pasando factura por el abuso, y los que
más han abusado son los que se oponen a tomar medidas, y por lo
general culpan a los países subdesarrollados. Si no les imponemos la
voluntad del planeta a unos cuantos ricos que lo han contaminado, o
logramos que cesen de hacerlo al menos, lo que tocará vivir a los
humanos será un desastre que hará imposible la supervivencia de
nuestra especie.
Cabe aquí una pregunta: ¿Habrá conciencia en los países más
desarrollados, sobre todo los que expresan defender los derechos
humanos, de que lo que dejemos de hacer por detener las
consecuencias del cambio climático irá en contra del ser humano, de
la especie humana y de la vida del hombre? Estamos todavía a tiempo
de lograr que reflexionen y hagan todo lo posible por salvar la
naturaleza y a nuestra especie, a la cual todos pertenecemos.
Reclamémosle a Estados Unidos, que continúa siendo el mayor
contaminante del mundo, que ratifique el Protocolo de Kyoto y se
comprometa con una segunda fase de compromisos más ambiciosos.
Sirvan estas sesiones que ustedes han protagonizado para
propiciar un verdadero movimiento mundial a favor de los derechos de
la Madre Tierra y de la humanidad toda. Continuemos la lucha por la
salvación de nuestra especie y por un mundo mejor y posible al que
no debemos renunciar, porque sería una gran irresponsabilidad de los
que podemos y tenemos la obligación de impedirlo.
Muchas gracias y felicidades, compañeros.
¡Junto a ustedes estaremos en la lucha! (Aplausos.)