Continuemos la lucha por la salvación de nuestra especie por un mundo mejor y posible

Intervención de Esteban Lazo Hernández, vicepresidente del Consejo de Estado, en la Conferencia mundial de los pueblos sobre el cambio climático y los derechos de la Madre Tierra, en Cochabamba, Bolivia, el 22 de abril de 2010, "Año 52 de la Revolución".

(Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado)

Compañero Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales Ayma;

Estimados representantes de los movimientos sociales reunidos en esta histórica cita;

Distinguido compañero Hugo Chávez;

Representantes de los diferentes gobiernos:

Realmente para nosotros, que tuvimos la posibilidad de participar en Copenhague, ha resultado impresionante el profundo, serio y reflexivo trabajo que los 17 grupos han desarrollado durante estos días, y, sobre todo, el resumen profundo, serio y responsable que han hecho aquí los cuatro compañeros que han hablado, por lo cual nos unimos a ellos (Aplausos). Por ello felicitamos a todos los participantes y estén seguros de que trabajaremos unidos para hacer realidad lo que ustedes han dicho: salvar la vida, salvar la Madre Tierra. Y yo sugiero, si es posible, poder hacer un resumen de estas cuatro intervenciones que se hicieron en la mañana de hoy como parte del trabajo que todos debemos desarrollar.

Ustedes conocen, desde hace mucho tiempo, los planteamientos que sobre este tema ha hecho el compañero Fidel Castro. Al salir para participar con ustedes en esta conferencia, se me pidió que les trasladara un fraternal saludo del presidente Raúl Castro y de nuestro líder de la Revolución Cubana, el compañero Fidel, quienes han seguido muy de cerca el desarrollo de esta histórica cita (Aplausos).

El 18 de diciembre de 2009 fuimos testigos, en Copenhague, del fracaso en los intentos de hallar una solución eficaz a la más grave amenaza que se cierne hoy sobre la humanidad: el calentamiento global provocado por el aumento de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.

El mundo y ustedes habían puesto sus esperanzas en la Cumbre de Copenhague. Largos e intensos años de preparación y negociaciones precedieron aquella cita. Decenas de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales e instituciones científicas acudieron a Copenhague, animados por la magnitud del cambio climático provocado por la irracionalidad de las sociedades de consumo del mundo capitalista y por la necesidad de hallarle alguna solución. Sin embargo, la manipulación, el egoísmo y la falta de voluntad política de los países desarrollados, particularmente del mayor contaminador y responsable del cambio climático global, tornaron esa conferencia en un imperdonable fracaso.

En Copenhague se desconocieron los reclamos de la ciencia y las justas y necesarias demandas de la humanidad. Allí se reprimió brutalmente a los miles de representantes de la sociedad civil que viajaron a esa capital europea en defensa de la Madre Tierra.

Una vez más quedó en evidencia la esencia del sistema capitalista, esa esencia que permite que se dediquen 12·millones de millones de dólares a salvar bancos y a recompensar a especuladores en una gravísima crisis que ellos mismos provocaron y no en invertir ese dinero en algo tan importante como es salvar la vida, salvar la Madre Tierra.

Estamos frente a un peligro realmente inminente y sus efectos son ya visibles y a su vez devastadores.

No podemos permanecer impasibles —como han expresado ustedes— ante estos hechos, ni tampoco al ver cómo el ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones de personas más pobres, ni contemplar pasivamente cómo cerca de 1·000 millones de ciudadanos del primer mundo derrochan alrededor de la mitad de la energía del planeta cuando más de 2·000 millones de pobres carecen siquiera de electricidad.

No podemos ser indolentes ante la realidad de que un tercio de la población mundial carece de atención médica y de medicamentos esenciales para garantizar la salud.

Esta situación se agravará en la medida en que el cambio climático, la escasez de agua y de alimentos sean mayores en este mundo globalizado, donde la población crece, los bosques desaparecen, la tierra agrícola disminuye, el aire se hace irrespirable y la especie humana corre el riesgo real de desaparecer.

Exijamos un orden internacional más justo y racional para toda la humanidad, como han expresado aquí ustedes. No permitamos que los países desarrollados tomen como rehén de su política consumista las negociaciones internacionales sobre el cambio climático. Los pueblos del mundo han de ponerse en fila para que —como dijera José Martí— "no pase el gigante de las siete leguas".

Impulsemos un verdadero proceso de participación ciudadana y consulta con la sociedad, y de un diálogo abierto con y entre los pueblos, con el fin de lIevar adelante acciones urgentes para evitar mayores daños y sufrimientos a la humanidad y la Madre Tierra.

Esta Conferencia, convocada por el compañero Evo, es una contribución decisiva en la defensa de la Madre Tierra, en la que debemos ser inclaudicables.

Exijamos en Cancún que se analicen las verdaderas causas del cambio climático y no sólo sus consecuencias. Comprometamos a los gobiernos del mundo para que las negociaciones futuras ayuden a transitar hacia un modelo económico verdaderamente sostenible.

Los países desarrollados deben respetar el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas y el derecho de nuestros pueblos al desarrollo y a un espacio atmosférico justo.

Exijámosle al mundo industrializado, que es el mayor responsable del cambio climático, que se comprometa a aportar los recursos nuevos y adicionales necesarios y pague la multimillonaria deuda ecológica mencionada por Fidel en su histórico discurso en la Cumbre de Río de 1992, en la cual expresó —y cito:

"Si se quiere salvar a la humanidad de esa autodestrucción, hay que distribuir mejor las riquezas y tecnologías disponibles en el planeta. Menos lujo y menos despilfarro en unos pocos países para que haya menos pobreza y menos hambre en gran parte de la tierra."

La Madre Tierra nos está pasando factura por el abuso, y los que más han abusado son los que se oponen a tomar medidas, y por lo general culpan a los países subdesarrollados. Si no les imponemos la voluntad del planeta a unos cuantos ricos que lo han contaminado, o logramos que cesen de hacerlo al menos, lo que tocará vivir a los humanos será un desastre que hará imposible la supervivencia de nuestra especie.

Cabe aquí una pregunta: ¿Habrá conciencia en los países más desarrollados, sobre todo los que expresan defender los derechos humanos, de que lo que dejemos de hacer por detener las consecuencias del cambio climático irá en contra del ser humano, de la especie humana y de la vida del hombre? Estamos todavía a tiempo de lograr que reflexionen y hagan todo lo posible por salvar la naturaleza y a nuestra especie, a la cual todos pertenecemos.

Reclamémosle a Estados Unidos, que continúa siendo el mayor contaminante del mundo, que ratifique el Protocolo de Kyoto y se comprometa con una segunda fase de compromisos más ambiciosos.

Sirvan estas sesiones que ustedes han protagonizado para propiciar un verdadero movimiento mundial a favor de los derechos de la Madre Tierra y de la humanidad toda. Continuemos la lucha por la salvación de nuestra especie y por un mundo mejor y posible al que no debemos renunciar, porque sería una gran irresponsabilidad de los que podemos y tenemos la obligación de impedirlo.

Muchas gracias y felicidades, compañeros.

¡Junto a ustedes estaremos en la lucha! (Aplausos.)

 

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