Corría el mes de agosto de 1951 y en la apacible localidad
francesa de Pont-Saint-Esprit se produjo una alarma ante la
intoxicación masiva con dietilamida de ácido lisérgico, o LSD, que a
través del pan para consumo humano terminó con la vida de cinco
personas y otras 300 quedaron afectadas, de las cuales 30 fueron
recluidas por largos años en centros psiquiátricos.
Comenzaba así la historia del llamado "pan maldito", que
provocaba una aparente intoxicación alimentaria con síntomas de
desorientación mental.
Cincuenta y ocho años después —en el 2009—, el periodista
estadounidense Hank Albarelli publicó un libro que recoge los
resultados de su investigación sobre experimentos secretos, que la
CIA llevó a cabo en el periodo de la Guerra Fría.
Según el autor, con el "pan maldito" de Pont-Saint-Esprit la
Agencia Central de Inteligencia pretendía examinar los efectos del
LSD.
Los relatos sobre lo sucedido son terribles: Un hombre intentó
ahogarse a sí mismo, gritando que su vientre estaba siendo devorado
por serpientes. Un niño de 11 años trató de estrangular a su abuela.
Otra persona gritó: "Soy un avión", antes de saltar por una ventana
de un segundo piso, rompiéndose las piernas. Otro "vio" a su corazón
escapar a través de sus pies y le pidió a un médico que se lo
pusiera de nuevo.
La pequeña localidad de Pont-Saint-Esprit es un cantón de solo
18,49 kilómetros cuadrados y tenía una población en 1999, de 9 265
personas. Durante más de cinco décadas sus habitantes han tratado de
comprender el incidente del "pan maldito", una enajenación colectiva
y alucinaciones.
Ahora parece que el misterio está resuelto: la CIA, durante el
periodo conocido como "guerra fría", y en el transcurso de sus
investigaciones para controlar la mente, añadió al pan de la
panadería del pueblo enormes cantidades de LSD, según documentos
descubiertos recientemente.
La acusación parte del periodista H. Albarelli Jr., quien
descubrió los escritos probatorios mientras tomaba notas para su
libro Un terrible error: el asesinato de Frank Olson y los
experimentos secretos de la CIA durante la Guerra Fría.
El autor asegura que fueron agentes de la Agencia Central de
Inteligencia los que contaminaron el pan con alucinógenos, según
reportes de la agencia ANSA.
En el acucioso relato se afirma que no se trató de un accidente,
sino de un experimento secreto conducido por la CIA, junto a
científicos del laboratorio de guerra biológica del ejército de
Estados Unidos, con base en Fort Detrick, en Maryland.
El propio periodista aclara que solo se encontró con el conocido
"pan maldito", mientras indagaba la muerte de Frank Olson, un
bioquímico de la CIA, que se arrojó por la ventana dos años después
de aquel episodio.
Y finalmente señala que, al parecer, los científicos que con sus
declaraciones llevaron a concluir que el caso de la localidad
francesa fue un accidente, trabajaban para la Sandoz, una empresa
farmacéutica suiza, que proveía secretamente a la Central de
Inteligencia y al ejército de Estados Unidos el LSD para sus
ensayos.
En el libro, Albarelli citó documentos de la Sandoz, que hablan
del secreto de Pont-Saint-Esprit. Y en fecha tan reciente como el 13
de marzo del 2010, la Radio del Sur publica en su página web la
afirmación del autor del libro de que la CIA está detrás del
misterioso caso del "pan maldito".
Albarelli corrió el velo de lo que él llamó una verdadera
"pistola humeante", en referencia a un documento de la Casa Blanca
enviado a los miembros de la Comisión Rockefeller, creada en 1975
para investigar los abusos de la CIA, que contiene los nombres de un
número de ciudadanos franceses, que habían sido empleados por sus
espías y hace referencia directa a lo sucedido en Pont-Saint-Esprit.
Detrás de la muerte del científico Frank Olson —dice Albarelli—
parece estar la CIA con su proyecto MK ULTRA.
¿Y qué era el proyecto MK ULTRA?
No era ni más ni menos que un plan destinado a conseguir el
control mental, lo mismo para tratar de obtener información de
prisioneros, que crear "supersoldados", que no revelen secretos, o
crear asesinos, que no saben que lo son, concluye el autor del
libro.
Por eso no es de extrañar el porqué el 28 de noviembre de 1953,
el hombre que se arrojara por la ventana del décimo piso de un hotel
de Nueva York, fuese el doctor Frank Olson, un científico que
trabajaba en la Chemical Corps Special Operations Division (División
de operaciones especiales del Ejército de Estados Unidos dedicada a
la investigación química).
Las razones de este aparente suicidio tardaron más de veinte años
en ver la luz.