Por voluntad del gobierno norteamericano, Honduras se ha
convertido en laboratorio de la nueva doctrina de Barack Obama para
América Latina. Consiste en el uso temporal de la fuerza para
"rectificar" el rumbo de la democracia en caso de su "desvío" del
contexto establecido por el Gran Patrón. La idea original pertenece
al teólogo e intelectual preferido de Obama, Reinhold Niebuhr, quien
escribió: "decir que el uso de la fuerza en la democracia a veces
puede ser necesario, no significa cinismo sino el reconocimiento de
la historia, los defectos del hombre y los límites de su razón".
El experimento "Honduras" da luz verde para nuevos golpes en
América Latina de duración corta, pero de consecuencias trágicas que
podrían desatar guerras civiles en algunos países en la lista del
Departamento de Estado. "Rectificar" el curso de la democracia
significa terminar con el ALBA, retornar al país a las corporaciones
globalizadas, disciplinar la mano de obra, eliminar sindicatos,
terminar con todas las instituciones colectivas, erradicar la noción
de la solidaridad e implantar la individualidad y la ignorancia al
estilo norteamericano para lograr total dominio de la población.
El nuevo presidente de Honduras, Porfirio Lobo, es en realidad
"el hijo" del golpe de Estado, cuya función principal consiste en
legitimarlo. Lo primero que hizo con el aval del Congreso fue dar
amnistía a los golpistas, inmunidad al golpista Roberto Micheletti.
Remuneró al ejecutor del golpe, general Romeo Vásquez Velásquez con
un sueldo suculento de director de la Compañía Nacional de
Telecomunicaciones (Hondutel). Como se esperaba, intensificó la
represión desatada por Micheletti contra el pueblo y su Frente
Nacional de Resistencia Popular (FNRP).
Actualmente Honduras, bajo el "rectificador" Porfirio Lobo, se ha
convertido en tumba de periodistas. Solamente en marzo fueron
asesinados cinco hombres de la prensa, que ni siquiera pertenecieron
a la resistencia, sino que se atrevieron a exponer la corrupción y
la injusticia reinante. Todos fueron acribillados en el interior de
sus vehículos con AK-47 y Lobo dice que fue ajuste de
narcotraficantes.
Si a los periodistas los están matando con tanta facilidad ya
podemos imaginar el nivel de la represión contra campesinos del
Aguán, los obreros de maquilas, los maestros y todos aquellos que
gritan diariamente en la calles: ¡¿Estás cansado? / ¡No! / ¿Tienes
miedo? / ¡No! / ¿Entonces? /¡Adelante, Adelante, que la lucha está
constante!
Esta voluntad del pueblo no puede ser silenciada ni por Lobo ni
por la nueva base norteamericana instalada en el lugar.