Actualizado 8:00 p.m., hora local

Las calumnias fortalecen aun más a esta Revolución

PABLO SOROA FERNÁNDEZ

Abigail González Velázquez, un campesino guantanamero que confiesa deberse en cuerpo y alma a la Revolución, afirmó hoy que las calumnias del Imperio fortalecen a ese proceso, irreversible e iniciado en la ínsula caribeña en enero de 1959.

"Las campañas contrarrevolucionarias no intimidan a Cuba", subrayó a la AIN González Velázquez, presidente de la cooperativa Feliberto Rodríguez, enclavada en el plan agrícola valle de Caujerí, recientemente visitado por el General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.

"Aquí, donde tanta miseria sufrimos los campesinos antes de 1959, la palabra de orden es cumplir lo orientado por Raúl en su visita de marzo pasado a este lugar," indicó el entrevistado, cuya cooperativa es de las de mayores rendimientos hortícola en el país: cinco mil quintales por caballería.

Actualmente en Caujerí se realiza el trasvase de las aguas del río Sabanalamar hasta la Presa Pozo Azul, con el fin de garantizar el riego sostenible y por gravedad de esa zona, única del archipiélago donde es posible cosechar hortalizas en primavera y verano.

En la etapa prerrevolucionaria, este valle entre montañas, localizado a 60 kilómetros al noroeste de la ciudad de Guantánamo, los campesinos se rebelaron contra la geofagia, el desempleo y la falta de escuelas, de hospitales y viviendas.

"Corojito", como familiarmente lo llaman sus compañeros de colectivo era un niño durante esa época, pero su padre le contaba que los salarios eran de cinco y 10 pesos mensuales, para los que tenían la suerte de trabajar.

Preguntado por el origen del apodo, responde que fue iniciativa seguramente de "los que me conocen bien y saben que con más facilidad se sube una mata de corojo que hacerme renunciar a los ideales revolucionarios".

El fruto de esta planta es una almendra deliciosa, dura de masticar y difícil de obtener, pues su tronco, parecido al de la palma real, está cubierto de largas y afinadas espinas que parecen hechas por la Naturaleza para preservar la especie.

González Velázquez subraya que el apoyo masivo al editorial del periódico Granma, da una idea de que el pueblo no entregará sus banderas al Imperio y que este deberá recorrer un camino lleno de espinas y de balas, si intenta, como en Girón y la Crisis de Octubre, que renunciemos a una sola de nuestras conquistas.

 

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