Que suene la música de la Independencia

FÉLIX LÓPEZ

Día ideal para desenfundar opiniones, sobre todo porque es sábado de insurrección de intelectuales y artistas contra la mentira y se están cumpliendo 142 años de la Asamblea de Guáimaro, madre de nuestra primera Constitución y sitio donde se fundó una República que proclamó "enteramente libres a todos sus habitantes". Es en nombre de esa Libertad que Cuba existe.

Lo ignoran —o hacen como que no lo saben— quienes en las últimas semanas han organizado el más reciente aquelarre mediático contra la revolución cubana. Vuelven sobre el camino trillado de intentar destruir a una nación con las mismas técnicas publicitarias con que se venden sueños y mercancías. Apuestan todo a que su gigantesca aplanadora mediática borrará de una vez el "mal ejemplo" de esta Isla y arrastran tras sí a los mismos desmemoriados de siempre y a los novísimos caza fortuna de la industria anticubana.

Si piensan que exagero, revisen y busquen en la historia mediática del continente quiénes recibieron más cobertura de las trasnacionales de la noticia: ¿las cientos de abuelas de la Plaza de Mayo —a las que les torturaron, asesinaron y desaparecieron a sus hijos y nietos— o las tres decenas de las llamadas damas de blanco, que saben perfectamente dónde están sus familiares? ¿Cómo es que el chantaje puede pasar a los titulares de primera plana convertido en heroicidad? ¿Quién se atreve a mostrar a un terrorista asesino que marcha en primera fila para que se condene al país de sus propias víctimas?

Es precisamente esa obscenidad la que ya les está desmoronando la campaña. La euforia se les va desdibujando en rabia. Así lo demuestran los ataques bajísimos contra todos los que levantan una vez más su voz por Cuba. La cacería desenfrenada de cualquier declaración que pueda ser sospechosa de disidencia hacia la revolución y la manipulación de lo que sea: una palabra fuera de contexto, una canción, una noticia¼ Hace dos semanas, por ejemplo, flipaban porque Silvio Rodríguez se "atrevía" a cantar: "Dijo Guevara el humano/ que ningún intelectual/ debe ser asalariado/ del pensamiento oficial" (Tonada del albedrío)..., pero hoy piden su cabeza y odian sus canciones por ser el primero en subir a una tarima y decirle a su pueblo que va a cantar porque le sobran motivos para creer en la Revolución.

De esa química singular están hechos los verdaderos patriotas. No es Cuba un coto cerrado de corderos o borregos. Somos un pueblo de voz y de opinión. De gente que sabe discutir a viva voz y lavar los trapos sucios en casa. Hoy mismo, entre quienes vamos a bañarnos de sol escuchando hermosas canciones, hay un debate tan abierto y amplio como un abanico. Y todo porque queremos ser mejores. Construir un país mejor para nuestros hijos y no dejar que se vuelvan herrajes las alas de esta revolución que nos catapultó hasta lo que somos. Pero esa es una tarea muy nuestra, en la que no tienen la más mínima posibilidad de participar aquellos que tanto nos desprecian.

Hace 142 años, en el Guáimaro insurrecto, Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte no callaron sus diferencias sobre cómo llevar a la victoria al movimiento independentista cubano. De la diversidad de sus opiniones surgió la unidad, y de esta última nació la República con una Constitución modelo, aún cuando no tenían un palmo de tierra donde clavar la bandera. De esa estirpe y de esa fibra somos los cubanos¼ Por eso cuando escuché a Israel Rojas, un joven cantautor cubano, decir de Buena Fe que "no podemos darnos el lujo de dejar de tocar el violín de José Martí o abandonar la hermosa música de la independencia", intuí que el sábado sería otro día grande para Cuba.

 

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