A todo tren por “la vía láctea”

Alentador es el paso que hoy lleva la empresa de productos lácteos, comparado con aquellos "descarriles" que impedían avanzar al ritmo deseado hace apenas un trienio, por razones tecnológicas, de mantenimiento, falta de motivación y otros nudos ceñidos por lo general a la subjetividad humana.

Así, modesta y consagradamente, y de forma casi artesanal, los tuneros aseguran un dulce de leche fluida, muy parecido a la leche condensada.

Para Tomás Díaz Aguilera, al frente ahora de la empresa, está claro que ningún éxito se logra sin el concurso de los hombres y las mujeres. Así, el rescate de una caldera paralizada durante años fue asunto concluido, como también fue posible recuperar el área de refrigeración, montar una máquina fundidora-hiladora para la elaboración de quesos y tecnificar mucho más ese proceso, de modo que hoy el producto final sale sellado o empacado al vacío y no en cubetas, como sucedía antes.

Entre otras novedades, están la puesta en marcha de un pasteurizador, ampliación de capacidades para recibir y tratar la leche, funcionamiento de un homogenizador y de una descremadora que posibilita aprovechar más y mejor los subproductos.

Similar vuelco registra la producción de yogurt. Hasta las ventas para el turismo se habían afectado por problemas en la máquina envasadora de potes. Esperar soluciones de calendas griegas no fue el camino. Por eso ahí está el equipo, ya rediseñado en su base y apto para sellar, además, hasta los envases que por detalles mínimos no podían ser utilizados en otras fábricas cubanas.

Tampoco por casualidad la línea de soya vio ampliada de un buen tirón su capacidad —de 6 300 toneladas a 8 600, al año—: alivio neto para el consumo social, canasta básica y yogurt liberado, además de entregar cresol, aderezo, mayonesa y una especie de crema o pasta conocida como untable natural...

Pero una de las nuevas producciones más atractivas es, sin duda, el dulce de leche fluida (muy parecido a la leche condensada, con sabor a vainilla y a chocolate), cuya elaboración, prácticamente rústica o artesanal, expresa el tesón con que se está trabajando y la conveniencia de aplicar variantes así para aprovechar toda la leche que sea capaz de tributar la ganadería en momentos pico.

De hecho, según afirma Tomás, si años atrás la industria "se ahogaba" frente al arribo de unos 24 000 litros, en estos momentos puede asimilar sin dificultad más de 90 000 y revertirlos en producciones que, si bien todavía son insuficientes, incrementan poco a poco su presencia en el ámbito familiar, en instituciones, organismos, unidades gastronómicas, así como en la red destinada al turismo y a la recaudación de divisas.

 

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