Los comicios generales se harán coincidir con los regionales en
Inglaterra y Gales, dos de los territorios que conforman, junto a
Escocia e Irlanda del Norte, esa nación regida por una monarquía
parlamentaria, nombrada oficialmente Reino Unido.
Las encuestas realizadas recientemente por los principales
diarios y empresas de sondeos de opinión de ese país, desde The
Sunday Times, The Sunday Telegraph,The Guardian,Daily Express y las
empresas consultoras ICM y YouGov, dan como perdedor a Brown,
empeñado en extender los 13 años del laborismo en el gobierno. Pero
Cameron también ha visto esfumarse como pompa de jabón una
importante preferencia después de estar disfrutando durante meses
una ventaja de más de 20 puntos, en la cual mucho tiene que ver la
desconfianza que genera entre los votantes una posible terapia de
choque preconizada por el líder conservador para la alicaída
economía británica. A los electores les infunde temor la era de la
tristemente conocida conservadora Margaret Thatcher, la "Dama de
Hierro", y sus dolorosas políticas monetaristas de privatizaciones y
recortes del gasto público, causantes de masivas huelgas cuando
ocupó el premierato de 1979 a 1990.
The Sunday Time daba como victoriosos a los conservadores sobre
los laboristas por un margen de 37%-33% de aceptación popular, con
un significativo ascenso de los liberaldemócratas de Nick Clegg,
tercera fuerza política, con 17%, formación que a todas luces surge
como el partido-bisagra, al que ya cortejan los "grandes" para
futuras coaliciones con los ojos puestos en la codiciada meta de los
324 escaños, cifra que marca la mayoría absoluta parlamentaria.
Por otro lado, la encuesta del diario Daily Express es más
desventajosa para el partido de gobierno, pues lo da por derrotado
ante sus acérrimos competidores 28%-39%, mientras en The Guardian la
ventaja conservadora oscilaba entre los 4 y 7 puntos.
A pesar de la remontada, no es nada de lo que se pueda
vanagloriar el impopular Brown, considerado desde ya como uno de los
más grises primeros ministros británicos, casi a la par del
desastroso conservador John Major (ocupó el premierato de
1990-1997), quien también intentó infructuosamente alargar la era de
18 años de su partido en el poder.
En este incierto panorama político, la economía prevalece como el
tema fundamental de la campaña y la principal preocupación del
electorado británico, del cual una buena parte no cree en las
promesas de Brown de sacar a Gran Bretaña de su peor recesión
económica en los últimos 60 años.
Adelantándose a la tormenta que se le viene encima y aferrado al
poder, el líder laborista, al ser preguntado en una entrevista en la
radio 4 de la BBC, de si seguirá en su cargo en caso de una derrota
electoral, respondió sin vacilar: "Seguiré".
Pero muchos de sus compatriotas se preguntan, y con razón, qué ha
estado haciendo Brown desde que asumió como jefe de Gobierno el 24
de junio del 2007 en sustitución de su correligionario y antecesor
en el cargo, Anthony Blair.
Solo una cifra es ilustrativa. Según la organización no
gubernamental OXFAM, en el 2008 unas 300 000 personas más se sumaron
al ejército de pobres, estimados hoy en unos 13 millones de
británicos, 20% de la población total.
Otros estudios ubican al actual Reino Unido entre los países más
desiguales del mundo en cuanto a la redistribución de la riqueza
nacional se trata, entiéndase como que los ricos son más ricos y los
pobres son más pobres.
Súmele a ello un abultado déficit fiscal de 12,2% de su Producto
Interno Bruto y 2,46 millones de desempleados, el 7,8% de su
población activa, algo inaudito para la quinta economía mundial.
Brown, cuyo liderazgo es cuestionado en su propio partido y con
el más bajo índice de popularidad de la historia, desde que
empezaron a realizarse las encuestas en 1943, tampoco ha cumplido
con sacar a su país de las impopulares guerras de Iraq y Afganistán.
Sin embargo, los conservadores, aunque van al frente en las
encuestas, no tienen nada seguro ni mejor expediente de gobierno
para mostrar frente a sus oponentes, pues aún pesan sobre ellos el
legado de las aciagas administraciones neoliberales Thatcher-Major.
Y en medio de este reñido panorama electoral se abre cada vez más
espacio, de acuerdo con las encuestadoras, lo que los especialistas
llaman, hung Parliament (Parlamento colgado), sin mayoría
para ninguno de los dos grandes partidos británicos, algo inédito
desde 1974. De suceder exigiría semanas de negociaciones para la
formación de un gobierno relativamente estable, generando enormes
niveles de incertidumbre. Una pesadilla que no desean ni Brown ni
Cameron.