Incierto panorama electoral para laboristas y conservadores

Juan Diego Nusa Peñalver

A menos de un mes de las elecciones generales en Gran Bretaña (6 de mayo próximo), en ese país ni la mejor cábala pudiera decir ahora mismo cuál de los dos grandes partidos tradicionales, el Laborista, del adusto escocés y actual primer ministro Gordon Brown, o el Conservador, del aristocrático y euro escéptico, David Cameron, se harán con la mayoría de los 646 asientos de la Cámara de los Comunes, y por tanto con potestad para formar el gobierno de los próximos cinco años.

A la izquierda David Cameron, líder del Partido Conservador, y a su lado Gordon Brown, primer ministro británico.

Los comicios generales se harán coincidir con los regionales en Inglaterra y Gales, dos de los territorios que conforman, junto a Escocia e Irlanda del Norte, esa nación regida por una monarquía parlamentaria, nombrada oficialmente Reino Unido.

Las encuestas realizadas recientemente por los principales diarios y empresas de sondeos de opinión de ese país, desde The Sunday Times, The Sunday Telegraph,The Guardian,Daily Express y las empresas consultoras ICM y YouGov, dan como perdedor a Brown, empeñado en extender los 13 años del laborismo en el gobierno. Pero Cameron también ha visto esfumarse como pompa de jabón una importante preferencia después de estar disfrutando durante meses una ventaja de más de 20 puntos, en la cual mucho tiene que ver la desconfianza que genera entre los votantes una posible terapia de choque preconizada por el líder conservador para la alicaída economía británica. A los electores les infunde temor la era de la tristemente conocida conservadora Margaret Thatcher, la "Dama de Hierro", y sus dolorosas políticas monetaristas de privatizaciones y recortes del gasto público, causantes de masivas huelgas cuando ocupó el premierato de 1979 a 1990.

The Sunday Time daba como victoriosos a los conservadores sobre los laboristas por un margen de 37%-33% de aceptación popular, con un significativo ascenso de los liberaldemócratas de Nick Clegg, tercera fuerza política, con 17%, formación que a todas luces surge como el partido-bisagra, al que ya cortejan los "grandes" para futuras coaliciones con los ojos puestos en la codiciada meta de los 324 escaños, cifra que marca la mayoría absoluta parlamentaria.

Por otro lado, la encuesta del diario Daily Express es más desventajosa para el partido de gobierno, pues lo da por derrotado ante sus acérrimos competidores 28%-39%, mientras en The Guardian la ventaja conservadora oscilaba entre los 4 y 7 puntos.

A pesar de la remontada, no es nada de lo que se pueda vanagloriar el impopular Brown, considerado desde ya como uno de los más grises primeros ministros británicos, casi a la par del desastroso conservador John Major (ocupó el premierato de 1990-1997), quien también intentó infructuosamente alargar la era de 18 años de su partido en el poder.

En este incierto panorama político, la economía prevalece como el tema fundamental de la campaña y la principal preocupación del electorado británico, del cual una buena parte no cree en las promesas de Brown de sacar a Gran Bretaña de su peor recesión económica en los últimos 60 años.

Adelantándose a la tormenta que se le viene encima y aferrado al poder, el líder laborista, al ser preguntado en una entrevista en la radio 4 de la BBC, de si seguirá en su cargo en caso de una derrota electoral, respondió sin vacilar: "Seguiré".

Pero muchos de sus compatriotas se preguntan, y con razón, qué ha estado haciendo Brown desde que asumió como jefe de Gobierno el 24 de junio del 2007 en sustitución de su correligionario y antecesor en el cargo, Anthony Blair.

Solo una cifra es ilustrativa. Según la organización no gubernamental OXFAM, en el 2008 unas 300 000 personas más se sumaron al ejército de pobres, estimados hoy en unos 13 millones de británicos, 20% de la población total.

Otros estudios ubican al actual Reino Unido entre los países más desiguales del mundo en cuanto a la redistribución de la riqueza nacional se trata, entiéndase como que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres.

Súmele a ello un abultado déficit fiscal de 12,2% de su Producto Interno Bruto y 2,46 millones de desempleados, el 7,8% de su población activa, algo inaudito para la quinta economía mundial.

Brown, cuyo liderazgo es cuestionado en su propio partido y con el más bajo índice de popularidad de la historia, desde que empezaron a realizarse las encuestas en 1943, tampoco ha cumplido con sacar a su país de las impopulares guerras de Iraq y Afganistán.

Sin embargo, los conservadores, aunque van al frente en las encuestas, no tienen nada seguro ni mejor expediente de gobierno para mostrar frente a sus oponentes, pues aún pesan sobre ellos el legado de las aciagas administraciones neoliberales Thatcher-Major.

Y en medio de este reñido panorama electoral se abre cada vez más espacio, de acuerdo con las encuestadoras, lo que los especialistas llaman, hung Parliament (Parlamento colgado), sin mayoría para ninguno de los dos grandes partidos británicos, algo inédito desde 1974. De suceder exigiría semanas de negociaciones para la formación de un gobierno relativamente estable, generando enormes niveles de incertidumbre. Una pesadilla que no desean ni Brown ni Cameron.

 

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