El proceso toma el nombre dado a la investigación instruida por
el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, en febrero del
2009, cuyo fin es desentrañar una presunta red de corrupción
vinculada al PP y encabezada por el empresario Francisco Correa,
cuyo apellido traducido al alemán (Gürtel es cinturón), da nombre al
caso.
Un total de 43,2 millones de euros fueron defraudados al fisco.
Correa y sus compinches lograban, a cambio de favores o dinero,
contratos de servicios a dedo de cargos públicos y ejercían de
intermediarios entre políticos y empresarios en las adjudicaciones
de obras o terrenos.
El zambombazo estalló el martes pasado, tras levantarse el
secreto judicial sobre 291 tomos, que detallan una avalancha de
comisiones ilegales y contratos amañados, atenazando al núcleo
central del PP, que deberá responder por uno de los más graves
escándalos de corrupción conocidos en España, haciendo trizas su
cacareada imagen de incompatibilidad con la corrupción y de
autoproclamado abanderado de un proyecto de regeneración democrática
con el propósito de alcanzar el poder a cualquier precio.
Según la prensa española, Bárcenas recibió al menos 1,3 millones
en comisiones irregulares, como declaró la policía ante el juez. El
sumario describe que el encartado, ¡cuya defensa paga el PP!, cuenta
con un patrimonio de millones de euros, adquirido de forma poco
transparente para las autoridades españolas de Hacienda.
La trama involucra a una decena de administraciones en cuatro
comunidades autónomas a lo largo de más de una década, y toca de
lleno a los gobiernos de Esperanza Aguirre (Madrid) y Francisco
Camps (Comunidad Valenciana). El sumario recoge la supuesta
financiación ilegal del PP valenciano a través de Orange Market, la
firma que dirigía Álvaro Pérez, "El Bigotes". El fiscal del
escabroso proceso pide que se impute por ello a cinco empresarios.
A los populares, encabezados por su augusto presidente, Mariano
Rajoy, de nada les ha valido la estrategia de vilipendiar a los
jueces, fiscales y policías encargados de la investigación durante
los largos meses en los que el sumario del caso Gürtel ha
permanecido bajo secreto. Los hechos que han comenzado a conocerse a
través de su publicación, consolidan la teoría de que el PP se ha
financiado irregularmente, mientras se permitía dar lecciones de
inmaculada moralidad a las otras fuerzas políticas.
Según fuentes periodísticas, los conservadores han reaccionado al
levantamiento del secreto sumarial con la "misma estrategia seguida
durante estos meses, fingiendo ponerse a la cabeza de quienes exigen
que se conozca toda la verdad y comprometiéndose a actuar con
contundencia ante cualquier escándalo futuro. Pero es que no es de
un incierto futuro de lo que trata el sumario, como tampoco de un
pasado remoto, sino de dirigentes populares, algunos con relevantes
cargos electos, que todavía hoy siguen en sus puestos o, peor aún,
colocados a resguardo y protegidos por la dirección del partido".
Analistas consideran que cuando, ante hechos como este, y como
los descritos en el sumario, el PP proclama que quiere conocer toda
la verdad, "lo que está buscando en realidad es eludir su
responsabilidad más inmediata y más ineludible, que consiste en dar
explicaciones políticas sobre cuánto había venido negando y, a
continuación, depurar responsabilidades". ¿Lo hará?
Esperando que amaine el nubarrón, los correligionarios de Rajoy
pueden acariciar la tentación de limitarse a esperar que pase la
tormenta, apoyándose en el hecho de que las encuestas han sugerido
que la corrupción no le pasa factura. Aunque se tratase de una
actitud acertada para sus expectativas electorales, sería
inaceptable desde el punto de vista democrático. Un partido que
llegase al Gobierno con unos problemas de corrupción tan graves como
los que ha revelado el sumario del caso Gürtel, vería
automáticamente hipotecada su acción a los intereses de quienes le
han hecho el trabajo sucio. La voluntad general quedaría bajo la
amenaza de una red de delincuentes y de los dirigentes políticos
que, estando en la oposición, se avinieron a tratar con ellos.