El pelotero, el director… el equipo
Cuántos
niños no sueñan con ser Malleta, Urgellés, Starley, Socarrás (que
casi lo es), Pestano, Freddy Asiel, Leonis, Jonder, Miguel Alfredo,
Abreu, Arias, Yulieski, Cepeda, Ismel, Vera, Olivera, Meriño,
Yorelvis, Vladimir García, Adonis, Southeran o Vismay...
Cuando les vemos lesionados, corriendo o bateando sin importarles
el dolor, lanzándose en una base, aunque el out es casi seguro,
fajarle a una cerca en verdadero reto al peligro, reconocer al rival
o disculparse por un golpe involuntario, sacrificarse o cumplir con
una jugada de bateo y corrido, aun cuando se sabe con más
posibilidades, los aplausos retumban en las gradas.
¿Qué les llega a niños, adolescentes y jóvenes que les seguirán o
ya son sus compañeros de equipo?
Sentimiento de colectivo, de reconocimiento a la afición, de
entrega desinteresada, de valentía, de que no existe rival pequeño,
de fe en la victoria. En otras palabras, tanto que hablamos de
promover valores en la sociedad, el pelotero y sus entrenadores son
transmisores por excelencia.
Cómo olvidar cuando Malleta, justamente elegido el más valioso de
la final, al preguntársele por el rival tras haber ganado el
campeonato, dijo: "ojalá hubiera dos trofeos de campeones, porque
Villa Clara merece uno". ¿No es eso altruismo, modestia, respeto por
el adversario?
Pero cuando irrespetan al contrario, árbitro o a su director;
cuando hacen las jugadas pensando en sí y no en el equipo; cuando no
corren o no se deslizan en la base, entonces el mensaje que llevan
es de individualismo, apatía, desinterés, falta de compañerismo.
El público puede entender un error, porque está en el juego, pero
jamás que un hombre no lo dé todo en el terreno o que llegue mal
preparado al desafío.
Por eso, peloteros y mentores deben prepararse con todo el ahínco
para, desde el primer encuentro de la temporada, brindar un
espectáculo como la final que acabamos de vivir. Y así como el
entrenador enseña la técnica o una jugada táctica, debe también
hablarle a cada uno de sus pupilos sobre lo que representan para
millones que los siguen y si lo hace bien, no lo dude, tendrá un
jugador aún mejor.
Árbitro no es cualquiera
Si
los árbitros comprendieran hasta qué punto una decisión puede hacer
estallar en sentido contrario los sentimientos de más de 50 000
personas en el estadio y de los millones que los ven desde sus
casas, sabrían de la importancia de su preparación, ya no solo
física y teórica, sino también ética e integral para, sin que les
falte la autoridad, poder enfrentar con éxito cualquier
circunstancia del juego.
Tienen que hacer realidad el mandato que les dan las reglas al
situarlos como la máxima autoridad del partido. Pero la autoridad ni
se regala, ni se pide prestada, incluso ni se impone, se gana.
Un oficial que responda con firmeza ante el reclamo de jugadores
o mentores; que se muestre conocedor de los reglamentos; con la
capacidad de admitir, desde su condición humana, que erró; que sea
respetuoso con los deportistas y entrenadores, difícilmente será
ofendido o abucheado.
Han de saber que su veredicto, aunque justo, afecta las
aspiraciones de un jugador, por eso deben decretar con seguridad y
no buscar la reacción del pelotero ni la de su equipo aun, insisto,
cuando haya sido correcta su decisión.
Como los directores, tienen que conocer las características de
los jugadores de uno y otro bandos, hasta sus personalidades y
potencialidades, en aras de prever posibles situaciones; como los
jugadores requieren de disciplina para llegar aptos a cada desafío,
respetando su descanso y garantizándoles las condiciones para ello.
Es decir, árbitro no es cualquiera y en la pelota cubana,
pimentosa, agresiva, en la que cada jugador se entrega por su
camiseta y su público, menos todavía. Los tenemos muy buenos, pero
urge una rigurosa preparación, no de un curso, ni por una sola vez,
sino como esquema de superación, que forme y actualice a distintos
niveles, lo mismo al que se inicia que al establecido. Lo que
proponemos es una actividad académica que al mismo tiempo que
prepare, evalúe, en el aula como labor docente, y en el propio
torneo.
Requerimos de jueces de alta calificación, a la altura de la
pelota que jugamos. Si quedan por debajo, el espectáculo pierde,
aunque lo tengamos preñados de estrellas.
Cada árbitro debe interiorizar que es garante del encuentro, no
protagonista. Una vieja máxima dice que cuando ellos pasan
inadvertidos, han hecho un buen trabajo o lo que es lo mismo, han
dado su jonrón con bases llenas.
La Dirección Nacional de Béisbol más allá de circulares
A
nuestra pelota la distingue algo muy importante y que la hace única,
o casi única: no deciden los dueños porque no tiene dueños, no la
dirige ningún consorcio, sino nosotros mismos y para ello hay un
grupo de especialistas que integran la Dirección Nacional de Béisbol
(DNB), a la que muchos llaman la Comisión. Por suerte también, no
pocos de ellos son glorias de nuestro deporte revolucionario,
queridas por nuestra afición, gente de mucha experiencia entre bolas
y strikes, y que han vivido las emociones del triunfo y la derrota
en el terreno. Saben lo que corre por el cuerpo de cada jugador en
momentos cumbres.
Pero si bien no hay dueños, tampoco hay mercancías, es decir,
dirigen a hombres, y a ellos hay que dirigirlos en contacto directo,
no desde una oficina. La pelota no admite burocratismo, es tan
popular, tan de pueblo, tan cubana, que es imposible verla desde
detrás de un buró.
A los peloteros hay que escucharlos, comprenderlos, incluso,
cuando tomemos decisiones que los afecten. Los jugadores necesitan
tener cerca a quienes les dirigen, más allá de circulares o
indicaciones.
Ni por un momento debe soslayar la DNB, que conduce el buque
insignia del deporte cubano, por demás el más perseguido por los
mercaderes del profesionalismo. Estar a la altura de esa
responsabilidad, es coherencia sobre principios de firmeza,
prudencia y realismo.
Como entidad máxima responsable, la DNB tiene que tener una
imagen más pública, más comunicación con el pueblo, porque este sabe
de pelota y mucho. Tiene que asumir la responsabilidad, por ejemplo
de ir a la TV o a los medios y explicar por qué un calendario se
altera, como sucedió en los playoff. Así evitaría los rumores, que
en pelota son estados de opinión no despreciables.
La calidad del espectáculo es su principal misión y en ese
sentido el tema uniformes ha mejorado, pero el prestigio de nuestra
pelota demanda mejor calidad. jugadores y directivos visten abrigos
del equipo Cuba, Venezuela y con otros atributos, pero pocos del
conjunto de la provincia. ¿Cuál es el problema? Si tuvieran una
prenda de calidad, la lucirían y sería una motivación más. Hay que
acabar también con la presencia en los bancos de personas de civil.
Nada puede estar por encima del juego, las iniciativas tienen las
mejores intenciones, pero que un pelotero o un grupo de ellos se
pongan a bailar con una agrupación musical en medio del juego y nada
menos que en una final, eso no es espectáculo, sino falta de
profesionalidad. Que nuestros mejores músicos estén en la pelota,
honra a todos, a peloteros y aficionados, que hagan una pequeña
presentación igual, pero el partido no debe ser superado por nada y
la DNB no lo puede perder de vista.
Ha de velar por la formación de los directores de equipos en la
Serie Nacional. Así como hablamos de una Escuela de Árbitros, es
vital una de directores, porque mentor tampoco es cualquiera, aunque
haya sido un magnífico jugador y conozca mucho del deporte.
Debe mostrarse segura y firme ante las medidas que toma, no le
puede temblar el pulso ante todo lo que atente contra la pelota,
pues lo que vaya en detrimento de ella, agrede a una población que
respira jit y jonrones.
Tiene que ser enérgica con peloteros que agreden a otros o a los
arbitros; lo mismo que si estos no actúan con la entereza y ética
que se les demanda; exigirles rigor a los directores por la
disciplina de sus jugadores. Una concesión, sea quien sea, siempre
se paga cara, pero en pelota mucho más.
La pelota es de todos
Si
algo es de todos en este país, eso es la pelota, aunque el Instituto
Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER) es el
máximo responsable por su función rectora.
Solo un ejemplo para ilustrar. Conocimos de un encuentro que el
compañero Juan Contino Aslán, Presidente de la Asamblea Provincial
del Poder Popular en Ciudad de La Habana, sostuvo con los jugadores
de Industriales antes del tercer desafío frente a Villa Clara,
cuando los de la capital perdían la serie por 2-0. Les habló de cómo
fueron sorprendidos los expedicionarios del Granma, cómo fueron casi
masacrados en un pequeño cañaveral, hasta quedar unos pocos, que se
encontraron a mediados de diciembre de 1956 en las montañas
orientales. Les dijo que Fidel, con solo doce hombres y siete
fusiles, exclamó: ahora sí ganamos la guerra. Y los
Industriales salieron a ganar su "guerra".
Pongo ese ejemplo, pero sabemos que Secretarios o Secretarias del
Partido, Presidentes o Presidentas de Asambleas Provinciales, no han
dejado de estar con su equipo, de apoyarlos.
Pero creo necesario, en tanto fenómeno social, que la pelota
necesita atención integral. Es incomprensible que un estadio como el
Latinoamericano haya estado apagado toda la temporada, o que en
Ciego de Ávila o La Habana, la afición no pueda respaldar más a su
equipo por falta de capacidad en las gradas. Es cierto que tuvimos
que apretarnos los cinturones con dos reajustes a los planes
económicos del país que impactaron en todas las esferas de gobierno,
pero también es cierto que ambos dejaron claro que son los
organismos los que tienen que identificar dónde invertir. Y si algo
justifica una inversión en deporte, y estos playoff lo dejaron
claro, es en la pelota.
La mayoría de los juegos, el 91% del calendario, se efectuaron
—con el intenso calor— en horas del mediodía, lo cual afecta la
relación trabajo descanso de los jugadores y hasta los horarios de
alimentación, a menos que no se entrenaran. Eso va contra la calidad
del espectáculo, lo mismo en la etapa clasificatoria que en los
playoff. Se jugaba casi a grada vacía, excepto los playoff, etapa en
la cual indudablemente se resintió el cumplimiento de la jornada
laboral.
Claro que estamos en medio de una batalla por la eficiencia
energética y el deporte no es ajeno a ello. Si no encendemos ocho
estadios en la noche el ahorro es grande. Sin embargo ¿son los
estadios la única fuente de ahorro de una provincia o la que el
organismo deportivo puede proponer para no afectar al territorio?
Habría que sacar las cuentas y evaluar cómo se hace para lograrlo
sin sobreconsumo eléctrico.
Con satisfacción, los estadios se vistieron de lujo para los
playoff ¿Cuesta tanto mantenerlos durante toda la temporada, con
servicio al público, tanto gastronómico como de cualquier otra
actividad comercial como souvenirs y literatura deportiva?
La Serie Nacional es para el pueblo y en ese sentido, no
olvidemos lo dicho por nuestro Comandante en Jefe en su Reflexión
Para el Honor Medalla de Oro, cuando expresó sobre lo que
representan los deportistas: "No es posible calcular siquiera el
valor de los servicios recreativos y educativos que a lo largo de su
vida prestan a la nación, en todas las provincias e Isla de la
Juventud".
¿Y los que opinamos?
No podemos exonerarnos los que emitimos juicios o reseñamos la
actividad deportiva. Hemos de contribuir también a una mejor Serie.
La pelota todos y todas la ven, la oyen y la leen, de ahí que
debemos exigirnos certeza, exactitud, hasta dónde hacemos un bien o
un mal con nuestro criterio.
En otras palabras hay que prepararse, y bien, para opinar de
pelota, saber qué le toca al mentor, al jugador, al público y qué a
nosotros.
Y ya que hablamos de opinión, aquí les va una encaminada a
favorecer a la pelota, al pelotero, a la afición, es decir al
espectáculo.
Se ha anunciado un torneo elite, que aún no conocemos su nombre;
dicen que con seis equipos, no sabemos a qué criterios obedecerá la
conformación de esos colectivos; tampoco el número de partidos. Pero
¿habrá algo más grande que la Serie Nacional, incluso después de la
fiesta que acabamos de vivir?
Hay que jugar más, pero buscar algo que intente ser superior al
principal campeonato del país no creo sea la vía. Tras una temporada
tan intensa exigirle al jugador una nueva forma deportiva, está
probado que es agotador y tedioso. Muchos de ellos deben enrolarse
en la preparación y presentación del torneo internacional del año.
Sumarle la cantidad de juegos de ese proyectado torneo a la Serie
Nacional sería mejor. Por ejemplo, si son 45, la temporada tendría
135 partidos y luego los playoff. Para clasificar habría que ganar
por lo menos 65 encuentros, como promedio, lo cual tensaría aún más
la recta final, de manera que tendríamos casi un mes de férrea lucha
por entrar a la postemporada y luego las emociones de playoff.
Además, el llamado torneo elite, supuestamente previsto para el
mes de junio, estaría coincidiendo con el mundial de fútbol, que
nuestra afición es de las pocas que puede disfrutarlo completamente.
Esa es la opinión, no pretendemos unanimidad, en pelota es
imposible.