La pelota es mucho más que una competencia deportiva

Oscar Sánchez Serra (Fotos) Ricardo López Hevia
oscar.ss@granma.cip.cu y ricardo.lh@granma.cip.cu

Fotos: Ricardo López Hevia Para cubanos y cubanas, porque ya ha dejado de ser solo una pasión masculina, el béisbol, o mejor la pelota, como la llamamos, es mucho más que una competencia deportiva.

No me cansaré de repetir que si no la vemos como un fenómeno social a gran escala, que ha sido capaz de signar estados de ánimo, enriquecer nuestra jerga, hasta instalarse como uno de los rasgos distintivos de la identidad nacional, no seremos capaces de comprender la inmensa responsabilidad de cada uno de los que intervienen en ella, por sencillo que sea su rol en el espectáculo más seguido del país.

Pasadas las tensiones del campeonato, les convocamos a pensar en la pelota, sabedores de que todo lo que hagamos en favor de ella es en favor de un pueblo que la ama como pocos y de unos jugadores que, como ninguno, se entregan a ella sin límite. Encaremos el análisis con la vista puesta en la temporada número 50, que por suerte, nos llegará a fines de este propio año.

El pelotero, el director… el equipo

Fotos: Ricardo López HeviaCuántos niños no sueñan con ser Malleta, Urgellés, Starley, Socarrás (que casi lo es), Pestano, Freddy Asiel, Leonis, Jonder, Miguel Alfredo, Abreu, Arias, Yulieski, Cepeda, Ismel, Vera, Olivera, Meriño, Yorelvis, Vladimir García, Adonis, Southeran o Vismay...

Cuando les vemos lesionados, corriendo o bateando sin importarles el dolor, lanzándose en una base, aunque el out es casi seguro, fajarle a una cerca en verdadero reto al peligro, reconocer al rival o disculparse por un golpe involuntario, sacrificarse o cumplir con una jugada de bateo y corrido, aun cuando se sabe con más posibilidades, los aplausos retumban en las gradas.

¿Qué les llega a niños, adolescentes y jóvenes que les seguirán o ya son sus compañeros de equipo?

Sentimiento de colectivo, de reconocimiento a la afición, de entrega desinteresada, de valentía, de que no existe rival pequeño, de fe en la victoria. En otras palabras, tanto que hablamos de promover valores en la sociedad, el pelotero y sus entrenadores son transmisores por excelencia.

Cómo olvidar cuando Malleta, justamente elegido el más valioso de la final, al preguntársele por el rival tras haber ganado el campeonato, dijo: "ojalá hubiera dos trofeos de campeones, porque Villa Clara merece uno". ¿No es eso altruismo, modestia, respeto por el adversario?

Pero cuando irrespetan al contrario, árbitro o a su director; cuando hacen las jugadas pensando en sí y no en el equipo; cuando no corren o no se deslizan en la base, entonces el mensaje que llevan es de individualismo, apatía, desinterés, falta de compañerismo.

El público puede entender un error, porque está en el juego, pero jamás que un hombre no lo dé todo en el terreno o que llegue mal preparado al desafío.

Por eso, peloteros y mentores deben prepararse con todo el ahínco para, desde el primer encuentro de la temporada, brindar un espectáculo como la final que acabamos de vivir. Y así como el entrenador enseña la técnica o una jugada táctica, debe también hablarle a cada uno de sus pupilos sobre lo que representan para millones que los siguen y si lo hace bien, no lo dude, tendrá un jugador aún mejor.

Árbitro no es cualquiera

Fotos: Ricardo López HeviaSi los árbitros comprendieran hasta qué punto una decisión puede hacer estallar en sentido contrario los sentimientos de más de 50 000 personas en el estadio y de los millones que los ven desde sus casas, sabrían de la importancia de su preparación, ya no solo física y teórica, sino también ética e integral para, sin que les falte la autoridad, poder enfrentar con éxito cualquier circunstancia del juego.

Tienen que hacer realidad el mandato que les dan las reglas al situarlos como la máxima autoridad del partido. Pero la autoridad ni se regala, ni se pide prestada, incluso ni se impone, se gana.

Un oficial que responda con firmeza ante el reclamo de jugadores o mentores; que se muestre conocedor de los reglamentos; con la capacidad de admitir, desde su condición humana, que erró; que sea respetuoso con los deportistas y entrenadores, difícilmente será ofendido o abucheado.

Han de saber que su veredicto, aunque justo, afecta las aspiraciones de un jugador, por eso deben decretar con seguridad y no buscar la reacción del pelotero ni la de su equipo aun, insisto, cuando haya sido correcta su decisión.

Como los directores, tienen que conocer las características de los jugadores de uno y otro bandos, hasta sus personalidades y potencialidades, en aras de prever posibles situaciones; como los jugadores requieren de disciplina para llegar aptos a cada desafío, respetando su descanso y garantizándoles las condiciones para ello.

Es decir, árbitro no es cualquiera y en la pelota cubana, pimentosa, agresiva, en la que cada jugador se entrega por su camiseta y su público, menos todavía. Los tenemos muy buenos, pero urge una rigurosa preparación, no de un curso, ni por una sola vez, sino como esquema de superación, que forme y actualice a distintos niveles, lo mismo al que se inicia que al establecido. Lo que proponemos es una actividad académica que al mismo tiempo que prepare, evalúe, en el aula como labor docente, y en el propio torneo.

Requerimos de jueces de alta calificación, a la altura de la pelota que jugamos. Si quedan por debajo, el espectáculo pierde, aunque lo tengamos preñados de estrellas.

Cada árbitro debe interiorizar que es garante del encuentro, no protagonista. Una vieja máxima dice que cuando ellos pasan inadvertidos, han hecho un buen trabajo o lo que es lo mismo, han dado su jonrón con bases llenas.

La Dirección Nacional de Béisbol más allá de circulares

Fotos: Ricardo López HeviaA nuestra pelota la distingue algo muy importante y que la hace única, o casi única: no deciden los dueños porque no tiene dueños, no la dirige ningún consorcio, sino nosotros mismos y para ello hay un grupo de especialistas que integran la Dirección Nacional de Béisbol (DNB), a la que muchos llaman la Comisión. Por suerte también, no pocos de ellos son glorias de nuestro deporte revolucionario, queridas por nuestra afición, gente de mucha experiencia entre bolas y strikes, y que han vivido las emociones del triunfo y la derrota en el terreno. Saben lo que corre por el cuerpo de cada jugador en momentos cumbres.

Pero si bien no hay dueños, tampoco hay mercancías, es decir, dirigen a hombres, y a ellos hay que dirigirlos en contacto directo, no desde una oficina. La pelota no admite burocratismo, es tan popular, tan de pueblo, tan cubana, que es imposible verla desde detrás de un buró.

A los peloteros hay que escucharlos, comprenderlos, incluso, cuando tomemos decisiones que los afecten. Los jugadores necesitan tener cerca a quienes les dirigen, más allá de circulares o indicaciones.

Ni por un momento debe soslayar la DNB, que conduce el buque insignia del deporte cubano, por demás el más perseguido por los mercaderes del profesionalismo. Estar a la altura de esa responsabilidad, es coherencia sobre principios de firmeza, prudencia y realismo.

Como entidad máxima responsable, la DNB tiene que tener una imagen más pública, más comunicación con el pueblo, porque este sabe de pelota y mucho. Tiene que asumir la responsabilidad, por ejemplo de ir a la TV o a los medios y explicar por qué un calendario se altera, como sucedió en los playoff. Así evitaría los rumores, que en pelota son estados de opinión no despreciables.

La calidad del espectáculo es su principal misión y en ese sentido el tema uniformes ha mejorado, pero el prestigio de nuestra pelota demanda mejor calidad. jugadores y directivos visten abrigos del equipo Cuba, Venezuela y con otros atributos, pero pocos del conjunto de la provincia. ¿Cuál es el problema? Si tuvieran una prenda de calidad, la lucirían y sería una motivación más. Hay que acabar también con la presencia en los bancos de personas de civil.

Nada puede estar por encima del juego, las iniciativas tienen las mejores intenciones, pero que un pelotero o un grupo de ellos se pongan a bailar con una agrupación musical en medio del juego y nada menos que en una final, eso no es espectáculo, sino falta de profesionalidad. Que nuestros mejores músicos estén en la pelota, honra a todos, a peloteros y aficionados, que hagan una pequeña presentación igual, pero el partido no debe ser superado por nada y la DNB no lo puede perder de vista.

Ha de velar por la formación de los directores de equipos en la Serie Nacional. Así como hablamos de una Escuela de Árbitros, es vital una de directores, porque mentor tampoco es cualquiera, aunque haya sido un magnífico jugador y conozca mucho del deporte.

Debe mostrarse segura y firme ante las medidas que toma, no le puede temblar el pulso ante todo lo que atente contra la pelota, pues lo que vaya en detrimento de ella, agrede a una población que respira jit y jonrones.

Tiene que ser enérgica con peloteros que agreden a otros o a los arbitros; lo mismo que si estos no actúan con la entereza y ética que se les demanda; exigirles rigor a los directores por la disciplina de sus jugadores. Una concesión, sea quien sea, siempre se paga cara, pero en pelota mucho más.

La pelota es de todos

Fotos: Ricardo López HeviaSi algo es de todos en este país, eso es la pelota, aunque el Instituto Nacional de Deportes Educación Física y Recreación (INDER) es el máximo responsable por su función rectora.

Solo un ejemplo para ilustrar. Conocimos de un encuentro que el compañero Juan Contino Aslán, Presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular en Ciudad de La Habana, sostuvo con los jugadores de Industriales antes del tercer desafío frente a Villa Clara, cuando los de la capital perdían la serie por 2-0. Les habló de cómo fueron sorprendidos los expedicionarios del Granma, cómo fueron casi masacrados en un pequeño cañaveral, hasta quedar unos pocos, que se encontraron a mediados de diciembre de 1956 en las montañas orientales. Les dijo que Fidel, con solo doce hombres y siete fusiles, exclamó: ahora sí ganamos la guerra. Y los Industriales salieron a ganar su "guerra".

Pongo ese ejemplo, pero sabemos que Secretarios o Secretarias del Partido, Presidentes o Presidentas de Asambleas Provinciales, no han dejado de estar con su equipo, de apoyarlos.

Pero creo necesario, en tanto fenómeno social, que la pelota necesita atención integral. Es incomprensible que un estadio como el Latinoamericano haya estado apagado toda la temporada, o que en Ciego de Ávila o La Habana, la afición no pueda respaldar más a su equipo por falta de capacidad en las gradas. Es cierto que tuvimos que apretarnos los cinturones con dos reajustes a los planes económicos del país que impactaron en todas las esferas de gobierno, pero también es cierto que ambos dejaron claro que son los organismos los que tienen que identificar dónde invertir. Y si algo justifica una inversión en deporte, y estos playoff lo dejaron claro, es en la pelota.

La mayoría de los juegos, el 91% del calendario, se efectuaron —con el intenso calor— en horas del mediodía, lo cual afecta la relación trabajo descanso de los jugadores y hasta los horarios de alimentación, a menos que no se entrenaran. Eso va contra la calidad del espectáculo, lo mismo en la etapa clasificatoria que en los playoff. Se jugaba casi a grada vacía, excepto los playoff, etapa en la cual indudablemente se resintió el cumplimiento de la jornada laboral.

Claro que estamos en medio de una batalla por la eficiencia energética y el deporte no es ajeno a ello. Si no encendemos ocho estadios en la noche el ahorro es grande. Sin embargo ¿son los estadios la única fuente de ahorro de una provincia o la que el organismo deportivo puede proponer para no afectar al territorio? Habría que sacar las cuentas y evaluar cómo se hace para lograrlo sin sobreconsumo eléctrico.

Con satisfacción, los estadios se vistieron de lujo para los playoff ¿Cuesta tanto mantenerlos durante toda la temporada, con servicio al público, tanto gastronómico como de cualquier otra actividad comercial como souvenirs y literatura deportiva?

La Serie Nacional es para el pueblo y en ese sentido, no olvidemos lo dicho por nuestro Comandante en Jefe en su Reflexión Para el Honor Medalla de Oro, cuando expresó sobre lo que representan los deportistas: "No es posible calcular siquiera el valor de los servicios recreativos y educativos que a lo largo de su vida prestan a la nación, en todas las provincias e Isla de la Juventud".

¿Y los que opinamos?

No podemos exonerarnos los que emitimos juicios o reseñamos la actividad deportiva. Hemos de contribuir también a una mejor Serie. La pelota todos y todas la ven, la oyen y la leen, de ahí que debemos exigirnos certeza, exactitud, hasta dónde hacemos un bien o un mal con nuestro criterio.

En otras palabras hay que prepararse, y bien, para opinar de pelota, saber qué le toca al mentor, al jugador, al público y qué a nosotros.

Y ya que hablamos de opinión, aquí les va una encaminada a favorecer a la pelota, al pelotero, a la afición, es decir al espectáculo.

Se ha anunciado un torneo elite, que aún no conocemos su nombre; dicen que con seis equipos, no sabemos a qué criterios obedecerá la conformación de esos colectivos; tampoco el número de partidos. Pero ¿habrá algo más grande que la Serie Nacional, incluso después de la fiesta que acabamos de vivir?

Hay que jugar más, pero buscar algo que intente ser superior al principal campeonato del país no creo sea la vía. Tras una temporada tan intensa exigirle al jugador una nueva forma deportiva, está probado que es agotador y tedioso. Muchos de ellos deben enrolarse en la preparación y presentación del torneo internacional del año.

Sumarle la cantidad de juegos de ese proyectado torneo a la Serie Nacional sería mejor. Por ejemplo, si son 45, la temporada tendría 135 partidos y luego los playoff. Para clasificar habría que ganar por lo menos 65 encuentros, como promedio, lo cual tensaría aún más la recta final, de manera que tendríamos casi un mes de férrea lucha por entrar a la postemporada y luego las emociones de playoff.

Además, el llamado torneo elite, supuestamente previsto para el mes de junio, estaría coincidiendo con el mundial de fútbol, que nuestra afición es de las pocas que puede disfrutarlo completamente. Esa es la opinión, no pretendemos unanimidad, en pelota es imposible.

 

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