Para
quien ha dedicado su fecunda vida a la hermosa faena de contar
cuentos, el tiempo, cómplice de la magia, parece no pasar; Haydée
Arteaga, hada de las narraciones orales cubanas, cumple, urdida aún
en la madeja de sus historias, 95 años.
El
homenaje que el Ministerio de Cultura y la UNEAC le han dedicado a
esta cronista de eterna juventud en la sede de esta última
Institución y en el que le fue entregado un diploma firmado por el
ministro Abel Prieto "por su valiosa contribución" a la cultura
cubana, fue espacio para que amigos, intelectuales y artistas
asistieran a la fiesta en la que aún quedando mucho por decir, mucho
se dijo de esta figura clave de nuestra oralidad.
Desde la voz de otro infatigable promotor de la cultura cubana,
Fernando Rodríguez Sosa, las palabras, como auténticos ecos del
pensamiento sincero, dignificaron a esta mujer que es ella misma la
historia, y se deslizaron por la ruta transitada de una vida fértil
y azarosa que ya ha dedicado más de 70 años ininterrumpidos a la
narración oral escénica.
También las voces del dúo Ad Líbitum le regalaron sus melódicas
declamaciones, cuyas palabras, como duendes sonoros, parecían
concebidas exactamente para ella. Escuchar los versos "Hay gente
que con solo abrir la boca/ llega hasta los confines del alma/
alimenta una flor, inventa sueños/ hace cantar al vino en las
tinajas/ y se queda después como si nada. /Y uno se va de novio con
la vida/ desterrando una muerte solitaria/ pues sabe que a la vuelta
de la esquina/ Hay gente, que es así....tan necesaria,
remontaron inevitablemente al auditorio al año 1935, cuando la
señora de los cuentos creó y dirigió el Grupo Artístico Cultural,
obra de manifiesto amor para integrar a los niños de zonas
marginales de La Habana, que se extendió después hacia otros lugares
del país.
La larga carrera de Haydée, concebida siempre en pos de enseñar
el disfrute del arte como alimento imprescindible del alma, hace de
esta juglaresca dama una eminente pedagoga, escritora e incansable
promotora cultural, que aun cuando arriba casi a un siglo de vida,
protagoniza hace ya 30 años, la más creativa de sus historias, al
ser el personaje principal del programa Haydée y los niños, el cual
dirige, y cuya sede se halla en la Casa de la Obra Pía, de la
Oficina del Historiador de la Ciudad.
"Cuando yo no esté —dijo la también Premio Nacional de Cultura
Comunitaria al hacer uso de la palabra, convencida de que muchas
historias le quedan todavía por contar—, quiero que me recuerden
como ahora, amando la vida, porque a la vida hay que amarla para
seguir viviendo."