Raffael
Sonnenschein no baila, pero le gusta ver bailar, y al sentir los
tambores trata de tomar el pulso a los dictados del ritmo. Sin
embargo, cuando un lustro atrás dio los primeros pasos de
Cubamemucho, festival dedicado a la música y el baile cubanos, que
tiene su base principal en Munich, lo hizo bajo los efectos de una
larga meditación sobre lo que para él representa la cultura del país
caribeño en el contexto global de esta época.
"La
cultura musical de tu país —me dice— posee una vocación universal
que se expresa en valores de identidad y resistencia, asimilación y
entrega, tradición y memoria, franqueza y solidaridad; valores, por
cierto, que no abundan en un mundo tan apegado al consumismo y al
olvido. Cubamemucho, en efecto, tiene un obvio componente comercial,
de otro modo sería imposible hacerlo sostenible, pero para mí el
proyecto es una plataforma conceptual, o si lo prefieres, un acto de
fe hacia una cultura que no solo me fascina, sino que pienso es
necesaria".
En marzo tuve la oportunidad de dialogar varias horas con
Sonnenschein, unas veces en medio de la atribulada agenda del
Cubamemucho muniqués; otras al amparo del aire reposado de Ausgburg,
la ciudad bávara donde vive y en la que nació un símbolo de lo mejor
de ese país, Bertolt Brecht.
¿Cómo fue que Cuba entró en tu sangre?
"Todo sucedió después de la caída del muro de Berlín. Estudiaba
Filosofía Política cuando asistí a un proceso que muchos de mis
compatriotas pensaron era el final de un largo viaje. Y no se dieron
cuenta de que comenzaba otro: se exacerbaron los sentimientos
racistas, se acentuó el odio al inmigrante, se estimularon las
pasiones egoístas. Me las arreglé para hacer el servicio social en
Auschwitz y vi cómo los horrores de un campo de concentración eran
vistos como un remoto pasado listo para ser devorado por la amnesia.
Me fui de Alemania por un tiempo; deambulé y trabajé por Rusia y
Canadá, conocí el Caribe. Y en medio de todo ello, de algún modo
recibía noticias de Cuba, de su gente, de cómo la isla nadaba
contracorriente. De regreso a Alemania, entré en contacto con muchas
personas que amaban la música cubana y comencé a amarla yo también.
Visitar Cuba fue como reafirmar mis convicciones."
Entonces, ¿puede decirse que te atrapó la fiebre de la
salsa?
"No lo diría así. Cuando se conoce la música cubana, se observan
diferencias con lo que en Alemania, y Europa en general, se conoce
por salsa. Hablo del baile, donde predominaban los modelos de Nueva
York y Los Ángeles, aún cuando en las presentaciones en vivo sonaran
artistas de la isla. Fue entonces que se me ocurrió una especie de
quijotada: ¿por qué no promover el estilo netamente cubano? Así
comenzó Cubamemucho, por el baile, y luego con la participación de
agrupaciones de primera línea."
De la salsa al son y del son a la rumba. ¿Por qué esa
trayectoria?
"Hay que estar en el barrio de la Marina, en Matanzas, o Cayo
Hueso, en La Habana, para comprender las raíces de una tradición. En
Europa hemos conocido en los últimos años una parte de esta, con
fenómenos como Buenavista Social Club y la Vieja Trova Santiaguera.
Pero cuando uno se detiene en la rumba, se da cuenta de que los
ritmos, las cadencias y los movimientos provienen de esa fuerza
ancestral que se mantiene viva. La rumba no es folclor de museo. Es
una permanente demostración de la idiosincrasia vital del cubano."
¿Crees que la rumba es capaz de conquistar espacios fuera de la
isla?
"De hecho los ha conquistado. Tú mismo acabas de ver el interés
de serbios, letones, irlandeses, australianos, españoles, polacos,
checos y, por supuesto, alemanes por Los Muñequitos de Matanzas. No
es un acercamiento que obedece al gusto que algunos pudieran tener
por lo exótico. Advierto otras motivaciones en esa aproximación."
¿Sientes que has encontrado en estos avatares una vía de
realización?
"Por lo menos estoy transitando un camino coherente con lo que
pienso. Un camino que, estoy seguro, me llevará a seguirme
encontrando con los cubanos y su música. Y que más temprano que
tarde hará que Cubamemucho tenga aunque sea una pequeña parcela en
La Habana, Matanzas o Santiago, que sea netamente cubana. Mientras
tanto, en lo personal, espero este año darme dos gustos: celebrar mi
cumpleaños en Cuba y el 26 de Julio. Pues nací en el mes del
Moncada."