Qué paso más chévere lleva Raffael

Conversación con un alemán convencido del liderazgo de la música cubana

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Raffael Sonnenschein no baila, pero le gusta ver bailar, y al sentir los tambores trata de tomar el pulso a los dictados del ritmo. Sin embargo, cuando un lustro atrás dio los primeros pasos de Cubamemucho, festival dedicado a la música y el baile cubanos, que tiene su base principal en Munich, lo hizo bajo los efectos de una larga meditación sobre lo que para él representa la cultura del país caribeño en el contexto global de esta época.

"La cultura musical de tu país —me dice— posee una vocación universal que se expresa en valores de identidad y resistencia, asimilación y entrega, tradición y memoria, franqueza y solidaridad; valores, por cierto, que no abundan en un mundo tan apegado al consumismo y al olvido. Cubamemucho, en efecto, tiene un obvio componente comercial, de otro modo sería imposible hacerlo sostenible, pero para mí el proyecto es una plataforma conceptual, o si lo prefieres, un acto de fe hacia una cultura que no solo me fascina, sino que pienso es necesaria".

En marzo tuve la oportunidad de dialogar varias horas con Sonnenschein, unas veces en medio de la atribulada agenda del Cubamemucho muniqués; otras al amparo del aire reposado de Ausgburg, la ciudad bávara donde vive y en la que nació un símbolo de lo mejor de ese país, Bertolt Brecht.

¿Cómo fue que Cuba entró en tu sangre?

"Todo sucedió después de la caída del muro de Berlín. Estudiaba Filosofía Política cuando asistí a un proceso que muchos de mis compatriotas pensaron era el final de un largo viaje. Y no se dieron cuenta de que comenzaba otro: se exacerbaron los sentimientos racistas, se acentuó el odio al inmigrante, se estimularon las pasiones egoístas. Me las arreglé para hacer el servicio social en Auschwitz y vi cómo los horrores de un campo de concentración eran vistos como un remoto pasado listo para ser devorado por la amnesia. Me fui de Alemania por un tiempo; deambulé y trabajé por Rusia y Canadá, conocí el Caribe. Y en medio de todo ello, de algún modo recibía noticias de Cuba, de su gente, de cómo la isla nadaba contracorriente. De regreso a Alemania, entré en contacto con muchas personas que amaban la música cubana y comencé a amarla yo también. Visitar Cuba fue como reafirmar mis convicciones."

Entonces, ¿puede decirse que te atrapó la fiebre de la salsa?

"No lo diría así. Cuando se conoce la música cubana, se observan diferencias con lo que en Alemania, y Europa en general, se conoce por salsa. Hablo del baile, donde predominaban los modelos de Nueva York y Los Ángeles, aún cuando en las presentaciones en vivo sonaran artistas de la isla. Fue entonces que se me ocurrió una especie de quijotada: ¿por qué no promover el estilo netamente cubano? Así comenzó Cubamemucho, por el baile, y luego con la participación de agrupaciones de primera línea."

De la salsa al son y del son a la rumba. ¿Por qué esa trayectoria?

"Hay que estar en el barrio de la Marina, en Matanzas, o Cayo Hueso, en La Habana, para comprender las raíces de una tradición. En Europa hemos conocido en los últimos años una parte de esta, con fenómenos como Buenavista Social Club y la Vieja Trova Santiaguera. Pero cuando uno se detiene en la rumba, se da cuenta de que los ritmos, las cadencias y los movimientos provienen de esa fuerza ancestral que se mantiene viva. La rumba no es folclor de museo. Es una permanente demostración de la idiosincrasia vital del cubano."

¿Crees que la rumba es capaz de conquistar espacios fuera de la isla?

"De hecho los ha conquistado. Tú mismo acabas de ver el interés de serbios, letones, irlandeses, australianos, españoles, polacos, checos y, por supuesto, alemanes por Los Muñequitos de Matanzas. No es un acercamiento que obedece al gusto que algunos pudieran tener por lo exótico. Advierto otras motivaciones en esa aproximación."

¿Sientes que has encontrado en estos avatares una vía de realización?

"Por lo menos estoy transitando un camino coherente con lo que pienso. Un camino que, estoy seguro, me llevará a seguirme encontrando con los cubanos y su música. Y que más temprano que tarde hará que Cubamemucho tenga aunque sea una pequeña parcela en La Habana, Matanzas o Santiago, que sea netamente cubana. Mientras tanto, en lo personal, espero este año darme dos gustos: celebrar mi cumpleaños en Cuba y el 26 de Julio. Pues nací en el mes del Moncada."

 

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