En
un siglo donde los cambios climáticos amenazan con acabar con la
especie humana, las guerras continúan demandando millonarias cifras
de dinero, que de emplearse en el medio ambiente o la alimentación,
podría el mundo tener una luz de esperanza.
En este contexto cobra mayor relevancia el acuerdo sobre la
reducción de armas nucleares que firmarán, hoy jueves, en Praga, la
capital de la República Checa, los presidentes Barack Obama y
Dimitri Medvédev, de Estados Unidos y Rusia, respectivamente.
Para el Kremlin el documento significa una transición, a un nivel
más alto, en las acciones conjuntas entre ambos países en lo
referido al de-sarme y la no proliferación.
Una declaración del Gobierno ruso advierte que no hay ventajas
para ninguna de las partes, y por tanto lo esencial es que se logró
un compromiso aceptable y gracias a ello salieron ganando tanto las
relaciones estratégicas bilaterales, como la estabilidad y la
seguridad en general.
El nuevo pacto sustituirá al Tratado de Reducción de Armas
Estratégicas de 1991, que tuvo vigencia hasta el pasado año.
No obstante la plausible firma y el significado que para la
comunidad internacional tiene este hecho, solo la renuncia total a
la arrogancia y a la condición de gendarme mundial que persiste en
la filosofía de Estados Unidos, puede hacer realidad tan
esperanzador acuerdo.
Recordemos que el mismo día que se anunció la fecha de la
rúbrica, la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y el secretario
de Defensa, Robert Gates, advirtieron que no obstante este
compromiso, Estados Unidos mantendrá su plan de instalar misiles
Patriot en varios países cercanos a Rusia como Rumania y Polonia,
entre otros.
Y solo 48 horas antes de suscribir este acuerdo, el pasado día 6,
Estados Unidos anunció que recurriría a las armas nucleares en
situaciones extremas. Es decir, cuando se trate, según la doctrina
nuclear del país publicada en esa misma fecha, "de defender sus
intereses vitales y los de sus aliados".
De acuerdo con estimados del Bulletin of Atomic Scientists,
grupo fundado por los padres de la bomba atómica, Washington cuenta
con 2 200 cabezas nucleares estratégicas, cifra que deberá reducirse
a 1 550 en el marco del nuevo acuerdo START.
Según otra fuente estadounidense, la Federation of American
Scientists, Rusia posee 2 800 de esas cabezas nucleares.
El documento que se firme en Praga limita a 800 el número de
vectores (misiles intercontinentales a bordo de submarinos y
bombarderos) desplegados o no, por cada uno de los dos países.
Es este el escenario —entre luces y sombras—, en el cual se
rubricará el nuevo acuerdo nuclear.