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Florecen los naranjales de Sola
MIGUEL FEBLES HERNÁNDEZ
CAMAGüEY.— Con una
longevidad que rebasa las cuatro décadas, los famosos naranjales de
Sola, en el norteño municipio camagüeyano de Sierra de Cubitas, han
vivido lo suficiente como para contar una historia singular que ha
transitado por momentos de franco esplendor, de agobiante depresión
y de optimista renacer aun en medio de una coyuntura económica nada
favorable.
Desde
la UBPC Cuba-Argentina acudió René Santovenia a apoyar la cosecha de
la naranja en la unidad vecina.
Y es que el cítrico constituye no solo el sustento productivo de
la zona, es también identidad, cultura y tradición, cultivadas a lo
largo de más de un siglo de exquisito y pertinaz laboreo, desde que
grupos de campesinos estadounidenses se asentaron en el lugar para
fundar La Gloria City, y luego otras pequeñas colonias, fruto de un
solapado proyecto anexionista de los vecinos del Norte.
En esas rojísimas tierras se materializó, a partir de los años
70, un floreciente programa de desarrollo y exportación de toronjas
y naranjas, en colaboración con los países del desaparecido campo
socialista, que llegó a explotar cerca de 10 000 hectáreas de
plantaciones e implantar en 1997 un récord de producción ascendente
a 39 200 toneladas.
Múltiples razones convergieron entonces hacia finales de la
pasada centuria, para dar al traste con los loables y nada
desacertados propósitos de consolidar a Sola como uno de los mayores
emporios citrícolas del país: ya para el año 2005 los niveles de
cosecha descendieron hasta las 6 300 toneladas, apenas el 16% de lo
logrado en los mejores tiempos.
La
producción de carbón vegetal se ha convertido en un prometedor
renglón exportable.
Intensas y prolongadas sequías, insuficientes sistemas de riego,
situación fitosanitaria compleja y problemas de índole organizativa,
constituyeron, entre otras, las causas del estancamiento productivo
de la empresa diseñada para llevar adelante el ambicioso proyecto
agrícola.
GANAR EN CREDIBILIDAD Y COMPETITIVIDAD
"Ya nadie hablaba de nosotros y mucho menos creía en nuestros
empeños", —comenta Orestes Reyes Pérez, el director de la entidad,
al referirse a esa etapa, caracterizada por pérdidas económicas y el
deterioro de los principales indicadores de eficiencia, lo cual
provocó que le fuera retirada la posibilidad de aplicar los
principios del perfeccionamiento empresarial.
Poco
a poco se han recuperado las casas de cultivo de la Empresa
Cítricola Sola, fuertemente dañadas por el huracán Ike.
Las cosas, sin embargo, comenzaron a cambiar a partir del 2009,
cuando se asumió un programa de desarrollo alternativo, dirigido no
solo a recuperar y mantener las áreas de cítricos, sino a
diversificar el horizonte productivo de la empresa con el fomento de
fincas de frutales, la ganadería, la reforestación, los vegetales en
casas de cultivo y la producción de carbón.
"Cerramos ese año —añade Orestes— con un patrimonio de 1 860
hectáreas sembradas de cítricos, desglosadas en 254 campos
pertenecientes a seis unidades básicas de producción cooperativa (UBPC)
y 63 de ocho cooperativas de créditos y servicios (CCS), el 60% de
los cuales corresponde a la dulce naranja de Valencia."
Al decir del directivo, dichas plantaciones, que promedian entre
35 y 40 años de explotación, no son tan productivas, pero sí
resistentes a las enfermedades, pues a pesar de presentar una
situación fitosanitaria similar a la de otros complejos citrícolas
del país, en Sola no se han tenido que demoler los sembrados en los
campos por tales razones.
"La estrategia que seguiremos hasta el 2015 —informa Orestes— es
mantener aproximadamente el mismo balance en el cítrico de poco más
de 1 800 hectáreas, solo con un ligero decrecimiento en la toronja y
la ampliación de las plantaciones de limón. Lo importante es
limpiarlas, podarlas y hacerles las curas necesarias para
preservarlas y que ofrezcan sus frutos."
CON EL SELLO DE LA FRUTA ORGÁNICA
Con un solo dato se refleja de manera elocuente el despertar
productivo de la Empresa Citrícola Sola: en los dos primeros meses
del año sus trabajadores recolectaron 5 356 toneladas de toronjas y
naranjas, mientras en similar periodo del calendario precedente,
apenas rebasaron las 3 000.
Lo peculiar es que, de la cifra hasta ahora cosechada, 1 200
toneladas fueron de fruta orgánica, es decir, libre del empleo de
productos químicos en las atenciones culturales, lo que la hace más
competitiva en el mercado internacional, además de tener precios
ventajosos en el proceso de la comercialización.
A modo de ejemplo, Orestes Reyes refiere que en el país solo se
producían 800 toneladas de esa materia prima ecológica, por lo que
la contribución de su entidad significa un sólido paso en el empeño
por ganar credibilidad y reputación dentro del Grupo Empresarial
Frutícola, convencido de que las tierras de Sola pueden aportar
mucho más.
Esa seguridad embarga también a Jorge Ortiz Cruz, administrador
de la UBPC Julio Sanguily, quien con 38 años dedicados a la
actividad citrícola no duda en afirmar que los tiempos que corren,
aunque complejos por la falta de recursos imprescindibles, ofrecen
un aliento esperanzador para el Valle de Cubitas.
Las palabras de Jorge no están dichas para complacer a nadie: se
sustentan en el saldo positivo que en el orden económico presentan
hoy las unidades productivas, incluida la suya, lo cual repercute en
el favorable ambiente de trabajo que se respira en los colectivos
laborales, muchos de los cuales se refuerzan con el retorno a las
plantaciones de experimentados citricultores.
El cierre de la actual campaña, previsto para el 10 de mayo
próximo, constituirá entonces un excelente momento para rendir
merecido culto a los longevos naranjales y a los hombres y mujeres
que los atienden, además de mirar con confianza al futuro desde el
resurgir mismo del Festival del Cítrico, otro símbolo identitario de
los pobladores de la zona. |