Una de esas noches lluviosas en que hacía la guardia cederista
Antero Raciel López Pardo, licenciado en Español y Literatura,
varias veces Vanguardia Nacional de los CDR, y maestro de profesión
desde hace 48 años, pasó revista al andar de su vida.
Yo
lo sabía, pero en verdad vine a ratificar que tuve una niñez difícil
cuando en el año 2001 asistí como invitado al III Congreso de la
Organización de Pioneros José Martí.
Hoy no es que los niños nazcan sabiendo, como dicen muchos por
ahí. La razón es que las escuelas, por muy intrincadas, tienen todo
para aprender: computadoras, televisores, videos y variados
programas y medios de enseñanza que agilizan el aprendizaje. Lo digo
por mis alumnos, que son como una fragua de espíritu.
Al oír hablar a los pequeños delegados, yo comparaba todo con el
transcurso de mi infancia en Cangalito, un batey que ya no existe.
En verdad eran otros tiempos y uno salía del aula para el campo a
ayudar a los padres, porque siempre había bocas hambrientas que los
hijos mayores debíamos ayudar a alimentar.
En el Congreso pioneril me declararon Guía Reparador de Sueños.
Es bien difícil imaginarse 1 200 pequeñuelos en un teatro. Y no solo
eso, ¡qué manera de exponer los criterios, tan sólidos que dejaban
boquiabiertas a las personas mayores!
Antes de llegar a la Escuela Formadora Emergente de Maestros
Primarios, impartí clases en algunos centros rurales en Yumurí, San
Francisco, Limpiones, El Macío, entre otros. También me desempeñé
como director zonal, en 1969.
Pero mi vida no se resume a un aula. Con 17 años fui presidente
de un CDR en La Juanita, un batey que hoy pertenece al municipio de
Ciro Redondo. Después formé otro en Tres Ceibas, y mi esposa Neysa
Navarro, que ya no vive, creó el frente de vigilancia.
Me propuse ser útil donde estuviera. Aunque he participado en
tres congresos de los CDR, eso no me da motivos para vanagloriarme.
Hay que trabajar duro en la base, en la comunidad. Y si tengo la
condición de Vanguardia Nacional en la Vigilancia Popular
Revolucionaria, y la medalla Por la Defensa y la Unidad del Barrio,
se lo debo a mis vecinos. Todo eso me dio fuerza para llegar a ser
coordinador de zona 22 años consecutivos.
Me da gusto vivir en Santo Tomás, una comunidad cercana al lugar
por donde Maceo cruzó la Trocha de Júcaro a Morón, el 29 de
noviembre de 1895.
Lo que he hecho en mi vida es trabajar y trabajar, el mejor
antídoto para las dolencias del cuerpo y el alma.
No me agrada eso de ir pregonando las cosas que hago. Obtener la
réplica del machete de Simón Reyes, una de las mayores distinciones
en la provincia, me sorprendió, pero me hizo pensar que algo he
aportado, porque los demás compañeros que la recibieron son personas
muy destacadas.
Pero bueno, no digo más. Voy a dar un recorrido por la comunidad,
porque en noches lluviosas hay que reforzar la vigilancia.