Si es por Cuba, no me canso de ser trotamundos

Eliades Ochoa puso en alto el son en Oceanía

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Literalmente, Eliades Ochoa acaba de darle la vuelta al orbe. Australia y Nueva Zelanda fueron sus últimas estaciones de marzo. Artista de primera línea en el circuito WOMAD (Festivales de Músicas y Danzas del Mundo), hizo bailar y corear sus temas a unos 10 000 neozelandeses que colmaron la plaza de New Plymouth. Y poco antes, en Adelaide, populosa ciudad meridional australiana, compartió las mieles del éxito con el mítico citarista indio Ravi Shankar.

"No me puedo quejar; donde quiera que voy la gente me pide canciones que se saben de memoria: El cuarto de Tula, Píntate los labios y el Chan chan, de Compay Segundo. Pero también disfrutan otros temas. Yo me digo, si es por Cuba no me canso de ser trotamundos", comentó este recio trovador santiaguero de regreso a casa.

A Ochoa lo identifican con el boom de Buenavista Social Club, alineación que contribuyó a internacionalizar su talento, pero al cabo del tiempo, en carrera personal, ha hecho valer tanto su carisma como la acendrada manera de promover los valores de su tierra. De esa pegada dan fe sus discos en solitario Estoy como nunca y Un guajiro sin fronteras.

El crítico australiano Jeemy Loffer expresó que "Ochoa es un buen ejemplo de lo que puede lograrse cuando la tradición que representa no es cultura muerta, sino algo muy vivo que se enriquece tanto en contacto con las raíces de donde viene como de los nuevos entornos hacia los que va".

En Nueva Zelanda su maestría en las cuerdas pulsadas y la calidez de su canto aligeró la atmósfera de mística austeridad que dejaron en el auditorio los monjes Gyuto, procedentes del Tibet, y las salmodias de la sahariana Mariem Hassam. El fuego de sus interpretaciones, según la crítica, solo fue comparable a las intervenciones del Hypnotic Brass Ensemble, octeto de Chicago que fusiona el jazz, el rock y el hip hop, y de la exultante banda española Ojos de Brujo. La empatía del público con el cubano se debió a "la pasión con que comunica y contagia las melodías y el ritmo", de acuerdo con el criterio de Kim Choe, comentarista de la televisión local.

Tocado con su sombrero negro e investido de una picardía natural, Eliades habla de próximos planes: "En los próximos días estaré en Canadá y espero este año materializar un viejo sueño: hacer un álbum de puros boleros victroleros".

Pero lo que más anhela es que le convoquen para realizar un concierto en la escalinata del Alma Máter habanera. "Yo, que me licencié en la universidad de la calle, quisiera probarme entre los jóvenes universitarios, a ver si me gano el doctorado entre los jóvenes de mi país. Espero proposiciones".

 

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