Literalmente,
Eliades Ochoa acaba de darle la vuelta al orbe. Australia y Nueva
Zelanda fueron sus últimas estaciones de marzo. Artista de primera
línea en el circuito WOMAD (Festivales de Músicas y Danzas del
Mundo), hizo bailar y corear sus temas a unos 10 000 neozelandeses
que colmaron la plaza de New Plymouth. Y poco antes, en Adelaide,
populosa ciudad meridional australiana, compartió las mieles del
éxito con el mítico citarista indio Ravi Shankar.
"No me puedo quejar; donde quiera que voy la gente me pide
canciones que se saben de memoria: El cuarto de Tula,
Píntate los labios y el Chan chan, de Compay Segundo.
Pero también disfrutan otros temas. Yo me digo, si es por Cuba no me
canso de ser trotamundos", comentó este recio trovador santiaguero
de regreso a casa.
A Ochoa lo identifican con el boom de Buenavista Social Club,
alineación que contribuyó a internacionalizar su talento, pero al
cabo del tiempo, en carrera personal, ha hecho valer tanto su
carisma como la acendrada manera de promover los valores de su
tierra. De esa pegada dan fe sus discos en solitario Estoy como
nunca y Un guajiro sin fronteras.
El crítico australiano Jeemy Loffer expresó que "Ochoa es un buen
ejemplo de lo que puede lograrse cuando la tradición que representa
no es cultura muerta, sino algo muy vivo que se enriquece tanto en
contacto con las raíces de donde viene como de los nuevos entornos
hacia los que va".
En Nueva Zelanda su maestría en las cuerdas pulsadas y la calidez
de su canto aligeró la atmósfera de mística austeridad que dejaron
en el auditorio los monjes Gyuto, procedentes del Tibet, y las
salmodias de la sahariana Mariem Hassam. El fuego de sus
interpretaciones, según la crítica, solo fue comparable a las
intervenciones del Hypnotic Brass Ensemble, octeto de Chicago que
fusiona el jazz, el rock y el hip hop, y de la exultante banda
española Ojos de Brujo. La empatía del público con el cubano se
debió a "la pasión con que comunica y contagia las melodías y el
ritmo", de acuerdo con el criterio de Kim Choe, comentarista de la
televisión local.
Tocado con su sombrero negro e investido de una picardía natural,
Eliades habla de próximos planes: "En los próximos días estaré en
Canadá y espero este año materializar un viejo sueño: hacer un álbum
de puros boleros victroleros".
Pero lo que más anhela es que le convoquen para realizar un
concierto en la escalinata del Alma Máter habanera. "Yo, que me
licencié en la universidad de la calle, quisiera probarme entre los
jóvenes universitarios, a ver si me gano el doctorado entre los
jóvenes de mi país. Espero proposiciones".