Con el patronímico de El tormento te toca, la CIA
y la administración Bush bautizaron un método de tortura empleado
contra los reos, que durante años y sin acusación legal alguna,
mantuvieron en la cárcel de la ilegal base de Guantánamo.
Se trata de una simulación de ahogamiento para
"sacar información" a quienes eran acusados de supuestos
terroristas, muchos de ellos llegados a ese campo de tortura en
vuelos secretos de la CIA, que hicieron escalas o se reabastecieron
en capitales europeas y con conocimiento de las autoridades locales.
De esa tenebrosa historia poco o nada dicen los
que acusan a otros países en el tema de derechos humanos.
Pero poco a poco la caja de Pandora se va
abriendo y, por ejemplo, en estos días salió a la luz pública que
Karl Rove, un cercano colaborador del ex presidente estadounidense
George W. Bush, no solo defendió el uso de métodos severos de
interrogación como El tormento te toca, sino que dijo sentirse
orgulloso de los datos de inteligencia obtenidos por Estados Unidos
a través de esa tortura.
El que fuera conocido como el "cerebro de Bush",
Karl Rove, hizo una apología de la tortura en la BBC. Pero, qué
esperar de un hombre que acaba de publicar sus memorias en un libro
en el que define los dos mandatos de Bush como "impresionantes,
duraderos y significativos", para la historia de EE.UU.
Lo que sí está claro es que Rove no es el primer
colaborador de Bush que defiende las torturas, pues antes el ex
vicepresidente, Dick Cheney, lo hizo en múltiples ocasiones.
Ahora, los presos que quedan en la base de
Guantánamo, que el presidente Barack Obama quiere repartir por todo
el mundo, fundamentalmente por Europa, pueden ser verdaderos dedos
acusadores contra quienes inventaron, ordenaron, practicaron y
defendieron torturas como las del ahogamiento. Y también contra
quienes prestaron sus aeropuertos para que aviones de la CIA
cargados de detenidos hicieran escala en sus países.