Se discuten virtudes y defectos de cada uno de los dos equipos.
Razones y sinrazones. Salen a la palestra las imprescindibles
estadísticas, inevitable en el deporte colectivo más rico en
números.
Vayamos a un aspecto de capital importancia en el béisbol, la
ofensiva. El pitcheo es el 75%, pero no se gana sin batear. El
Habana es el mejor ejemplo. Usted puede mantener a su adversario en
cero, sin embargo, tiene que marcar al menos una carrera.
Si de ofensiva se trata, el seleccionado naranja supera a los
azules en lo que va de postemporada. Trescientos diecisiete de
promedio de bateo por 290, 481 el slugging por 416, 421-364 son los
averages respectivos de embasado.
La tropa de Eduardo Martín suma 33 extrabases (de ellos una
docena de jonrones) por 28 los ahijados de Germán Mesa (nueve
cuadrangulares), anota 21 carreras más en la misma cantidad de
partidos, 11, con un superior porcentaje de corredores impulsados en
posición anotadora.
No hay dudas, el ataque de los villaclareños ha sido más
contundente en los cuartos de finales y semifinales. Entonces, surge
una pregunta: ¿se enfrentaron a la misma calidad de pitcheo?
En sus últimas seis salidas, los leones capitalinos se las
tuvieron que ver con el mejor cuerpo de lanzadores de la pelota
cubana. Uno tras uno desfilaron por el montículo cinco serpentineros
que han integrado el equipo Cuba en varias ocasiones: el zurdo
Yulieski González y los derechos Jonder Martínez, Miguel Alfredo
González, Yadier Pedroso (autor de una lechada) y Miguel Lahera, el
hombre que selló la increíble victoria habanista del pasado lunes.
Es lógico que se hayan visto afectados los parámetros ofensivos
de los ahora campeones occidentales. Batear frente a lanzadores con
experiencia internacional, dueños de un repertorio más abundante de
lanzamientos, resulta tarea difícil.
Las estadísticas son siempre reveladoras, sobre todo porque el
béisbol es un deporte de probabilidades. Pero no solo los números
deciden. La realidad del terreno suele ser completamente distinta.
Esperemos a mañana.