Con Maykel Blanco y Tirso Duarte

Los soneros llegaron ya

Pedro de la Hoz, enviado especial
pedro.hg@granma.cip.cu

MUNICH.— El tratamiento contemporáneo del son en la música popular bailable impuso su jerarquía entre los bailadores de más de veinte países que asisten al Festival Cubamemucho, cita ecuménica con la tradición y la actualidad de los sonidos de la isla antillana.

Maykel Blanco, director de Salsamayor.

Su principal promotor, Raffael Sonnenschein, advirtió a los asistentes que colmaron la enorme pista del Eisbach Studio en esta ciudad: "Al que quiera salsa, le daremos son y notarán la diferencia. Una nueva generación de músicos cubanos estará esta noche a su disposición".

Las expectativas fueron sobre- cumplidas. Maykel Blanco y Salsamayor se perfiló como una agrupación carismática no solo por la juventud de sus integrantes, sino también por la profesionalidad con que asumen el rigor de los espectáculos.

Con temas como Anda y pégate, Quitándome lo malo y Recoge y vete, este compositor, arreglista y líder retoma las esencias soneras para devolverlas en un empaque armónico y tímbrico actualizado en plena sintonía con los bailadores.

La actual gira de Maykel por Europa —ya estuvo en Modena y Viena y desde aquí seguirá avanzando por otras ciudades de Suiza, Italia y Francia— está confirmando su anclaje en el público del Viejo Continente, cultivado a lo largo del último lustro.

Aquí en Munich compartió escena con Tirso Duarte, cuya voz responde al canon de los viejos soneros. Los especialistas han hecho notar cómo este cantante, quien estudio piano en los conservatorios Manuel Saumell y Amadeo Roldán y se fogueó con Pachito Alonso, José Luis Cortés y David Calzado, pudiera llenar el vacío de quienes buscan en las más recientes generaciones de músicos cubanos el timbre de los soneros de antaño. En ese mismo camino no pocos identifican a otra voz de lujo, Sixto Llorente, El Indio, ex vocalista de Manolito Simonet.

La pasión desatada por Maykel y Tirso en una larga noche muniquense respondió a un público cada vez más exigente con lo que lleva el sello de lo cubano. No se trata de aficionados de ocasión, sino gente muy bien informada, que están al día acerca de lo que vale y brilla en la isla y viceversa. No compran gato por liebre y aquí las liebres saltaron por encima del listón.

 

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