Historias con ciencia, arte y pasión

Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu

A alguien con tanta Historia en los labios, tantas clases metidas entre los huesos, tanto patriotismo en el alma, le sobran categorías docentes y calificativos: Profesor de Mérito, asesor de la ministra de Educación, autor de libros, Maestro de maestros. Pero Horacio Díaz Pendás prefiere un apelativo mucho más cálido: profe.

Foto: Yaimí RaveloEl profe Horacio Díaz Pendás insiste en que es preciso leer mucha Historia para dominarla y poder narrarla con la emoción necesaria.

Considera a la Historia la más fascinante de las aventuras. Desde su niñez, en Camagüey, tuvo buenos maestros de esa materia. Algunos se la contaban como quien narra una película.

"Con Jorge Enrique Mendoza sentías a la caballería de Ignacio Agramonte. Te emocionabas con lo que decía. Parecía que estabas en el escenario. Hablaba, explicaba y preguntaba. Me acuerdo que todos esperábamos su turno de clase.

"Luego fue capitán del Ejército Rebelde, locutor de Radio Rebelde, director del periódico Granma, presidente del Instituto de Historia de Cuba. Pero yo lo recuerdo como mi maestro de primaria, el que me hacía vivir la Historia".

— ¿Y desde entonces decidió dedicarse a ella?

"Siempre la tuve muy cerca. Mi madre, que era maestra de escuela, también influyó mucho. Me hablaba de Mariana Grajales, de Carlos Manuel de Céspedes, del incendio de Bayamo. Tenía unas cualidades extraordinarias para embelesarte con su relato, y aquello me apasionaba. Ya después, yo pensaba: ‘cuánto me gustaría narrar esas historias de ese modo’. Así me fui aficionando a leerlas, estudiarlas y luego a enseñarlas.

"Por supuesto, durante la carrera volví a disfrutar de muy buenos profesores. Nunca olvidaré las enseñanzas de la doctora Dolores Breuil, formadora de generaciones de profesores, en cuanto al amor por la historia de Cuba.

— ¿Cuáles diría usted que son las claves para la enseñanza de esta asignatura?

"En la propia obra de Martí podemos encontrarlas: el Maestro indica la necesidad de dominar el contenido y conocer cómo son los alumnos; la manera de decir mediante distintos tonos de voz y el uso de la animación; la siembra de ideas para dejar pensando.

"Alude, asimismo, al provecho de recurrir a la construcción colectiva de ideas, al diálogo más que al monólogo; a la utilidad de investigar en el libro de texto, en el museo, un documento o en el diálogo con un participante en un hecho histórico.

"Solo la cultura nos salva. Solo el profundo conocimiento, la correcta preparación, el alejamiento de caminos trillados y maniqueísmos. La historia auténtica nunca podrá enseñarse en blanco y negro, pero los matices los brinda el conocimiento. ¡Cuánto hay que haber leído para decir en media hora una idea clara, científicamente documentada! La enseñanza de la Historia es una síntesis de ciencia, arte y pasión.

"Los alumnos deben percibir que el profesor está convencido de cuanto dice, que lo siente de verdad, pues su temperatura emocional deja huellas en el corazón de los estudiantes. Los que se enfrentan por vez primera al estudio del Pacto del Zanjón y la Protesta de Baraguá necesitan escuchar en detalle lo que ocurrió para comprender la intransigencia de Maceo.

"Cómo aquel hombre que está venciendo en nombre de la independencia, que había derrotado recientemente tropas españolas, va a entender el Pacto y el fin de la guerra. Además, la suya es una posición de principios ante una paz que no significa ni la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud.

"Ese acto de gran trascendencia político moral deja abiertas las puertas para la continuidad de la Revolución. Muestra que en la vida de un revolucionario las ideas en las que crees nunca son negociables.

"No se puede hablar de educación en valores como algo añadido, sino en sus mismas entrañas. Claro, solo puedes extraer tales enseñanzas en la medida que conozcas el contenido. Por eso los maestros tenemos que vivir estudiando.

"De la manera en que se enseñe Historia podemos lograr o no que los alumnos adquieran una cultura que les sirva para la vida.

"Creo en el papel de la memoria histórica, en la forja de los pueblos como temo las nefastas consecuencias que pudiera traer la desmemoria con la que cuentan los enemigos de la nación cubana. De amar las glorias pasadas se sacan fuerzas para adquirir las glorias nuevas.

"Si importante es narrar con emoción, igual lo es que el alumno ejercite su criterio. La historia cumple su misión si contribuye al ejercicio del pensar, a formar mejores personas, a que su contenido llegue al corazón y la inteligencia. Por lo tanto, el diálogo, la polémica, el contrapunteo de opiniones es decisivo en la clase.

—¿Nuestros jóvenes han aprendido más Historia de Cuba con la nueva estrategia de estudiarla en todos los grados?

"Había un vacío de Historia de Cuba en nuestros centros docentes. Cuando el alumno terminaba sexto grado, y entraba a la secundaria, no se volvía a reencontrar con ella hasta llegar a noveno. En séptimo y octavo se estudia algo también importante como la Historia Universal, desde la antigüedad hasta nuestros días. Ahora se implementó que en ambos existan espacios para hablar sobre efemérides de la Historia.

"Digamos que, en octubre, en ese marco denominado Encuentros con la Historia de mi Patria, se estudie qué ocurrió en 1868 en Bayamo, el día 20, mediante diversas actividades. Pudiera ser la lectura comentada de un libro, un diálogo, el dictado de ese contenido, un concurso¼

"No es un curso sistematizado ni una asignatura al modo tradicional, tampoco estudiar Historia por efemérides; sino encuentros con fechas históricas. En décimo hay otra actividad similar, adecuada a este nivel.

"He hablado con maestros y visitado algunos centros. Hay escuelas en que se aprecian avances; claro, de modo desigual. ¿Dónde está la clave? En la preparación. Con el 20 de octubre un maestro puede hacer maravillas, pero solo si está bien documentado.

"Lo mejor de esta estrategia ha sido su aceptación; el magisterio cubano está comprometido con esta idea. El 7 de julio de 1981, en una memorable graduación del Destacamento Pedagógico en el polígono de Ciudad Libertad, Fidel dijo que la autopreparación es la base de la cultura del profesor. Hay que leer. No se puede llegar a querer lo que no se conoce".

 

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