Considera a la Historia la más fascinante de las aventuras. Desde
su niñez, en Camagüey, tuvo buenos maestros de esa materia. Algunos
se la contaban como quien narra una película.
"Con Jorge Enrique Mendoza sentías a la caballería de Ignacio
Agramonte. Te emocionabas con lo que decía. Parecía que estabas en
el escenario. Hablaba, explicaba y preguntaba. Me acuerdo que todos
esperábamos su turno de clase.
"Luego fue capitán del Ejército Rebelde, locutor de Radio
Rebelde, director del periódico Granma, presidente del
Instituto de Historia de Cuba. Pero yo lo recuerdo como mi maestro
de primaria, el que me hacía vivir la Historia".
— ¿Y desde entonces decidió dedicarse a ella?
"Siempre la tuve muy cerca. Mi madre, que era maestra de escuela,
también influyó mucho. Me hablaba de Mariana Grajales, de Carlos
Manuel de Céspedes, del incendio de Bayamo. Tenía unas cualidades
extraordinarias para embelesarte con su relato, y aquello me
apasionaba. Ya después, yo pensaba: ‘cuánto me gustaría narrar esas
historias de ese modo’. Así me fui aficionando a leerlas,
estudiarlas y luego a enseñarlas.
"Por supuesto, durante la carrera volví a disfrutar de muy buenos
profesores. Nunca olvidaré las enseñanzas de la doctora Dolores
Breuil, formadora de generaciones de profesores, en cuanto al amor
por la historia de Cuba.
— ¿Cuáles diría usted que son las claves para la enseñanza de
esta asignatura?
"En la propia obra de Martí podemos encontrarlas: el Maestro
indica la necesidad de dominar el contenido y conocer cómo son los
alumnos; la manera de decir mediante distintos tonos de voz y el uso
de la animación; la siembra de ideas para dejar pensando.
"Alude, asimismo, al provecho de recurrir a la construcción
colectiva de ideas, al diálogo más que al monólogo; a la utilidad de
investigar en el libro de texto, en el museo, un documento o en el
diálogo con un participante en un hecho histórico.
"Solo la cultura nos salva. Solo el profundo conocimiento, la
correcta preparación, el alejamiento de caminos trillados y
maniqueísmos. La historia auténtica nunca podrá enseñarse en blanco
y negro, pero los matices los brinda el conocimiento. ¡Cuánto hay
que haber leído para decir en media hora una idea clara,
científicamente documentada! La enseñanza de la Historia es una
síntesis de ciencia, arte y pasión.
"Los alumnos deben percibir que el profesor está convencido de
cuanto dice, que lo siente de verdad, pues su temperatura emocional
deja huellas en el corazón de los estudiantes. Los que se enfrentan
por vez primera al estudio del Pacto del Zanjón y la Protesta de
Baraguá necesitan escuchar en detalle lo que ocurrió para comprender
la intransigencia de Maceo.
"Cómo aquel hombre que está venciendo en nombre de la
independencia, que había derrotado recientemente tropas españolas,
va a entender el Pacto y el fin de la guerra. Además, la suya es una
posición de principios ante una paz que no significa ni la
independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud.
"Ese acto de gran trascendencia político moral deja abiertas las
puertas para la continuidad de la Revolución. Muestra que en la vida
de un revolucionario las ideas en las que crees nunca son
negociables.
"No se puede hablar de educación en valores como algo añadido,
sino en sus mismas entrañas. Claro, solo puedes extraer tales
enseñanzas en la medida que conozcas el contenido. Por eso los
maestros tenemos que vivir estudiando.
"De la manera en que se enseñe Historia podemos lograr o no que
los alumnos adquieran una cultura que les sirva para la vida.
"Creo en el papel de la memoria histórica, en la forja de los
pueblos como temo las nefastas consecuencias que pudiera traer la
desmemoria con la que cuentan los enemigos de la nación cubana. De
amar las glorias pasadas se sacan fuerzas para adquirir las glorias
nuevas.
"Si importante es narrar con emoción, igual lo es que el alumno
ejercite su criterio. La historia cumple su misión si contribuye al
ejercicio del pensar, a formar mejores personas, a que su contenido
llegue al corazón y la inteligencia. Por lo tanto, el diálogo, la
polémica, el contrapunteo de opiniones es decisivo en la clase.
—¿Nuestros jóvenes han aprendido más Historia de Cuba con la
nueva estrategia de estudiarla en todos los grados?
"Había un vacío de Historia de Cuba en nuestros centros docentes.
Cuando el alumno terminaba sexto grado, y entraba a la secundaria,
no se volvía a reencontrar con ella hasta llegar a noveno. En
séptimo y octavo se estudia algo también importante como la Historia
Universal, desde la antigüedad hasta nuestros días. Ahora se
implementó que en ambos existan espacios para hablar sobre
efemérides de la Historia.
"Digamos que, en octubre, en ese marco denominado Encuentros con
la Historia de mi Patria, se estudie qué ocurrió en 1868 en Bayamo,
el día 20, mediante diversas actividades. Pudiera ser la lectura
comentada de un libro, un diálogo, el dictado de ese contenido, un
concurso¼
"No es un curso sistematizado ni una asignatura al modo
tradicional, tampoco estudiar Historia por efemérides; sino
encuentros con fechas históricas. En décimo hay otra actividad
similar, adecuada a este nivel.
"He hablado con maestros y visitado algunos centros. Hay escuelas
en que se aprecian avances; claro, de modo desigual. ¿Dónde está la
clave? En la preparación. Con el 20 de octubre un maestro puede
hacer maravillas, pero solo si está bien documentado.
"Lo mejor de esta estrategia ha sido su aceptación; el magisterio
cubano está comprometido con esta idea. El 7 de julio de 1981, en
una memorable graduación del Destacamento Pedagógico en el polígono
de Ciudad Libertad, Fidel dijo que la autopreparación es la base de
la cultura del profesor. Hay que leer. No se puede llegar a querer
lo que no se conoce".