Al
fallecer en la ciudad de Guantánamo el cinco de agosto de 1958, el
bardo local Regino E. Boti Barreiro dejó cerca de tres mil poemas
inéditos.
Desde la aparición de su último poemario (Kindergarten) en 1930,
el ilustre intelectual renunció a publicar, asqueado, según confesó,
por la corrupción imperante en la pseudorrepública.
La poesía de Boti Barreiro, al decir de Roberto Fernández Retamar,
fue una de las pocas felicidades de esa época, que se inicia el 20
de mayo de 1902 (proclamación de la llamada República mediatizada),
y cierra el primero de enero de 1959, triunfo de la Revolución.
En exclusiva a la AIN, Regino Rodríguez Boti, nieto y albacea
literario del renovador de la lírica hispanoamericana de principios
del siglo pasado, explicó que esa miríada de versos los copió su
abuelo en hojas escogidas al azar, y se guardan en el archivo
familiar.
Indicó que muchos de esos escritos los incluyó su ascendiente en
La copa de Eros (1921) y Del lado del corazón (1954), obras que
nunca han visto la luz y aguardan por una editorial interesada en
publicarlas.
El primero de ambos poemarios reúne los versos con que Boti
Barreiro cortejó a su futura y única esposa, Caridad León y
Blanco, y el segundo varias elegías a la hija de ambos, Caridad
Mariana Boti León, fallecida en la flor de su juventud, el 15 de
febrero de 1954.
Con el deceso del poeta, historiador y jurisconsulto a los 80
años de edad, más de una decena de libros, un millar de folletos,
cuadernos, en prosa y en verso, y cientos de acuarelas, están aún
sin publicación.
Junto a Kindergarten solo se salvaron de ese olvido editorial
otros cuatro poemarios publicados en vida de quien, 52 años después
de su deceso, sigue siendo el poeta grande cubano más desconocido.
Esos textos se titulan El Mar y la Montaña (1921), La Torre del
Silencio (1926), Kodak-Ensueño (1929) y Arabescos Mentales, cuya
aparición en 1913, inauguró la renovación expresiva en la lírica
hispanoamericana de principios del siglo XX.