Para Haití: una muralla de manos

Madeleine Sautié Rodríguez

Ayiti Cheri, el encuentro al que a una sola voz nos ha convocado esta vez la Casa de las Américas para rendir tributo al hermano pueblo de Haití, estrenó por todo lo alto su velada inicial en la sala Ernesto Guevara, de la Institución.

Y porque Haití necesita hoy más que nunca de la solidaridad humana, todos los convocados acudieron a la cita: las voces de grandísimos muertos pudieron fundirse con las de los presentes para transmitir los más fraternales mensajes a este pueblo que hoy sufre "el más doloroso desastre humano de la historia de nuestro hemisferio".

Con enjundiosos fragmentos de El Reino de este Mundo —la novela donde Carpentier describe "el nada mentido sortilegio de las tierras de Haití"— fue matizándose la sala para ofrecer el ambiente propio del motivo que se abordaría y en la que irrumpiría desde la propia voz de Nicolás Guillén la elegía que el Poeta Nacional compuso para Jacques Roumain, el intelectual haitiano que cantó a su tierra "su rabia de siglos". Alentadoras palabras, como escritas para la ocasión, se distinguían en el texto, que magistralmente terminó de declamar Luis Carbonell: Quema en las manos la esperanza/ (¼ ) la aurora es lenta pero avanza".

La versión coral que de Ayiti Cheri interpreta el coro Orfeón Santiago, dirigido por Electo Silva, la Invocación a Haití y Simparele, de Martha Jean-Claude, y el grupo vocal Daisy Brau Obba-Areannle, con Soleyo y Las palmadas, pusieron la nota musical al recital donde se invocaba a cada momento el nombre del primer país donde se abolió la esclavitud en el mundo.

Un espacio de singular emoción tuvo lugar cuando se hicieron escuchar las intervenciones de ocho Premios Nacionales de Literatura: Roberto Fernández Retamar, Fina García Marruz, Graciela Pogolotti, Pablo Armando Fernández, César López, Jaime Sarusky, Ambrosio Fornet y Miguel Barnet. Desde esas voces acudieron a la gala otros cantores, escritores y poetas que, como el martiniqueño Aimée Cesaire, alzaron, ante otras circunstancias, su palabra de aliento al pueblo de Toussaint de Louverture.

Con la versión del tema Ayiti Cheri de la orquesta de Cámara Música Eterna, dirigida por Guido López Gavilán, se ponía fin a una efusiva jornada que devino continuidad.

"Hasta que Haití lo necesite" decía a Granma refiriéndose a la secuencia de los encuentros Yolanda Wood, directora del Centro de Estudios del Caribe de la Casa y guionista del espectáculo, cuya dirección artística estuvo a cargo de Eugenio Hernández Espinosa, Premio Nacional de Teatro.

"Duele Haití— acotaba Miguel Barnet— porque es un trozo de nuestra piel, porque lo esencial es que la vida valga la pena y que la solidaridad no sea una palabra gastada (¼ ). Porque Haití duele, levantemos una muralla de manos que cure las llagas de la tristeza y que saque de los escombros a un pueblo que encendió hace más de 200 años la llama de la libertad para todo el continente".

 

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